GeorgeDiaz
"Aportando archivos en latino faltantes en la red. Sharing is caring"

Entrevista exclusiva Michael Hirst(Tudors/Vikings)

Entrevista exclusiva Michael Hirst(Tudors/Vikings)




¿Te gusta la historia como a mí? ¿Eres fanático o seguidor de series como los Tudor, Camelot, los Borgia o la famosísima Vikingos?

Entonces disfruta de esta entrevista con su creador, el historiador británico Michael Hirst (que también escribió las películas de Isabel con Cate Blanchett)

Es una traducción que hice con mis propias manos. No es un coppy&paste de ningún sitio. Es mi primer post en Identi y espero que les guste.

Colabórenme con muchos puntos para subir de rango y poder postear. Una ayudita gente.

Introducción:

Muy exitosa fue, sin duda, The Tudors (Showtime, 2007-2010, 38 episodios), ambiciosa coproducción internacional destinada a contar, con todo lujo de detalles y (contrario a lo que muchos críticos piensan) gran fidelidad histórica, la rebuscada existencia de uno de los monarcas más controvertidos de Inglaterra: Enrique VIII. Intriga, sexo, decapitaciones, guerra religiosa y el advenimiento del protestantismo en Inglaterra, todo contado con un presupuesto elevadísimo, un reparto cuidado (Jonathan Rhys Meyers, Natalie Dormer, Henry Cavill, Sarah Volger, Sam Neill, James Frain) y una conexión extraordinaria con el público. La predecesora de "Juego de tronos", "Los Tudor", con su potente sobrecarga de historia, elenco de lujo, sexo, intriga, traición y un ritmo acelerado, capturó audiencias en más de 70 países en 4 temporadas y acercó la historia al gran público. Muchos se llenan la boca criticándola por sus supuestos errores históricos. Pero ¿sabías que los acontecimientos mostrados en la serie son más exactos y cercanos a la realidad de lo que todo el mundo piensa?

Mi interés en la historia inglesa me llevó a descubrir que, salvo unos cambios menores para acelerar la trama, The Tudors es bastante fiel a los hechos históricos ocurridos entre 1518 y 1547. Pero ¿cómo fue que se decidió hacer una serie dedicada totalmente a un tema histórico? ¿Cuáles han sido los méritos para que Los Tudors duraran tanto en la televisión y aún más en la memoria del público? ¿Cuánto de historia de Inglaterra podemos aprender mirando la obra de Michael Hirst, creador de 'Los Borgia' y 'Vikingos'? ¿Por qué se dice que sin “Los Tudors” no existirían series parecidas, incluyendo “Juego de Tronos?

Conoce el detrás de cámaras de esta exitosa serie, que actualmente puedes ver en cable, Netflix o Clarovideo. Me tomó tiempo investigar y traducirla, está interesante y revela muchos datos desconocidos sobre la producción. Si te gustó, ayúdame con muchos puntos. Gracias.

Nota: Algunos de los videos de youtube contienen spoilers (aunque, si sabes historia o has visto la serie antes no lo serán jeje). Los videos los puse a último momento, para animar el post ya que no tengo imágenes. Si quieren leer sólo la entrevista, avísenme y los saco.

Ahora si ¡vamos con la entrevista!

Michael Hirst: El lado humano y emocional de la historia.

Recopilación de entrevistas exclusiva.

Fuente principal de la traducción: Helen Earnshaw (Enero 30, 2012)

Traducción/adaptación: George Díaz.



“Muchos creen que conocen esta historia… pero sólo saben cómo termina.

Para llegar a entender una historia, es necesario volver al principio.”

Michael Hirst es un escritor, productor cinematográfico y especialista en historia inglesa, nacido el 21 de septiembre de 1952 en Bradford, Yorkshire. Pasó algunas décadas estudiando a Henry James en Trinity College y la universidad de Nottingham, donde obtuvo un postgrado en literatura, pero finalmente decidió especializarse en historia. ¿Cómo acaba un licenciado en Historia escribiendo guiones?

Michael Hirst: Fue gracias al director Nicholas Roeg, que me pidió que le escribiera un guión. Me puso El ángel exterminador, de Buñuel, y me dijo: el cine es transformar la realidad. Le hice un primer borrador y lo tiró por la ventana. Así aprendí que en esto uno puede permitirse todo excepto resultar aburrido.

Roeg le abriría las puertas del mundo cinematográfico, donde pronto consiguió el éxito con su críticamente aclamado primer proyecto: Isabel, la reina virgen (Cate Blanchett, 1998). Desde entonces Hirst ha sido estrictamente un escritor especializado en dramas históricos. El reconocimiento mundial le llegó cuando la cadena Showtime le encargó escribir y producir una serie de televisión basada en la vida de Enrique VIII: Los Tudor.



Producida y transmitida por la cadena estadounidense Showtime en asociación con la BBC de Reino Unido, Take 5 Productions de Irlanda y distribuida internacionalmente por Sony Pictures, Los Tudor se sumerge en el reinado de Enrique Tudor y los acontecimientos que marcaron el rumbo de Inglaterra entre 1518 y 1547. La serie fue nominada a 8 premios Emmy (ganando 5) y tres Globos de Oro incluyendo Mejor actor de serie de televisión – Drama y Mejor serie de TV – Drama entre 2008 y 2009.

Hirst habló con nosotros desde su actual casa en Oxfordshire, y se refirió a varios tópicos, incluyendo el proceso de escritura de los Tudor, las dificultades de producir una serie por primera vez y sus pensamientos personales sobre la misma.

-¿Qué es lo que te atrae tanto del drama histórico?

Michael Hirst: Varias cosas. Cuando iba a la escuela, además de los deportes, las únicas materias en las que tenía excelentes calificaciones eran historia y literatura así que, en cierta medida, inteligentemente, las combiné en una misma carrera. Tuve una gran formación académica y de verdad pensé que iba a terminar siendo profesor en la Universidad. Fueron una serie de accidentes los que me convirtieron en guionista, más allá de mi formación académica: la posibilidad de investigar, la lectura, la búsqueda de documentos históricos, me brindan un gran placer y alegría en lo que hago. Y a partir de toda esa lectura y esa investigación y análisis de la época, uno desarrolla personajes, temas e ideas. Por supuesto, para mí estos personajes son reales. Existe un registro histórico y eso es lo que me interesa tanto de ellos. Psicológicamente, nunca he logrado conectar con la fantasía. Me gusta pensar que mi material está basado en la historia y en documentos históricos. Que es sobre cosas reales y gente real. Y aunque no se supone que tenga que tener una finalidad educativa, ya que es un drama, cuando estudiamos a otra gente, gente real del pasado, también podemos aprender algo sobre nosotros mismos.



-Mucha gente se sorprendería al saber que los Tudor es mucho más exacta e históricamente verosímil de lo que se piensa. ¿Cómo definirías la serie en su conjunto?

