mitos y leyendas de santiago del estero argentina

  • Categoría: Paranormal
  • Publicado hace más de 7 años
mitos y leyendas
el sachajog
El Sachayoj: es el due?o del monte de Santiago del Estero. Aparece como un hombre vajito, con mucha barba y sombredo aludo. Lleva quirquinchos de todas las clases colgados del cinto. Cuida la selva, es su protector. Evita que se cacen animales y se corten ?rboles, gritando y asustando a la gente. Imita los sonidos de las hachas y cuando un hachero lo oye cree que es su compa?ero, sigue el ruido y se pierde.aSe encuentra en las profundidades de la selva bajo la figura de un hombre. este se alimenta de frutas y animales silvestres y su cuerpo est? cubierto de sajasta o barba del monte.
Su aparici?n es siempre ins?lita, con sus gritos que asemejan los golpes de hacha en el bosque, atrae para distraer al hachero o al melero.?Guay! con aquel que conteste sus gritos o lo siga por la selva, por que es de seguro que no regresa. Existe tambi?n la leyenda de una ind?gena que se llamaba Sacha Mamam o "Madre del Bosque". Una ves el Sach?yoj le grit? a un hombre que llevaba a dos perros a cazar. El atemorizado quedo, y los perros entraron al monte, uno volvi? lastimado y asustado, y del otro no se supo nada m?s. El Sach?yoj es el protector de los ?rboles y productos de la selva. Estas deidades se asemejan a las n?nfasis cl?sicas que se repart?an la protecci?n de las cosas de este mundo.e mundo.
la telesita
Cuenta la leyenda, que hace algunos a?os en el interior de la provincia de Santiago del Estero, hab?a una ni?a llamada Telesita, hu?rfana de sus padres y un poco atormentada busco refugio en el espeso monte, solo se acercaba al pueblo cuando sent?a el sonar de las guitarras u alguna algarab?a de fiesta.
Era all? cuando reaparec?a, sonriente y dispuesta a divertirse bailando hasta el amanecer si fuera posible. Pero una noche de gran alegr?a, muy divertida se encontraba la Telesita entre chacareras y zambas cay? al encendido fuego, donde ardientes llamas consumieron su ra?do vestido y carnes flacas, como estrella fugaz de sus pies descalzos nadie pudo ayudarla encontrando macabra muerte.
Desde entonces, en ?pocas cr?ticas para los campesinos, sin pasto de su hacienda, sin agua para sobrevivir, invocaban al nombre de la Telesita dando en ofrenda un gran baile y banquete, donde el promesante ofrece siete chacareras seguidas y siete copas de cana para alegrar el esp?ritu, el pedido es el alma buena de La Telesita rogando env?e el agua que no tuvo para apagar su cuerpo calcinado, que venga la Telesita en Alma de Reza-baile y junto a ella seguramente viene la lluvia que tanto imploran los montes santiague?os.
la salamanca
El origen de esta leyenda se remonta a los estudiantes de la Universidad de Salamanca en donde se dice los estudiantes se juntaban en cuevas para estudiar, aunque otros se?alan que para hacer brujer?a. As? pas? al Nuevo Mundo y tuvo su propia y folkl?rica mutaci?n. ?Ser? tal vez que los estudiantes se juntaban para profundizar conocimientos, y como sal?an tan sabihondos de la cueva, los envidiosos le endosaban los pactos demon?acos?
En Argentina es una fiesta organizada en honor al macho cabr?o en alg?n socav?n alejado del poblado. En ella se sirven exquisitos manjares y bebidas y se baila y canta hasta la primera luz del amanecer.
En la Salamanca se encuentran brujas, almas condenadas, y demonios de los infiernos. Juan Draghi Lucero nos cuenta varios casos en su imperdible Las mil y una noches argentinas (lectura obligada para el que quiera contar cuentos bien criollos).
Se dice que a la Salamanca pueden ingresar todos aquellos que deseen hacer un pacto con el Diablo o adorarlo. Al ingresar a la cueva se debe besar los cuartos traseros de un carnero y luego entregarse a la org?a.
