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Moralejas Muy Buenas Parte 1

  • Categoría: Reciclaje
  • Publicado hace más de 5 años
Quién Fue Esopo



(S.VI a.C.) Fabulista griego. Pocos datos existen sobre la biografía de Esopo, y ya en la época clásica su figura real se vio rodeada de elementos legendarios.

Según una tradición muy difundida, nació en Frigia, aunque hay quien lo hace originario de Tracia, Samos, Egipto o Sardes. Sobre él se conoció una gran cantidad de anécdotas e incluso descripciones sobre su físico recogidas en la Vida de Esopo, escrita en el siglo XIV por Planudo, un monje benedictino, si bien es dudosa su validez histórica.

Así, se cuenta que Esopo fue esclavo de un tal Jadmón o Janto de Samos, que le dio la libertad. Debido a su gran reputación por su talento para el apólogo, Creso le llamó a su corte, le colmó de favores y le envió después a consultar al oráculo de Delfos, a ofrecer sacrificios en su nombre, y a distribuir recompensas entre los habitantes de

aquella ciudad. Irritado por los fraudes y la codicia de aquel pueblo de sacerdotes, Esopo les dirigió sus sarcasmos y, limitándose a ofrecer a los dioses los sacrificios mandados por Creso, devolvió a este príncipe las riquezas destinadas a los habitantes de Delfos.

Éstos, para vengarse, escondieron entre los equipajes de Esopo una copa de oro consagrada a Apolo, le acusaron de robo sacrílego y le precipitaron desde lo alto de la roca Hiampa. Posteriormente se arrepintieron, y ofrecieron satisfacciones y una indemnización a los descendientes de Esopo que se presentaran a exigirla; el que acudió fue un
rico comerciante de Samos llamado Jadmon, descendiente de aquel a quien Esopo perteneciera cuando fue esclavo.

Lo que sí parece cierto es que Esopo fue un esclavo, y que viajó mucho con su amo, el filósofo Janto. Las fábulas a él atribuidas, conocidas como Fábulas esópicas, fueron reunidas por Demetrio de Falero hacia el 300 a.C. Se trata de breves narraciones protagonizadas por animales, de carácter alegórico y contenido moral, que ejercieron una gran influencia en la literatura de la Edad Media y el Renacimiento.

Fuente:




Aquí Les Dejo Algunas Fábulas Con Moraleja

Pronto La Parte 2

Comenzamos




El águila, el cuervo y el pastor.

Lanzándose desde una cima,
un águila arrebató a un corderito.

La vio un cuervo y tratando de imitar al águila,
se lanzó sobre un carnero, pero con tan mal
conocimiento en el arte que sus garras se
enredaron en la lana, y batiendo al máximo
sus alas no logró soltarse.

Viendo el pastor lo que sucedía, cogió al cuervo, y cortando las puntas de sus alas, se lo llevó a sus niños.

Le preguntaron sus hijos acerca de que clase
de ave era aquella, y él les dijo:
- Para mí, sólo es un cuervo; pero él, se cree águila.





Pon tu esfuerzo y dedicación en lo que realmente estás preparado, no en lo que no te corresponde.



El águila y la flecha.

Estaba asentada un águila en el pico de un peñasco esperando por la llegada de las liebres.

Mas la vio un cazador, y lanzándole una flecha le atravesó su cuerpo.
Viendo el águila entonces que la flecha estaba construida con plumas de su propia especie exclamó:

-¡Qué tristeza, terminar mis días por causa
de las plumas de mi especie!





Más profundo es nuestro dolor cuando nos vencen con nuestras propias armas.



El águila y los gallos.

Dos gallos reñían por la preferencia de las gallinas;
y al fin uno puso en fuga al otro.

Resignadamente se retiró el vencido a un matorral,
ocultándose allí. En cambio el vencedor orgulloso se subió a una tapia alta dándose a cantar con gran estruendo.

Mas no tardó un águila en caerle y raptarlo. Desde entonces el gallo que había perdido la riña se quedó con todo el gallinero.





A quien hace alarde de sus propios éxitos, no tarda en aparecerle quien se los arrebate.