Hirst: Los Tudor es una exploración humana, emocional y psicológica del reinado, carácter y personalidad del rey Enrique VIII, y las relaciones que mantuvo con las personas que lo rodeaban, sean su familia, sus esposas, tutores, amigos y enemigos. Asimismo, es un análisis cronológico de los acontecimientos más importantes que ocurrieron en Europa durante la primera mitad del siglo XVI, pero no es una biografía ni un documental, sino un drama histórico que la gente puede disfrutar y entender. Siempre busqué la manera sencilla de escribir sobre el tema. No estoy interesado en hacer documentales y no me gusta hacer biografías, ni mostrar a los personajes como piezas de museo.



-Los Tudor ha logrado, con gran fidelidad, acercar la historia al gran público, pero desde la perspectiva emocional de quienes la vivieron, contando detalladamente cómo pensaban y qué sentían. ¿Era esa  tu intención al producir esta serie?

Hirst: Exacto. Las grandes mareas de la historia se dan por las pasiones y las emociones. En este caso, Los Tudor es menos conservadora y un poco más extrema. No somos solo un buen vestuario, las caracterizaciones son de carne y hueso: personas reales, hechos históricos reales. Yo no quiero ser criticado por historiadores que dicen que producciones como 'Los Tudor' son solo un juego; la verdad es que yo lo veo como un acercamiento a la realidad que nunca se ha visto antes.

Ahora, debo decir que, antes de empezar a escribir los guiones, hice una gran cantidad de investigación sobre la época: examiné documentos, tratados, escrituras, poemas… incluso escuché música y canciones escritas durante el reinado de Enrique. Por supuesto, ya conocía esta época porque escribí ‘Isabel: la reina virgen’, pero esto debía ser diferente: había mucha presión por parte de Showtime, porque invirtieron millones de dólares en producirla, y le tenía que gustar al público: La serie la estaba pagando una cadena norteamericana y recordemos que, en esa época, no existía una audiencia especializada a quien le gustara la ficción histórica. Es decir, no había un público listo para consumir este tipo particular de serie, porque cuando le hablas de historia a la gente, muchos piensan que es aburrido o no les interesa. Era todo un reto, debía conseguir que personajes históricos enganchasen al público actual y tenía que conseguirlo porque si no los americanos no lo hubieran visto, a ellos no les interesa la historia.

Así que yo debía encontrar la forma de mantenerme lo más fiel posible a los hechos y hablar sobre temas relevantes de religión y política, contar las vivencias de estas personas, y al mismo tiempo atraer a ese gran público, sin que Los Tudor pareciera un documental o una lección de historia. Por eso, si ves las 4 temporadas en su conjunto, habrás visto una excelente serie de TV, un drama atrapante donde siempre interesa qué pasará en el próximo capítulo. Pero también habrás aprendido un 85-90% de historia de Inglaterra.

-Recibiste muchas críticas por parte de los historiadores sobre la imagen juvenil de Enrique VIII que vemos en Los Tudor. ¿A qué crees que se debe esto?

Hirst: El problema es que todos, sobre todo en mi país, tenemos en la cabeza el retrato del Enrique VIII que pintó Hans Holbein el joven: un Enrique de contextura gruesa, de pecho gigantesco, barba, con 50 años de edad y definitivamente no en su mejor momento. Mucha gente se ofende porque piensa que estoy atacando a esta icónica figura o que estoy mintiendo o inventando cosas, porque todos creemos que Enrique nació como lo vemos en la pintura: obeso y con barba, pero no es así. Antes de su segundo accidente de justas en enero de 1536, el Enrique histórico es descrito por sus contemporáneos como “el príncipe más apuesto de la cristiandad”, recordemos que él subió al trono a los 18 años. Por tanto, era un hombre de proporciones atléticas, gran deportista, joven atractivo, extremadamente culto e inteligente. ¿Qué harías si fueras joven, atractivo y de repente te dieran poder absoluto? Obviamente lo aprovecharías. El problema es que, como dicen, el poder absoluto corrompe completamente, y eso fue exactamente lo que acabó pasando.

Durante las 4 temporadas descubrimos qué hizo Enrique con ese poder: rompió con Roma, se casó 6 veces y acabó volviéndose un monstruo. Enrique empezó su reinado como un príncipe humanista que quería traer paz y justicia, y terminó como un tirano, mórbidamente obeso, permanentemente enojado y paranóico que había matado a 80 mil de sus propios súbditos.



-Pero luego del accidente Enrique sí engordó, y muchos se preguntan por qué Jonathan Rhys Meyers no se puso un traje para parecerse más en las últimas temporadas. Claro, se notaba que envejecía, pero aún era un cincuentón sexy cuando la serie acabó.

Hirst: Bueno, para empezar, la cabeza de Johnny es muy pequeña y si le ponemos un traje se vería ridículo, parecería una broma, perdería toda seriedad y nadie se la hubiese creído. Si Johnny hubiese engordado, habría pasado de ser Enrique el humano, el tirano, el monstruo, a ser Enrique la caricatura disfrazada, y yo no estaba interesado en eso: la serie se centra en el lado humano y emocional, y el público debía observar la psicología de los personajes, su personalidad, mas que centrarse en el aspecto físico o si se parecen o no a las pinturas. El momento en que el público empiece a reírse de Enrique, dejará de ser un monstruo y se volverá el Enrique cómico de Charles Laughton, y esa no era la idea para nada. Pero sí creo que lo envejecimos adecuadamente, porque en el último capítulo, que para mí fue muy triste y doloroso de escribir y grabar, hay una escena con el Enrique joven y se nota bastante el cambio estético. Además, históricamente hablando, Enrique no se volvió monstruosamente obeso hasta los últimos 5 años de su vida.

Ahora, tampoco estoy diciendo que este sea el verdadero Enrique VIII. Este es nuestro Enrique, nuestra idea del rey, de lo que dicen las crónicas. Por eso escribí la escena donde Enrique le pide a Holbein que lo pinte como un personaje majestuoso: la gente tiene que darse cuenta de que, cuando vemos a estas figuras de la era Tudor, mucho de lo que oímos o creemos es propaganda, cómo querían ser vistas.



-Pero ¿por qué una serie sobre Enrique VIII? ¿Cuál fue el origen de este proyecto?

Hirst: En el año 2004, Ben Silverman, un joven ejecutivo de la multicompañía americana CBS, me preguntó si era factible hacer una serie sobre la dinastía Tudor, pero en forma de drama televisivo, con gran producción y visos de telenovela, para una audiencia general norteamericana. Y mi reacción fue reírme y decir: “No… lo que me pides es imposible”, porque no entendí lo que me estaba pidiendo. ¿Convertir la historia en una serie de unitarios telenovelescos? No, habían muchos temas y hechos que se perderían. Además yo nunca había trabajado para TV antes, así que le pregunté: “OK, explícame bien qué quieres decir con eso del drama histórico para un público americano. ¿Me estás diciendo que tengo que poner la historia pero en facilito, y contar sólo lo más superficial y sencillo? Porque eso es imposible para mí”, y él me respondió que no, que aún podía hablar de temas políticamente desafiantes, podía plantear la historia y la reforma tal como sucedió, pero en un formato accesible. Me dijo que me iba a mandar algunas series como ejemplo, para que las viera y entendiera qué es lo que quería.