En las noches suele o?rse el estruendo de la m?sica y carcajadas de los condenados. Si alguien pasa cerca de la Salamanca y no desea ser tentado a ingresar, debe llevar un Rosario en la mano o bien ser un hombre de mucha Fe. La gente que participa de la Salamanca puede estar varios d?as sin dormir y no se les nota el cansancio, adem?s son "agraciados" con algunas virtudes como la ejecuci?n de instrumentos, la capacidad de canto, la oratoria, etc. signos estos caracter?sticos de haber firmado un contrato con el Diablo.
?Un obrero de la zona de Las Bolsas ( Taf? del Valle), sol?a andar de juerga hasta avanzadas horas de la madrugada, y al d?a siguiente iba al trabajo como si hubiera dormido varias horas; con el tiempo empez? a hacer plata y ya todos los compa?eros se pusieron nerviosos, porque ten?a ?xito con las mujeres, y siempre sal?a de noche... hasta una vez nos cont? que ?l le hab?a besado las ancas al carnero en una zanja de La Quebradita (Taf? del Valle)... un d?a no volvi? a la obra y apareci? con casa nueva, hab?a dejado el trabajo pero segu?a con mucha plata... casi no envejec?a, pero algo raro pas? porque lo encontraron colgado del horc?n de su casa?, relato de un viejo operador de vialidad de la zona del Infiernillo, Taf? del Valle, que pidi? reserva para su nombre.
Alba Omil en su trabajo Lo demon?aco en los mitos del Noroeste Argentino (un libro sumamente entretenido) relata los pasos que se siguen para hacerse salamanquero:
- Iniciaci?n: muchas veces relacionado con temas ?cochinos?. Es el primer contacto con el entorno salamanquero.
- Primer grado: renegar de la fe y desnudarse
- Segundo grado: besar la boca de un sapo
- Tercer grado: la presencia de la v?bora, para algunos negra, para otros peluda, pero siempre libidinosa.
- Cuarto grado: la parte quiz? que m?s susto produce, el encuentro con el carnero, o macho cabr?o, al que hay que darle un beso en las ancas (beso infame).
- Quinto grado: el tropel de los muertos, donde se aparecen los difuntos seres queridos.
- Sexto grado: la muerte de un ser querido. De este modo se hace manifiesta la pertenencia al demonio.
- S?ptimo grado: el banquete. A modo de festejo se arma una gran comilona regada con mucho alcohol.
Siempre, al menos en los relatos vallistos, existi? una ?ntima relaci?n entre salamancas y ?ranchos del ahorcado?, en ese entorno se escucharon relatos de grandes domadores, taberos, guitarreros o violinistos (se usa ?ste t?rmino en vez de violinistas) que terminaron sus d?as colgados con un lazo en el rancho o en un ?rbol cercano y el papel firmado con la entrega de su alma. En el segundo sombra existe un cuento titulado ?Miseria? que pinta la situaci?n en forma jocosa.
Elena Bossi, en su Seres m?gicos que habitan en la Argentina, hace un mapa del pa?s con las diversas salamancas que se suponen hay en las provincias.
el supay
En nuestra tradici?n, Supay es el genio del mal. Es conocido desde la civilizaci?n de los Incas y se lo relaciona con las brujas y  la Salamanca (especie de Academia donde se ense?an c?tedras diab?licas).
El Supay es muy temido y tiene una singular capacidad metamorf?sica, es decir adopta distintas formas para manifestarse.
Puede aparecerse como un viento llamado Huayra Muyoj, originado en el choque de dos corrientes de aire que promueven un remolino, el que pareciera venir desde la espesura del monte atravesando todo lo que encuentra a su paso. Por ello cuando sopla el viento se oye decir a las mujeres temerosas, ?Cruz! ?Cruz! ?Cruz! pidi?ndole a Dios que el mal?fico remolino tuerza su rumbo.
Tambi?n los nativos hablan del peque?o Supay, travieso enano de la siesta que deambula por los ranchos en donde hay ni?os para llevarlos con ?l y preparar con ellos p?cimas de hechicer?a.
el kakuy
Si bien los otros mitos y leyendas populares evocan amenazas, cr?menes o diablos, en el grito del kakuy pla?ir? eternamente el dolor humano.