La zorra y el espino

Una zorra saltaba sobre unos montículos, y estuvo de
pronto a punto de caerse. Y para evitar la caída,
se agarró a un espino, pero sus púas le hirieron
las patas, y sintiendo el dolor que ellas le producían,
le dijo al espino

-- ¡ Acudí a ti por tu ayuda, y más bien me has herido. !

A lo que respondió el espino:

-- ¡Tú tienes la culpa, amiga, por agarrarte a mí, bien sabes lo bueno que soy para enganchar y herir a todo el mundo, y tú

no eres la excepción!





Nunca pidas ayuda a quien acostumbra a hacer el daño.



La zorra y la serpiente.

Se encontraba una higuera a la orilla de un camino,
y una zorra vio junto a ella una serpiente dormida.

Envidiando aquel cuerpo tan largo, y pensando
en que podría igualarlo, se echó la zorra a tierra
al lado de la serpiente e intentó estirarse cuanto pudo.
Tanto esfuerzo hizo, hasta que al fin, por vanidosa, se reventó.





No imites a los más grandes, si aún no tienes las condiciones para hacerlo.



La zorra y los racimos de uvas.

Estaba una zorra con mucha hambre, y al ver colgando de
una parra unos deliciosos racimos de uvas, quiso
atraparlos con su boca.

Mas no pudiendo alcanzarlos, a pesar de sus
esfuerzos, se alejó diciéndose:

-- ¡Ni me agradan, están tan verdes!





Nunca traslades la culpa a los demás de lo que no eres capaz de alcanzar.



La zorra y el cocodrilo.

Discutían un día la zorra y el cocodrilo sobre la nobleza de sus antepasados.

Por largo rato habló el cocodrilo acerca de la alcurnia de sus ancestros, y terminó por decir que sus padres habían llegado a

ser los guardianes del gimnasio.

-- No es necesario que me lo digas -- replicó la zorra --;
las cualidades de tu piel demuestran muy bien que desde hace muchos años te dedicas a los ejercicios de gimnasia.





Recuerda siempre que lo que bien se ve, no se puede ocultar con la mentira.
 


La zorra y la pantera.

Disputaban otro día la zorra y la pantera acerca de su belleza.

La pantera alababa muy especialmente los
especiales pintados de su piel.
Replicó entonces la zorra diciendo:
-- ¡Mucho más hermosa me considero yo, no por las
apariencias de mi cuerpo, sino más bien por mi espíritu!





Las cualidades del espíritu son preferibles a las del cuerpo.



La zorra y el perro.

Penetró una zorra en un rebaño de corderos, y arrimando a su pecho a un pequeño corderillo, fingió acariciarle.
Llegó un perro de los que cuidaban el rebaño y le preguntó:
-- ¿Qué estás haciendo?

-- Le acaricio y juego con él -- contestó con cara de inocencia.

-- ¡ Pues suéltalo enseguida, si no quieres
conocer mis mejores caricias!





Al impreparado lo delatan sus actos. Estudia y aprende con gusto y tendrás éxito en tu vida.



La zorra con el rabo cortado.

Una zorra a la cual un cepo le había cortado la cola, estaba tan avergonzada, que consideraba su vida horrorosa y humillante,

por lo cual decidió que la solución sería

aconsejar a las demás hermanas cortarse también la cola, para así disimular con la igualdad general, su defecto personal.

Reunió entonces a todas sus compañeras, diciéndoles
que la cola no sólo era un feo agregado, sino
además una carga sin razón.

Pero una de ellas tomó la palabra y dijo:
-- Oye hermana, si no fuera por tu conveniencia de ahora,
¿ nos darías en realidad este consejo?





Cuídate de los que dan consejo en busca de su propio beneficio, y no por hacer realmente un bien.



La zorra que nunca había visto un león.

Había una zorra que nunca había visto un león.

La puso el destino un día delante de la real fiera. Y como era la primera vez que le veía, sintió un miedo espantoso y se alejó
tan rápido como pudo.

Al encontrar al león por segunda vez, aún sintió miedo, pero menos que antes, y lo observó con calma por un rato.

En fin, al verlo por tercera vez, se envalentonó lo suficiente
hasta llegar a acercarse a él para entablar conversación.