Y resulta que me mandó muchas temporadas de ‘The West Wing’ y ‘Los Soprano’. Ahí es cuando entendí: quería un drama televisivo, con gran producción, sexo e intriga, entretenimiento de alto nivel, pero donde a la vez pudiéramos hablar sobre temas políticos y construir una trama sólida. Eso era posible. ‘Los Soprano’ contaba la historia de un mafioso que hacía cosas malas, pero la gente se enamoró de él y de su vida familiar. ¿Por qué la gente no habría entonces de enamorarse de Enrique VIII, una persona que hizo cosas peores pero con una vida fascinante, y sobre todo 100% real? Ahí tenía mi historia. Luego empecé el proceso de investigación, me sumergí en el mundo de estas personas y me enamoré, me atraparon totalmente. No podía esperar a escribir el próximo capítulo, ir descubriendo qué hacían estos personajes luego, qué lugares visitaban, cómo reaccionaban. Invertí mucho tiempo conociéndolos y, poco a poco, apareció la historia que quería contar. Y estas personas, tan alejadas de mi tiempo, se volvieron reales.



-¿Has escrito tú solo los 38 episodios de la ser

Hirst: Correcto, sólo yo.

-¿Entonces no hay sala de guionistas ni muchos escritores, sólo tú?

Hirst: Sólo yo, encerrado en mi estudio por las mañanas, con el retrato gigantesco de Enrique VIII al lado. Lo tomé prestado del set de ‘Isabel’, y cuando me siento a escribir y revisar documentos, el mismísimo rey me observa con sus facciones duras e inexpresivas desde su retrato, como retándome a contar su historia. Sé que no suena muy normal, que yo escriba todo solo, pero la verdad no me ha resultado difícil. Al contrario, tienes mucha más libertad de dirigir las cosas cuando no debes lidiar con una habitación llena de egos. Y me encanta, me encanta estar en el set, conversar individualmente con cada uno de los actores sobre su personaje. Tengo más poder que el director, porque cada cosa que se incluye, desde muebles, cubiertos hasta música, la consultan conmigo.



-¿Descubriste algunas cosas interesantes sobre los personajes mientras investigabas?

Hirst: Muchísimas. Por ejemplo: tuve la increíble oportunidad de retratar eventos que jamás habían sido llevados a la pantalla antes, como la reunión entre Enrique VIII y Francisco I en el campo de la tela de oro, que aparece en el segundo episodio. Fue un fastuoso evento para cimentar una alianza que ocurrió entre el 7 y 24 de junio de 1520. Fueron casi 2 semanas donde ambas cortes congeniaron, rivalizaron, y Enrique acabó luchando semidesnudo con Francisco. Muchos creen que yo invento estas cosas pero no, el 90% de lo que ocurre en Los Tudor es verídico, y cuanto más increíble parezca algo, más probabilidades hay de que sea real. Muchas curiosidades las he sacado de notas a pie de página de libros de Historia, que es donde se suele poner lo más jugoso.



Otro ejemplo: para mí, Ana Bolena es una persona trascendental, por su influencia en la reforma protestante, además de todas las cualidades fascinantes que tenía: su inteligencia, la educación múltiple que le permitió moverse en las cortes europeas, la revolución de la moda que provocó al llegar a la corte inglesa, y obviamente todos los cambios que impulsó. Estaba ansioso por empezar a escribir sobre ella, y creí que Catalina de Aragón se iría rápido de mis guiones, que sólo la veríamos por unos cuantos capítulos y se iría en la primera temporada. Por lo que yo recordaba, Catalina no era tan interesante como la vivaz y multifacética Ana. Pero cuando empecé a investigar en los documentos, me encontré con una persona completamente distinta y me obsesioné con ella: Catalina es un personaje muy profundo, una verdadera reina, una mujer extraordinaria que sufrió por el derecho a su matrimonio y a su fe, así que al final, María Doyle Kennedy se quedó con nosotros hasta la segunda temporada.



Pero no son sólo Ana o Catalina; todas las esposas me fascinaron y me enamoraron, cada una a su manera. En el fondo, ‘Los Tudor’ es un extenso tratado sobre el amor y sus consecuencias, porque se centra en las relaciones personales entre hombres y mujeres, las esposas de Enrique pero también sus amantes, hijas, madres, sirvientes, sus creencias y características. Cada mujer es distinta, y creo que Enrique encontró la forma de amar, a su modo, a cada una de ellas mientras envejecía y se transformaba. Esta serie relata esas formas distintas de amar, de estar casado, de divorciarse y de ser feliz. Actualmente, si ya no te gusta tu esposa vas al registro civil y te separas; Enrique VIII les cortaba la cabeza. Es extremo, violento, cruel y dramático. Es historia, es TV de calidad.



-¿Qué condiciones te puso Showtime?

Hirst: Les presenté un piloto en 2004 pero me dejaron colgado, dijeron que no había un público listo para una serie histórica y que lo iban a pensar. Luego, la cadena HBO sacó una serie llamada ‘Roma’ y tuvo éxito; meses después los ejecutivos me llamaron y me pidieron que reescribiera el piloto, pero poniéndole más énfasis a las escenas de violencia y sexo. Sin embargo, dejaron claro que no la producirían si no conseguía que la audiencia se sintiera identificada con los personajes y eso supone acercarlos al presente. Pero eso no significa cambiarlos o convertirlos en algo que no eran, así no se hace una serie histórica. El hecho es entenderlos, entender la época en la que vivieron, su política, creencias, la situación por la que atravesaban, porque son hombres y mujeres tan reales como nosotros. No son piezas de museo o nombres que vivieron hace 500 años; se trata de contar problemas como las diferencias, las reformas institucionales, la corrupción política, el maltrato hacia los más débiles, el engaño, la traición, la venganza, la locura, la crueldad humana; cosas que aún son relevantes y siguen pasando. Por ejemplo: Enrique es un hombre casado con una mujer mayor que no le puede dar hijos y se enamora de una mujer más joven. Esa es una historia que me gusta, porque sigue pasando todos los días. El reto es lograr la máxima audiencia sin traicionar la realidad.



-¿Por qué elegiste a Jonathan Rhys Meyers?