En ?pocas muy remota, dicen las tradiciones ind?genas,  una pareja de hermanos habitaba su rancho. Viv?an solos desde la muerte de sus padres.
El era bueno; ella era cruel; el muchacho amaba a su hermana, pero ella acibaraba sus d?as con recalcitrante perversidad. Desesperado, abandonaba en ocasiones la choza, intern?ndose en las mara?as del monte.
Vagando ?l triste por las umbr?as, pensaba en ella; las algarrobas m?s gordas, los mistoles m?s dulces, las m?s sazonadas tunas, llevaba al rancho para alimentar a su hermana. Tambi?n llevaba s?balos pescados en el remanso del r?o o tal vez un quirquincho de la barranca pr?xima.
Palmo a palmo conoc?a su monte, y siendo cazador de tigres, adem?s, proteg?a la morada. Insigne buscador de mieles, nadie ten?a m?s despiertos ojos para seguir la abeja voladora que llevara a su colmena. Todo esto le costaba trabajo y peque?os dolores; pero su hermana, en cambio, se mostraba indiferente, como goz?ndose de sus penas.
Volvi? una tarde sediento, herido y fatigado. Pidi? entonces a su hermana un poco de agua para beber y limpiarse las heridas. Ella, malvada, la dej? caer en el suelo. El hombre, una vez m?s, ahog? su desventura. Al siguiente d?a le hizo lo mismo con la comida.
Cansado de tantos desprecios, la invit? a acompa?arlo a un sitio distante, donde hab?a descubierto miel; pero su invitaci?n encubr?a designios de venganza.
Cuando llegaron all? la hizo subir al ?rbol m?s alto. Cuando ella se hubo instalado all?, el empez? a descender por el tronco, desgaj?ndolo a hachazos. Una vez en tierra, huy? sigilosamente.
Presa qued? en lo alto la infeliz. Transcurrieron instantes de silencio. Ella habl?. Nadie le respond?a.
Abandonada a semejante altura, sobre un tronco liso y largo sin otras ramas que aquellas a las que se aferraban sus manos, espiaba para ver si el hermano reaparec?a por ah?. La acomet?an deseos de arrojarse, pero la brusquedad del golpe la amilanaba.
Mientras tanto, la noche iba descendiendo. La garganta le hab?a quedado muda y la lengua se le pegaba en la boca con sequedad de arcilla. Tiritaba de fr?o y sent?a el alma mordida por implacables remordimientos. Los pies, en el esfuerzo an?malo con que ce??an su rama de apoyo, fueron desfigur?ndose en garras de b?ho; la nariz y las u?as se encorvaron y los dos brazos abiertos en ag?nica distensi?n, emplumec?eron desde los hombros a las manos. Se vio de pronto convertida en ave nocturna.
As? naci? el Kakuy. La pena que se rompi? en su garganta llamando a aquel hermano justiciero es el grito que a?n resuena en la noche por el monte santiague?o, gritando:
- ?Kakuy! ?Turay! ?Kakuy! ?Turay!
el crespin
Era un matrimonio de campesinos que se dedicaban a labrar y cultivar la tierra para poder ganar para vivir, pero mientras el hombre era trabajador, paciente y resignado, la mujer era haragana, despreocupada, sobre todo, amiga de los bailes y las bebidas, viviendo el primero, contento con su suerte, mientras que la mujer, malhumorada y triste, le amargaba la vida a cada rato.
Un a?o en que la cosecha era m?s abundante, que nunca, Cresp?n sesgaba su trigo bajo el sol de verano, trabajando mas horas de las que pod?a resistir un hombre, debiendo hacerlo todo el solo, pues su mujer no era capaz de atar una gavilla de trigo.
Un d?a se enferm? y solicit? a su mujer que fuera al pueblo cercano a traerle medicamentos y le recomend? que volviera pronto pues necesitaba sanar lo antes posible para continuar la cosecha, la mujer fue hacia el pueblo y se encontr? que en uno de los ranchos del camino estaban de fiesta y se acerc? solamente para descansar un rato, pero se fue dejando ganar por la alegr?a y comenz? a beber, cantar y bailar.