En la medida que vayas conociendo algo, así le irás perdiendo el temor. Pero mantén siempre la distancia y prudencia

adecuada.




La zorra y la careta vacía.

Entró un día una zorra en la casa de un actor, y después de revisar sus utensilios, encontró entre muchas otras cosas una

máscara artísticamente trabajada.

La tomó entre sus patas, la observó y se dijo:

-- ¡ Hermosa cabeza! Pero qué lástima que no tiene sesos.





No te llenes de apariencias vacías. Llénate mejor siempre de buen juicio.



La zorra y el cuervo hambriento.

Un flaco y hambriento cuervo se posó en una higuera,
y viendo que los higos aún estaban verdes, se
quedó en el sitio a esperar a que maduraran.

Vio una zorra al hambriento cuervo eternizado en la higuera, y le preguntó qué hacía. Una vez que lo supo, le dijo:

-- Haces muy mal perdiendo el tiempo confiado a
una lejana esperanza; la esperanza se llena de bellas
ilusiones, mas no de comida.





Si tienes una necesidad inmediata, de nada te servirá pensar satisfacerla con cosas inalcanzables.



Las zorras, las águilas y las liebres.

Cierto día las águilas se declararon en guerra contra las liebres.

Fueron entonces éstas a pedirle ayuda a las zorras.
Pero ellas les contestaron:

-- Las hubiéramos ayudado si no supiéramos
quienes son ustedes y si tampoco
supiéramos contra quienes luchan.





Antes de decidir unirte a una campaña, mide primero la capacidad de los posibles adversarios.



La zorra y la liebre.

Dijo un día una liebre a una zorra:
-- ¿Podrías decirme si realmente es cierto que tienes muchas ganancias, y por qué te llaman la "ganadora"?

-- Si quieres saberlo -- contestó la zorra --,
te invito a cenar conmigo.
Aceptó la liebre y la siguió; pero al llegar a
casa de doña zorra vio que no había
más cena que la misma liebre.
Entonces dijo la liebre:
-- ¡Al fin comprendo para mi desgracia de donde viene tu nombre:
no es de tus trabajos, sino de tus engaños!





Nunca le pidas lecciones a los tramposos, pues tú mismo serás el tema de la lección.



La zorra, el oso y el león.

Habiendo encontrado un león y un oso al mismo tiempo a un cervatillo, se retaron en combate a ver cual de los dos se

quedaba con la presa.

Una zorra que por allí pasaba, viéndolos extenuados por la lucha y con el cervatillo al medio, se apoderó de éste y corrió pasando tranquilamente entre ellos.

Y tanto el oso como el león, agotados y
sin fuerzas para levantarse, murmuraron:

-- ¡Desdichados nosotros! ¡Tanto esfuerzo y tanta lucha hicimos para que todo quedara para la zorra!





Por empeñarnos en no querer compartir, podemos perderlo todo



Las ranas y el pantano seco.

Vivían dos ranas en un bello pantano, pero llegó el verano y se secó, por lo cual lo abandonaron para buscar otro con agua.

Hallaron en su camino un profundo pozo repleto de agua, y al verlo, dijo una rana a la otra:

-- Amiga, bajemos las dos a este pozo.

-- Pero, y si también se secara el agua de este pozo, -- repuso la compañera --, ¿Cómo crees que subiremos entonces?





Al tratar de emprender una acción, analiza primero las consecuencias de ella.



La rana que decía ser médico y la zorra.

Gritaba un día una rana desde su pantano a los demás animales:

-- ¡Soy médico y conozco muy bien todos
los remedios para todos los males!

La oyó una zorra y le reclamó:

-- ¿Cómo te atreves a anunciar ayudar a los demás, cuando tú misma cojeas y no te sabes curar?





Nunca proclames ser lo que no puedes demostrar con el ejemplo.



La rana gritona y el león.

Oyó una vez un león el croar de una rana,
y se volvió hacia donde venía el sonido,
pensando que era de algún animal muy importante.

Esperó y observó con atención un tiempo, y cuando vio a la rana que salía del pantano, se le acercó y la aplastó diciendo:

-- ¡Tú, tan pequeña y lanzando esos tremendos gritos!