Hirst: Una de las razones por las que Showtime estaba dispuesto a arriesgarse con este proyecto era que el piloto que escribí se ubica en el año 1518, cuando Enrique tenía 27 años. Es decir, la serie empieza con un príncipe apuesto, inseguro, atlético y varonil y su grupo de amigos igual de guapos jugando tenis, compitiendo en justas, bebiendo y cazando. Lo de JRM fue una especie de 'feliz accidente'. Yo sabía que Enrique VIII había sido un hombre joven y guapo (aunque nadie lo supiese), por eso yo quería a un actor joven que no fuera muy, muy conocido y entonces, desde Showtime me comentaron que creían que Johnny podía ser una buena opción. Me enseñaron algunas imágenes de él y acepté la propuesta pensando que podría encajar y ¡ha sido perfecto! Es peligroso, carismático, cuando aparece en pantalla devora la escena. Todos boltean la mirada cuando entra a una habitación, es hermoso y loco y con un montón de demonios internos…justo como el verdadero Enrique. Así que estoy feliz de haber puesto este proyecto en sus manos, en vez de haber repetido el gastado cliché de ‘Oh, aquí viene el gordo, viejo y caricaturesco Enrique VIII’ de anteriores producciones. Claro, al final vemos a un Enrique asesino y tirano, un personaje sanguinario y despreciable, pero en los libretos intenté que siguiera siendo un personaje interesante, que es lo que importa en una serie dramática, tal como pasó con Tony Soprano.



-La religión es un tema siempre presente en la ficción histórica, y cuesta mucho no estereotipar personas, crear clichés o perpetuarlos. ¿Cuál es tu punto de vista sobre la religión y su importancia en ‘Los Tudor’?

Hirst: Como escritor y como persona, la religión es sumamente importante. Siempre me interesó, pero mi punto de vista sobre la religión organizada como institución es muy complejo. Para mí, el aspecto espiritual de la vida necesita ser parte de la experiencia humana de cada persona histórica. Siempre me interesó la reforma protestante y me entusiasmó mucho poder escribir sobre ella, explorar cómo surgió, qué significado tuvo, su impacto en la sociedad y las personas que vivieron en Inglaterra en ese momento: cómo reaccionaron, qué pensaban, por qué la iglesia era criticada, quiénes querían cambiarla por un verdadero deseo de reformar la institución y quiénes por puro interés político. La serie relata un momento crucial en la historia de Inglaterra, a través de personas como Wolsey, Cromwell o la enigmática Ana Bolena y sus creencias.



Cuando escribí "Isabel" y "Los Tudor", me tocó investigar a fondo el choque entre catolicismo y protestantismo, y me dí cuenta de que en Inglaterra casi nadie habla del tema actualmente, porque se ve medio inapropiado que un católico hable de la reforma, y viceversa. En otras palabras, la propaganda de Enrique VIII funcionó: la iglesia católica era corrupta, malvada, codiciosa, y él necesitaba que todos entendieran eso para iniciar la reforma. En la escuela, siempre me enseñaron que la reforma fue algo bueno: que la destrucción del catolicismo en mi país y el triunfo del anglicanismo trajo cosas buenas, nos trajo el glorioso reinado de Isabel, Shakespeare, el progreso y la edad de oro.

Mientras escribía la temporada 3 de los Tudor me encontré con algo que no me enseñaron en el colegio: la peregrinación de gracia, una rebelión católica contra la destrucción de los monasterios, reliquias y la política de Enrique. Yo vengo de Yorkshire, y toda nuestra cultura se encuentra junto a las ruinas de los monasterios que Enrique destruyó. En mi adolescencia, paseé y toqué guitarra junto a las abadías de Bolton y Fountains, lugares que en el siglo XVI eran el centro de la vida social y religiosa. Enrique los destruyó, y una revolución se inició en el norte, en York. Fue algo gigantesco, miles de personas marcharon sobre Londres para enfrentar al rey, y absolutamente ningún director o productor había mostrado eso antes, ni en cine ni en TV. Nadie había retratado el sufrimiento de los católicos, y aunque yo no comparta algunos puntos de vista, era mi deber mostrarlo.

Hoy en día, recibo cartas y correos electrónicos de católicos ingleses agradeciéndome, porque su historia siempre la han escrito los vencedores. El resultado es que somos un país protestante y todos mis colegas que escriben ficción histórica los ponen siempre como los villanos del cuento. Yo intenté balancear un poco el espectro y darle a cada uno la igualdad y el mismo tiempo para expresarse, sin miramientos ni juicios de valor. Porque hay muchas verdades políticas y eventos que vienen justamente de las reformas religiosas y pensamientos espirituales. Eso, para mí, es fundamental cuando escribo una serie histórica.



-Sin embargo, has recibido críticas por ciertas licencias artísticas y decisiones que tomaste para hacer la serie interesante. ¿Cuál fue el proceso de investigación, y cuánto del material es verídico?

Hirst: El primer paso fue recopilar y juntar la mayor cantidad de material histórico posible sobre la época, tanto fuentes primarias como libros académicos. Las notas al pie de página en los libros de historia contienen el mejor material: es información que los historiadores descartan porque no les conviene para ilustrar su idea. Yo examino minuciosamente cada nota, cada poema, pieza de música, porque los datitos más increíbles están ahí. El asunto es que acabé compilando una enorme colección de hechos, anécdotas y características de la corte de Enrique VIII, y de ahí proviene la serie: de las fuentes históricas. No tuve que inventar mucho o tomarme tanta libertad, porque el 90% de lo mostrado en la serie es verdadero. Prefiero que sean las mismas fuentes las que cuenten la historia, en vez de imponer mi punto de vista sobre el material.



-Pero los historiadores y la gente que te critica se fija en el otro 10%, lamentablemente.

Hirst: Sí. Hay un historiador que siempre me ataca, David Starkey. Dice que Los Tudor es papilla para bebés. Él hace una serie de documentales históricos tediosos y bastante tendenciosos, que incluso han sido criticados por la comunidad académica. Es lo que pasa cuando te obsesionas con el tema, al punto de criticar hasta el más mínimo detalle:

Que por qué pongo tanto sexo: Para empezar, el sexo y la violencia fueron un requisito de Showtime. El objetivo durante la primera temporada era atraer audiencia, interesarlos en el tema, y a los ejecutivos no les interesaba mucho el rigor histórico. Sin embargo, yo traté, dentro de la cronología que empieza en 1518, de mantener la mayor fidelidad para con mi material. Uno de los problemas que encontré en este proceso fue la cantidad de información y eventos que sucedieron, y a veces me sentí algo abrumado porque intenté buscar la forma de que todo cupiera en sólo 10 capítulos; ninguno de nosotros sabía si nos iban a renovar la serie para una segunda entrega. Cuando empezamos a grabar, ni siquiera había escrito los episodios 9 y 10. Había tanto material que, para cuando acaba el décimo episodio, la historia sólo ha avanzado hasta 1530. Pero volviendo al sexo, esto no fue cinismo de mi parte: yo quise mostrar que, al contrario de lo que nuestros profes de secundaria nos enseñan, en esa época sí había mucho sexo. Recordemos que las cortes europeas eran manejadas en su mayoría por jóvenes, sirvientes, nobles y cortesanos, gente veinteañera o treintañera, príncipes y princesas adolescentes…todos pensamos que la corte es siempre un lugar lleno de adultos pero no, Enrique tenía 18 cuando subió al trono, Catalina 23, Ana Bolena tenía 21 cuando llegó a la corte. Y aún así hay gente que me dice que no, que Enrique no tenía tantas amantes y que no se desnudaban porque hacía frío en los palacios…¡me parece ridículo! Me enoja mucho que haya gente que desmerece la serie por detalles tan mínimos. Una vez teníamos el público listo, entramos a la segunda temporada y ahí sí pude desarrollar los conflictos políticos con la seriedad del caso. Además, hablamos de un hombre que tuvo seis mujeres y muchísimas amantes. Si no mostrara el sexo estaría mintiendo.