El chip?, la ca?a, los chamam?s y polcas despertaron en ella su afici?n de siempre y se entreg? a la diversi?n ciegamente. Cuando m?s entretenida estaba , la vinieron a llamar, pues su marido se hab?a agravado y reclamaba la presencia de ella, pero lejos de correr en presencia de su moribundo marido, dijo que la vida era corta para divertirse y larga para sufrir.
Lo mismo respondi? al segundo y tercer d?a que la vinieron a buscar y avisarle que su marido se mor?a, y cuando finalmente le avisaron que ya hab?a muerto, no dio importancia y sigui? bailando.
Unos vecinos piadosos y condolidos de la suerte del pobre CRESPIN, lo velaron y enterraron sin que la mujer interviniera para nada, tan ocupada estaba en divertirse.
Finalmente, pasados varios d?as y cuando ya la diversi?n finalizaba, regreso la mujer a su hogar y se encontr? en la m?s terrible soledad. Llor? y sufri? su pena, y durante varios d?as y noches deambul? por los campos, llamando a su marido. Enloquecida de dolor , le pidi? a Dios que le diera alas para proseguir su b?squeda, y Dios la convirti? en ave.
Desde entonces, es el p?jaro hura?o y solitario que en las ?pocas de las cosechas llama a su compa?ero con dolido acento: CRESPIN- CRESPIN
el almamula
este engendro es una mujer condenada por pecados muy graves en contra del pudor. Galopa por los campos haciendo un ruido met?lico  estruendoso - como si arrastrara cadenas -; echa fuego por la boca, los ollares y los ojos y mata a la gente a dentelladas o a patadas. Se la ve s?lo de noche y su apariencia es la de una mula envuelta en llamas..
En Taf? del Valle se ha encontrado, en la "Ruta de Birmania" (camino que lleva al Ojo de Agua y que pasa por detr?s de la Loma del Pelao), una piedra con una pisada de este animal.
Se comenta que s?lo un hombre con mucha Fe o muy valiente puede escapar de su infalible ataque. Para repelerla o defenderse se debe repetir tres veces "Jes?s, Mar?a y Jos?".
Algunas personas dicen que el Alma-mula es el Diablo mismo.
Elena Bossi en Seres M?gicos, nos cuenta que la Mul?nima es una mujer condenada que se transforma de noche, con la primera campanada de las doce, en una mulita chica, que anda galopando y arrastrando cadenas, mientras da rebuznos estridentes y desesperados. La misma autora narra que el grito de la Mul?nima es a veces como un relincho y otras como un llanto de mujer? y que el periplo de este ser termina en la puerta de una iglesia, emprendiendo el camino de regreso.
?Lleva las riendas suelta, de modo que al correr las pisa y se lastima la boca con el freno? cuenta Elena Bossi, lo que agranda a?n m?s la desesperaci?n del fabuloso animal. Hasta se dice que sale mayormente en tiempos de tempestad y que ataca las majadas, comiendo algunos animales y dejando otros heridos.
Juan Carlos D?valos, el gran escritor salte?o, relata que un pe?n suyo, ?all? por los 20?, llevando un arreo en las cercan?as de los nevados del Acay, se separ? del grueso de la tropa para buscar un ternero perdido? le lleg? la oraci?n en la traves?a y cuando volv?a por una estrecha huella del cerro, vio a la lejan?a una peque?a luz que se acercaba r?pidamente? el viento que corr?a del mismo lado trajo el vaho azufrado? cuando se dio cuenta que es lo que se acercaba? era tarde? de frente y dando horrorosos alaridos y tirando fuego por los ollares, ven?a galopando desenfrenada una mula del tama?o de un caballo grande? Hallaron al criollo con el rostro desencajado y el pelo y los ensillados quemados? casi mudo? apenas pudo balbucear el encuentro y su coraz?n no resisti? m?s? entre congelado y aterrorizado, el pobre no era m?s que un gui?apo? lo mismo que en la Ruta de Birmania, arriba mencionada, en esta senda del Acay tambi?n qued? marcada una huella en la piedra pelada? ?que las hay? las hay?.
bueno gente i espero les guste
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