Quien mucho habla, poco es lo que dice.



El león y los tres bueyes.

Pastaban juntos siempre tres bueyes.

Un león quería devorarlos, pero el estar juntos los tres bueyes le impedía hacerlo, pues el luchar contra los tres a la vez lo ponía en desventaja.

Entonces con astucia recurrió a enojarlos entre sí con pérfidas patrañas, separándolos a unos de los otros.
Y así, al no estar ya unidos, los devoró tranquilamente, uno a uno.





Si permites que deshagan tu unidad con los tuyos, más fácil será que te dañen.
 


El león apresado por el labrador.

Entró un león en la cuadra de un labrador, y éste, queriendo cogerlo, cerró la puerta. El león, al ver que no podía salir, empezó a devorar primero a los carneros, y luego a

los bueyes.

Entonces el labrador, temiendo por su propia vida, abrió la puerta.

Se fue el león, y la esposa del labrador, al oírlo quejarse le dijo:

-- Tienes lo que buscaste, pues ¿por qué has tratado
de encerrar a una fiera que más bien
debías de mantener alejada?





Si te metes a competir con los más poderosos, prepárate antes muy bien. De lo contrario saldrás malherido de la

contienda.




El león y la liebre.

Sorprendió un león a una liebre que dormía tranquilamente. Pero cuando estaba a punto de devorarla, vio pasar a un ciervo.

Dejó entonces a la liebre por perseguir al ciervo.

Despertó la liebre ante los ruidos de la persecución, y no esperando más, emprendió su huída.

Mientras tanto el león, que no pudo dar alcance al ciervo,
ya cansado, regresó a tomar la liebre y se encontró con que
también había buscado su camino a salvo.

Entonces se dijo el león:

-- Bien me lo merezco, pues teniendo ya una presa en mis manos, la dejé para ir tras la esperanza de obtener una mayor.





Si tienes en tus manos un pequeño beneficio, cuando busques uno mayor, no abandones el pequeño que ya tienes, hasta tanto no tengas realmente en tus manos el

mayor.




El león y el jabalí.

Durante el verano, cuando con el calor aumenta la sed,
acudieron a beber a una misma fuente un león y un jabalí.

Discutieron sobre quien debería sería el primero en beber,
y de la discusión pasaron a una feroz lucha a muerte.

Pero, en un momento de descanso, vieron una
nube de aves rapaces en espera de algún
vencido para devorarlo.

Entonces, recapacitando, se dijeron:

-- ¡Más vale que seamos amigos y
no pasto de los buitres y cuervos!





Las luchas inútiles sólo sirven para enriquecer y alimentar a sus espectadores.



El león y el asno ingenuo.

Se juntaron el león y el asno para cazar animales salvajes. El león utilizaba su fuerza y el asno las coses de sus pies. Una vez

que acumularon cierto número de piezas, el león las dividió en tres partes y le dijo al asno:

-- La primera me pertenece por ser el rey; la segunda
también es mía por ser tu socio, y sobre la tercera, mejor
te vas largando si no quieres que te vaya como a las presas.





Para que no te pase las del asno, cuando te asocies, hazlo con socios de igual poder que tú, no con otros todopoderosos.




Los lobos, los carneros y el carnero mayor.

Enviaron los lobos una representación a un rebaño de carneros, prometiéndoles hacer una paz permanente si les entregaban

a los perros. Los carneros aceptaron hacerlo, exceptuando a un viejo carnero padre que les reclamó a los lobos:

-- ¿ Cómo les voy a creer y vivir con ustedes, si ahora mismo, aún con el cuido de los perros no puedo pacer con

tranquilidad?



Nunca te desprendas de lo que es primordial para tu propia seguridad.



El lobo y el cordero en el templo.

Dándose cuenta de que era perseguido por un lobo, un pequeño corderito decidió refugiarse en un templo cercano.

Lo llamó el lobo y le dijo que si el sacrificador
lo encontraba allí dentro, lo inmolaría a su dios.

-- ¡Mejor así! -- replicó el cordero -- prefiero ser
víctima para un dios a tener que perecer en tus colmillos.