Que Enrique tenía dos hermanas y no una: Hay que entender que, en el proceso de escribir ficción histórica, es necesario condensar, resumir eventos, estirar ciertos argumentos y en ciertos casos cubrir papeles para que la trama tenga fluidez y el interés continúe. Durante mi proceso de investigación, descubrí que ningún director o productor había mostrado a las hermanas de Enrique, María y Margarita, y decidí meterlas desesperadamente en el argumento, ya que me parecen un punto clave en el carácter del rey y su relación con sus allegados. Ahora, al escribir una narrativa, también es necesario tomar decisiones difíciles, como elegir las partes de la historia en que quieres enfocarte, porque no es posible contar cada mínimo detalle en sólo 10 episodios, como algunos erróneamente piensan. En el proceso, tuve que quedarme con sólo una hermana y escogí a María Tudor, la duquesa de Suffolk, porque me daba pie para desarrollar su historia romántica con Henry Cavill (Charles Brandon) que luego desemboca en la turbulenta tragedia de Lady Jane Grey, la reina de los 9 días. Margarita, la hermana mayor de los Tudor, disfrutó de una regencia en Escocia, se casó 3 veces y por supuesto dio origen a la línea de María Estuardo, que en el futuro reclamaría el trono; pero no podía hacer mucho con eso en la primera temporada, no podía jugar con interacciones con Enrique, lo que sí podía hacer con la otra hermana, María: El hecho de que Enrique la usara como moneda de cambio para acabar con las hostilidades anglo-francesas, sólo para enojarse con ella y exiliar de la corte a su mejor amigo me pareció la mar de interesante, pero tuve que arreglar un poco la cronología, porque la serie comienza en 1518 y, de acuerdo a la historia, para ese año ya gobernaba Francisco I, así que no la podía mandar a Francia. Por eso, le cambié el nombre (y le puse Margarita, habían muchas Marías en el libreto) y la mandé a Portugal en 1523, pero la historia es la misma. Cuando estaba en Portugal, me tomé la licencia de hacerla matar al rey, para añadirle más drama. De esta forma, pude contar mas o menos fielmente la historia de María Tudor, su matrimonio con Charles, su decepción, sus problemas y su muerte, sin dañar a la otra hermana de Enrique, la verdadera Margarita de Escocia.



que las carrozas no son como las auténticas…¡Si lo fueran se nos iría todo el presupuesto! ¿Sabes lo difícil que fue conseguir todas las cosas que proponía? No es que yo lo ponga en el libreto y ya se hace, sino el trabajo de producción que hay detrás, el preguntarse ¿cómo voy a conseguir esto? Los Tudor es una producción grande, Showtime invirtió más de 40 millones de dólares en locaciones, gastos de viaje, sets, recreación de la Inglaterra del siglo XVI, los muebles, tapices, altares, cubiertos de plata y porcelana, instrumentos musicales, sin mencionar los casi 2.500 trajes que diseñó Joan Bergin, nuestra vestuarista. Aún así hay muchas limitaciones: cuánto dinero costará, los efectos especiales, cuántos ejércitos puedo mostrar, cuántos extras podemos tener en escena. Por ejemplo: en el piloto que escribí había seis castillos, dos palacios en Francia, Inglaterra, el palacio de Westminster para Enrique y el de Hampton Court para Wolsey…y claro, me comentaron que no teníamos tanto presupuesto. Lo pensé veinte segundos y decidí que se podría hacer todo en un sólo palacio, aprovechando diferentes partes. También tuve que lidiar con la ausencia de algunos actores: Henry Czerny, que interpretaba a Tomás Howard, tercer duque de Norfolk, el tío prepotente de Ana Bolena, nos abandonó luego de la primera temporada. Su ausencia me afectó bastante porque su personaje, al igual que Tomás Bolena, era un ser despreciable, y yo quería retratar el papel que jugó en el futuro de muchos cortesanos, incluyendo la caída de su propia sobrina y de Cromwell, pero lamentablemente se nos fue y tuve que reescribir todo, dándole el papel de Norfolk a otros nobles que estuvieron presentes. Hans Matheson (Tomás Cranmer) sólo se quedó con nosotros una temporada, aunque hubiera sido maravilloso tenerlo hasta el final. Lo mismo pasó con Callum Blue (Tomás Knivert), Alan Van Sprang (Sir Francis Bryan) o el músico Tomás Tallis (Joe Van Moyland) que no apareció en la corte de Enrique sino hasta mucho después, pero cuyas composiciones musicales me atrajeron a incluirlo en la primera temporada.



Pese a esto, jamás me desvié de los hechos históricos como para afectar toda la trama o armar un escándalo, pero a la gente le encanta exagerar, sin saber del sacrificio que debí hacer para mantenerme fiel a la historia y hacerla entretenida. Me da pena porque yo intenté hacer todo lo contrario: que fuera lo más históricamente fiel y exacta posible dentro de mis limitaciones. Nunca sentí como si estuviera cambiando horriblemente la historia o deformando la realidad, como a mucha gente le gusta comentar. La narrativa es una sola y está basada en el material histórico en un 90%: este es Enrique, estas son sus esposas, así pasó la reforma. No estoy cambiando nada. Ahora, tampoco hay que fiarse tanto de los historiadores. Se contradicen continuamente, y muchos son tan arrogantes que no lo reconocen. Yo no sé por qué me atacan cuando ellos y yo hacemos lo mismo: investigar, juntar material y contar una historia en forma cronológica. El problema es que ellos tienen esta imagen icónica de la historia como algo intocable (como Enrique V en la batalla de Agincourt) cuando en realidad la historia es sobre seres humanos, personas reales con problemas reales y así deben ser mostradas.

Aún así, la gente tiene esta idea equivocada de que yo tengo que poner todo exacto y hacer un documental y no es la idea: si me hubieran encargado un documental, estaríamos viendo otra cosa. Por eso, en el final de la serie le dí mucha importancia al pintor Hans Holbein el joven: porque yo soy como Holbein, pintando mi retrato de esta corte, retratándolos con mi pluma de escritor. Todo lo que sabemos sobre ‘Los Tudor’ nos llega a través de las crónicas: cronistas que escribían sobre ellos, pintores que los retrataban como ellos querían ser vistos, documentos de estado, libros que nos dejaron, cartas de embajadores o chismes de corte. Es una amalgama de cosas y puntos de vista, pero no hay una sola verdad universal que no debe tocarse, eso es ridículo. Sólo hay versiones; y como Hans Holbein en el final, este soy yo contando los hechos desde el poco material que tenemos.



-Has tocado un punto interesante, porque si bien dices que no escribes un documental y que la historia cambia según el punto de vista, la licencia artística tiene un límite, y a veces cuando lo cruzas el resultado es nefasto. Me refiero específicamente a trabajos como ‘Wolf Hall’ o ‘La otra Bolena’, que salieron mientras ‘Los Tudor’ estaban al aire, y que muchos toman como hechos ciertos. ¿Qué opinas?

Hirst: Es imposible escribir ficción histórica sin entender la época sobre la que escribes, su política, sistema de creencias o cuán importante eran estas para la gente. Muchos malinterpretan el carácter, emociones, razonamiento y comportamiento de estas personas, y tenemos cosas como ‘La otra Bolena’ o ‘Wolf Hall’. Ambos trabajos están completamente equivocados y mal trazados. Para empezar, Philippa Gregory carece de toda sensibilidad histórica reconocible. ‘La otra Bolena’ es completamente anacrónica: sus personajes son jóvenes de clase media vagando en un ambiente histórico y portándose de forma juvenil, moderna y clasemediera como resultado, en situaciones juveniles, modernas y clasemedieras que no tienen absolutamente nada que ver con los pensamientos o sentimientos de la época.



-¿Te refieres a la rivalidad entre Ana y María?

Hirst: Sí, exacto, Philippa inventó esa rivalidad o desconoce totalmente las circunstancias, sensibilidades y preocupaciones de la época. Para poder escribir ficción de calidad, y más aún ficción histórica, es necesario entender que las personas del pasado son distintas a nosotros, con otras sensibilidades, pero al mismo tiempo siguen siendo personas reales. En otras palabras, ellos creían en cosas que ahora nos parecen inverosímiles, pero entiendes su importancia y a partir de ahí puedes sumergirte y desarrollar tus personajes. No necesitas hacer este esfuerzo enorme para engañar, presentando a Ana Bolena como la compañera de cuarto malvada que chismeaba contigo en la universidad y se robó tu novio por estupideces como una supuesta rivalidad que nunca existió. Esa no es Ana Bolena; Ana fue una mujer real, una mujer de su tiempo, profundamente religiosa, lista, valiente, una mujer que cambió toda una corte y revolucionó perspectivas. Como reformista, sus sensibilidades, pensamientos y sentimientos eran otros, sus intereses, formas de relacionar, todo su comportamiento no era contemporáneo. Pero detrás de eso es una persona real, detrás de eso sigue siendo humana, con defectos y virtudes, pero no la chica desesperada, llorona, malcriada, insensible e incestuosa que nos pintó Gregory.



-¿Y qué hay de Wolf Hall?

Hirst: Bueno…yo creo que es un buen libro, pero nuevamente equivocado en su premisa. Me causa mucha gracia que haya tanta gente acusando a ‘Los Tudor’ de tener errores históricos o acusándome de inventar cosas, cuando yo hice todo lo posible para que la serie fuese totalmente fiel a la historia (dentro de mis obvias limitaciones), al punto de que usé tanto del registro como pude, incorporando frases, conversaciones y diálogos reales que aparecen en las cartas y documentos, frases que dijeron las personas reales. ¡Incluso el suicidio de Wolsey, que es otra de las cosas por las que muchos me atacan, ni siquiera es inventado! No es una licencia o una libertad mía, porque en realidad no sabemos lo que ocurrió. Si mis críticos o los historiadores que me atacan revisaran sus fuentes, descubrirían que Edward Hall, cronista de la época, menciona en su relato de los hechos la posibilidad de que Wolsey sí pudo cometer suicidio. Yo sólo aproveché esa insinuación y la convertí en posibilidad, pero no es algo que me saqué de la cabeza, sino algo que está presente en un documento de la época, una crónica muy completa de la caída de Wolsey.



‘Wolf Hall’, por otro lado, es totalmente inventada. Todo el libro es pura ficción, pero nadie lo dice, nadie lo reconoce. Todos dicen: "Oh, pero qué interesante libro es Wolf Hall, cuánta perspectiva nos da sobre los Tudor…" ¿no te parece extraño?

-Como el hecho de que todos los personajes están ahí para justificar a Cromwell, por ejemplo, incluyendo a Ana Bolena, cuyo retrato es menos que denigrante.

Hirst: ¡Exacto! Mantel intenta reivindicar a Cromwell, a expensas de ensuciar el nombre de Ana Bolena y de otros personajes, que es justo lo que yo no hago con ‘Los Tudor’. Pero la gente no reconoce eso: muchos críticos despreciaron mi interpretación de Ana, diciendo que era una bruja manipuladora, cuando yo no la escribí así. Realmente me sorprendió, era como si no pudieran sacarse el estereotipo de la cabeza para reconocer nuestro trabajo. Y eso también le dolió a Natalie [Dormer] mucho, porque ella puso toda su alma y corazón en interpretarla, pues conocía su historia. Yo quise mostrar que Ana era un ser humano, una joven en una situación horrible y difícil: manipulada por su padre, a merced del rey y las circunstancias; pero también como una mujer increíblemente vivaz, fiera, bella e inteligente, con opiniones y pareceres propios, que intentó ejercer el poco poder femenino que tuvo a favor de sus creencias. Mi objetivo era que la audiencia viviera con ella, a través de ella y, finalmente, para cuando la vieran subir al cadalso, dejasen de juzgarla y la entendieran. Por eso, la escena de ejecución es realmente poderosa y conmovedora…jamás olvidaré el día en que la grabamos. Fue extraordinario. Al terminar, fui a felicitar a Natalie por lo espectacular de su interpretación, y la encontré llorando, emocionada, como movida por la fuerza de la persona real. Me miró y me dijo: “Puedo sentirla Michael…ella está aquí Michael…ella está conmigo.”



-El final de Ana es sin duda trágico y conmovedor. ¿Cuál crees que fue el razonamiento de Enrique para llegar a tal decisión, habiendo amado tanto a Ana como lo hizo?

Hirst: Veamos: Enrique desafió a la iglesia católica basado en una obsesión amorosa, porque en esa época se sentía seguro de lo que hacía, y su amada le había prometido darle un hijo. Pero cuando nació Isabel y Ana tuvo sus dos abortos, creo que el rey empezó a pensar que se había equivocado de forma horrible. Como que eso lo sacó de su enamoramiento y lo trajo de vuelta a la realidad, que es decepcionante e imperfecta, y cuando le tocó enfrentarse a la seriedad del asunto, se puso paranóico y nervioso por lo que había hecho, y le vinieron esas justificaciones raras de que lo habían embrujado y esas tonterías que dijo, lo cual nos prueba lo inmaduro y débil que era. Al mismo tiempo, esto también sacó a relucir su carácter despiadado, heredado de su padre, el rey Enrique VII. Así que en su cabeza ordenó sus traumas psicológicos y se persuadió a sí mismo: “Ah bueno, soy el rey, puedo cambiar y hacer lo que quiera” y se fue en paz a buscarse otra esposa. Y encontró a Jane Seymour: conveniente, inocente, alguien que jamás iba a discutirle nada. Ahora, yo sí pienso que Enrique tuvo que haber tenido una lucha interior consigo mismo, una lucha psicológica y una crisis existencial, una crisis que superó y acabó convirtiéndolo en un hombre peor. Cuando mató a Ana, también mató lo mejor de sí mismo, la única parte buena que le quedaba. Algo profundo cambió en él, sea lo que sea, y eso lo llevó a convertirse en el monstruo cruel que hoy recordamos.



-Mencionaste tu cercanía con Natalie Dormer y el esfuerzo colectivo que ella logró inyectar en ti para hacerle justicia a la verdadera Ana Bolena. ¿Tuviste la misma cercanía con los demás actores?

Hirst: Llegué a formar profundas relaciones con algunos de los actores, sobre todo con Johnny, Natalie y Sarah Volger, que prácticamente creció con nosotros. Algunos estaban más interesados en el tema histórico que otros, y tuvimos largas discusiones y charlas sobre su punto de vista personal, ya que eso me ayudaba también a construir los personajes en los libretos. ‘Los Tudor’ fue mi primera experiencia como productor ejecutivo y creador de una obra, recuerda que durante muchos años trabajé en el cine y ahí las cosas son radicalmente distintas: en el cine, el escritor está demás, porque el que decide es el director.



-Durante tu carrera también has abordado a otra figura importante, Isabel Tudor. ¿Cuál es tu visión personal sobre la hija de Enrique VIII y Ana Bolena, y cómo fue trabajar con el director Shekhar Kapur?

Hirst: Al principio, Kapur no estaba tan interesado en la figura histórica de Isabel, porque él no sabía quién era, así que tanto la película como mi investigación se centraron en eso. Luego de semanas de estar anotando trozos de poesía, frases y registros en un papel, la historia de Isabel finalmente apareció: me dí cuenta de que casi nadie había escrito sobre su vida temprana, sus años juveniles, antes de volverse reina, y las mejores anécdotas, emociones y poemas ocurrieron justo en ese período, antes de volverse el ícono que hoy conocemos. Había un poeta, Tomás Wyatt, que aparece en la película y también en la serie, cuyos sonetos usé en ambos proyectos. Fue un poeta que estuvo enamorado de Ana Bolena y le escribió muchos versos, aunque ella no le correspondió. Enrique Howard, el conde de Surrey que sale en ‘Los Tudor’, el último noble ejecutado por Enrique, también escribió mucha poesía, y justo en el ritmo de los versos y en la cadencia de sus palabras puedes descubrir cómo hablaban las personas en ese tiempo, eso te ayuda a escribir tus diálogos. Los poemas de Wyatt y Surrey me ayudaron mucho a sumergirme en el período.



Trabajar con Shekhar fue agotador porque jamás quedaba satisfecho, y yo tenía que hacer lo que él ordenara porque era el director. Recuerdo que era semana santa, habíamos revisado el libreto como 13 veces y le dije “Oye Shekhar ya basta, tenemos que parar, voy a irme de viaje con mis hijos y mi esposa a Francia, regreso en 10 días” y él me insistía que no, que teníamos que seguir y que no podía tomarme libres ni siquiera los feriados. El asunto es que me fui a Francia, llegamos en la noche y me alojé en mi casa con mi familia. A la mañana siguiente bajé las escaleras, abrí las cortinas ¡y ví a Shekhar Kapur parado en el jardín con el libreto en la mano! Así era el tipo, no me dejaba en paz, aunque somos buenos amigos. Recuerdo que un día mi esposa me dijo: “¿Con quién te casaste Michael, conmigo o con Shekhar?”

Pero lo brillante de todo esto es que él no sabía quién era Isabel, así que no sintió esta necesidad de tratarla con un lente reverencial que tienen todos los directores, muy preocupados por su estatus. Durante el proceso de casting, le ofrecimos el papel a una actriz muy conocida y lo rechazó, diciendo que Glenda Jackson era la única Isabel, y nos dijo que nunca lo haría. Sin embargo, al leer los libros y documentos, me percaté que esta imagen de la reina virgen era una mera creación, una propaganda fabricada por la propia Isabel. Detrás de esa reina existía una mujer con una vida real anterior, una joven enamorada. He ahí el enfoque de la cinta: cómo se volvió un ícono. Recibimos muchas críticas por Isabel así como por los Tudor, aunque mostramos una imagen verídica de una mujer en una situación peligrosa y precaria, con un reino que cimentar. Por eso muchas mujeres hasta hoy se identifican con esa película.



-¿Y aún te gustaría escribir para cine, o te quedas con las series de TV?

Hirst: En el cine el director es Dios. No importa cuán cercano seas a él, nadie quiere al guionista en el set. Si alguien tiene una pregunta, se la hacen al director. En el cine, si te piden que escribas un libreto, lo haces a ciegas, porque no sabes si todo lo que pones en el guion lo van a hacer, si van a respetar cada frase, cada detalle. Pero en una serie de TV, el escritor es Dios y eso me encanta, porque todo lo que escribo se respeta. En ‘Los Tudor’ yo siempre estaba en el set, la gente de vestuario se me acercaba para consultarme si estaban bien los nuevos trajes para Johnny, todos buscaban y respetaban mi opinión, por primera vez en mi carrera.

Ahora, eso no quiere decir que voy a dejar de escribir para cine. De hecho, estoy trabajando en una película sobre María Estuardo, la reina de los escoceses, protagonizada por Saoirse Ronan, que va a ser como la nueva versión de mis películas isabelinas. Pero ya estoy comprometido y casado con las series de TV. En junio de este año empezamos a grabar mi próximo proyecto, por encargo de History Channel de los Estados Unidos. Se llama ‘Vikingos’, ya escribí los libretos y vamos a rodar en Irlanda y Noruega. También estoy escribiendo una serie sobre la escultora Madame Tussauds, otra sobre carreras en los 60 y otra sobre los Beatles.



-¿Sería fácil para ti escribir una serie actual o contemporánea?

Hirst: Creo que no. Quizá suene raro, pero no tengo el interés suficiente en el mundo actual como para escribir sobre él, supongo porque estoy ocupado viviendo. Escribir ficción es una forma de salir de la realidad, y siento que puedo hacer más con las figuras históricas. El filósofo Williams James decía: “Para un recién nacido, el mundo es un gigantesco caos de sonidos y ruidosas sensaciones” y así veo yo el mundo actual. Ahora estoy escribiendo una serie llamada “The drivers”, sobre las carreras de autos en los años 60, y también una futura serie sobre los Beatles, que me acaban de encargar. Son proyectos históricos, pero modernos.




-El final de ‘Los Tudor’ fue conmovedor y sinbólico, aunque Enrique VIII jamás fue alcanzado por la muerte, o por lo menos nunca lo vimos. ¿Cuál es el mensaje final que quisieras que ‘Los Tudor’ dejara para futuras generaciones?

Hirst: Siempre supe que jamás mataría a Enrique, aunque la serie acaba en enero de 1547, en un momento muy cercano a la muerte del Monarca. Tras la última crisis que sufre con Catalina Parr, su sexta esposa, que estuvo a punto de matarla pero finalmente no lo hizo, sólo queda preparar su propia muerte… Y cuando miro a atrás y veo que he pasado junto a él cuatro temporadas cuando yo no creía que pasaría de una, pues creo que dejarlo en ese punto es perfecto. Además, tengo que decir que el último episodio es muy, muy especial y fue un gran reto porque no podíamos decepcionar con el final y yo no quería decepcionar a todos los fans que la han seguido desde el principio.

‘Los Tudor’ es la historia de un reino, la historia de sus habitantes y la historia de una época. Es el retrato de la corrupción de un hombre, de cómo Enrique se volvió un tirano.

Pero, sobre todo, es la historia de la Inglaterra que él heredó, y la Inglaterra que nos dejó al morir. Y para mí, fue un verdadero placer producirla, escribirla y retratarla, como una suerte de Hans Holbein moderno. Así como las pinturas de Holbein muestran su visión personal de la corte, ‘Los Tudor’ es mi lienzo personal, donde muestro mi versión de esta historia. Y, como él, espero que mi trabajo también esté ‘bien hecho’.”



“Cuando comparamos el tiempo de vida del hombre en la Tierra, con aquel que transcurrió en el pasado, nos parecerá tan breve como el paso fugaz de un gorrión, por una sala de banquete, en un día de verano.

El hombre sólo aparece en esta Tierra, por un breve instante, por poco tiempo. Pero de lo que pasó antes de nosotros, o de aquello que vendrá después…no sabemos absolutamente nada.”



Una entrevista épica e informativa.

Me tomó varios días investigar y traducir. Si te gustó, ayúdame con puntos para subir de rango y poder postear.


Michael es un gran escritor e historiador. Todos lo conocen por Vikingos pero para mí los Tudor fue su obra magna, la que más se acercó a los hechos históricos, comparada con otras producciones que sí inventaron y cambiaron muchísimas cosas, hasta la personalidad de los personajes.

Si quieren ver los Tudor completa, @Rizzo tiene las 4 temporadas en dual latino 720p. También subió las otras series de Hirst, como los Borgia y Camelot, y @cris099 tiene Vikingos. O si no, escriban "Tudors" en el buscador de Identi y ahí saldrán. Disfrútenlas.

PD: ¿Alguien me explica cómo colocar separadores paso a paso? Supongo que son los espacios o guiones que separan cada párrafo, pero cuando quise ponerlos no entendí como se hacía. ¿Qué links tengo que buscar? ¿qué imágenes debo conseguir para hacer mis separadores? No tengo idea como se hace.

¡Gracias por pasar!
descargar peliculas - descargar programas
4 Puntos Score: 2/10
Visitas: 261 Favoritos: 1
Ver los usuarios que votaron...
6 Comentarios Entrevista exclusiva Michael Hirst(Tudors/Vikings)
Excelente el aporte si realmente es una traducción propia, lamentablemente no se porque pero la pagina solo me permite dejar 2 puntos si pudiera daria +10
@LordOfKaos Es una traducción totalmente mía, como aclaré al principio del post. Muchos nobatos empiezan poniendo chistes, copiando noticias de otro sitio etc. Yo quise empezar poniendo algo totalmente mío. Es una recopilación de varias entrevistas sobre los Tudor, aunque la fuente principal es un reportaje hecho en 2012, me tomó varios días investigar y traducir. En realidad esto lo hice para un blog ya que me encanta la historia de Inglaterra y las series. Pero decidí postearlo en Identi para ganar puntos, y quise que fuera algo excelente y de calidad para obtener más puntos y poder subir de rango, aunque sea quiero ser starter o full, para de una vez empezar a subir cosas.

Además me encanta la serie y el trabajo de Michael es remarcable, ahora todo el mundo lo entrevista por Vikings pero nadie habla de los Tudor, que para mí es su obra magna.

¿La categoría donde lo puse está bien? porque trata sobre una serie de TV. Quizá debí ponerlo en series pero mi rango me lo impide.

Gracias por los puntos aunque sean poquitos se valora
Totalmente cierto eso de los chistes prefiero aportes como este los post de chistes y noticias me recuerdan al crap de  T la entrevista me la lei toda de un tiron estuvo muy buena todos alaban la interpretación de Travis Fimmel pero sin un gran escritor no hubiesemos tenido este Ragnar complejo y carismatico lo que hace a este señor una rareza es que escribe todo el largo de la serie el solo mientras otras series son grupos de hasta diez personas, eso es talento y lo demás es cuento

Despues de esto tengo que bajar Tudors asi espero la próxima temporada de Vikings gracias por tomarte el tiempo de traducir y compartir por aca  
@LordOfKaos Huy, bájala inmediatamente hermano, Rizzo tiene las 4 temporadas, escribe Tudores en el buscador y las encuentras. Es una serie para vivirla, muy fuerte y, contrario a lo que los inexpertos dicen, bastante fiel a la historia.

Sí, Hirst es grande porque lo hace todo solo. Todas las series y pelis que ha escrito las ha hecho solo. En algunas entrevistas él dice que, por ejemplo, escribir los Tudor fue un poco más sencillo porque hay más documentos, tenemos más cartas y hay unos hechos cronológicos que seguir. En cambio Vikingos fue más difícil porque el tipo tiene que combinar las sagas con la historia real, es más trabajo porque no hay muchos documentos que sobrevivan de esa época.

Lo irónico es que ahora que (spoiler) murió Ragnar, Hirst se llevó a Enrique VIII para ser el nuevo protagonista en la futura quinta temporada, eso promete. JRM es un gran actor, recuerdo cuando hizo Match Point una película espectacular.

Todo el mundo alaba y sobrevalora producciones como Wolf Hall o la otra Bolena, sin saber que deconstruyen la historia y deforman a los personajes históricos, incluso los justifican. Los Tudor es mucho más fiel, balanceada y además cuenta con un elenco de lujo, gente que hoy son estrellas en el cine y la tele. Además los libretos de Hirst, los poemas que incluyó, las frases históricas que usó en los momentos exactos, es una serie bastante épica y poética, como Vikingos. Y ambas fueron hechas por la misma gente (mismo escritor, mismos directores, camarógrafos, mismo equipo de producción)

Un placer charlar, ojalá más usuarios lo valoren y dejen más puntos
Para dejar un comentario Registrate! o.. eres ya usuario? Accede!
Facebook Identi