Si sin remedio vamos a ser sacrificados, más nos vale que sea con el mayor honor.



El lobo y la cabra.

Encontró un lobo a una cabra que pastaba a la orilla de un precipicio. Como no podía llegar a donde estaba ella le dijo:

-- Oye amiga, mejor baja pues ahí te puedes caer. Además, mira este prado donde estoy yo, está bien verde y crecido.

Pero la cabra le dijo:

-- Bien sé que no me invitas a comer a mí,
sino a ti mismo, siendo yo tu plato.



Conoce siempre a los malvados, para que no te atrapen con sus engaños.



El lobo y la grulla.

A un lobo que comía un hueso, se le atragantó el hueso en la garganta, y corría por todas partes en busca de auxilio.

Encontró en su correr a una grulla y le pidió que
le salvara de aquella situación, y que enseguida
le pagaría por ello. Aceptó la grulla e introdujo su
cabeza en la boca del lobo, sacando de la
garganta el hueso atravesado. Pidió entonces la
cancelación de la paga convenida.

-- Oye amiga -- dijo el lobo -- ¿No crees que es suficiente paga con haber sacado tu cabeza sana y salva de mi boca?



Nunca hagas favores a malvados, traficantes o corruptos, pues mucha paga tendrías si te dejan sano y salvo.




El lobo y el caballo.

Pasaba un lobo por un sembrado de cebada, pero como no era comida de su gusto, la dejó y siguió su camino. Encontró al

rato a un caballo y le llevó al campo,

comentándole la gran cantidad de cebada que había hallado, pero que en vez de comérsela él, mejor se la había dejado porque le agradaba más oír el ruido de sus dientes

al masticarla. Pero el caballo le repuso:

-- ¡Amigo, si los lobos comieran cebada, no hubieras preferido complacer a tus oídos sino a tu estómago!



A todo malvado, aunque parezca actuar como bueno, no debe de creérsele.



El lobo y el perro.

Se encontró un lobo con un corpulento perro
sujeto por un collar, y le preguntó:

-- ¿Quién te ha encadenado y quién te ha alimentado de esa forma?

-- Mi amo, el cazador -- respondió el perro.

-- ¡Que los dioses nos libren a los lobos de semejante destino! Prefiero morir de hambre a tener que cargar tan pesado

collar.



Vale más el duro trabajo en libertad, que el placer en esclavitud.



El lobo herido y la oveja.

Un lobo que había sido mordido por unos perros, yacía en el suelo todo malherido. Viendo la imposibilidad de procurarse

comida en esa situación, pidió a una oveja que pasaba por allí que le llevara un poco de agua del cercano río.

-- Si me traes agua para beber -- le dijo --,
yo mismo me encargaré de mi comida.

-- Si te llevo agua para beber -- respondió la oveja --,
yo misma asistiré a tu cena.



Prevé siempre el verdadero fondo de las aparentemente inocentes propuestas de los malhechores.



El lobo y el cabrito encerrado.

Protegido por la seguridad del corral de una casa,
un cabrito vio pasar a un lobo y comenzó a insultarle,
burlándose ampliamente de él. El lobo, serenamente le replicó:

-- ¡Infeliz! Sé que no eres tú quien me está insultando,
sino el sitio en que te encuentras.



Muy a menudo, no es el valor, sino la ocasión y el lugar, quienes proveen el enfrentamiento arrogante ante los poderosos.



Los perros hambrientos.

Vieron unos perros hambrientos en el fondo de un arroyo unas pieles que estaban puestas para limpiarlas; pero como debido

al agua que se interponía no podían alcanzarlas decidieron beberse primero el agua para así llegar fácilmente a las pieles.

Pero sucedió que de tanto beber y beber, reventaron antes de llegar a las pieles.



Ten siempre cuidado con los caminos rápidos, pues no siempre son los más seguros.



El hombre al que mordió un perro.

Un perro mordió a un hombre, y éste corría por todo
lado buscando quien le curara.

Un vecino le dijo que mojara un pedazo de
pan con la sangre de su herida y se lo
arrojase al perro que lo mordió.
Pero el hombre herido respondió:

--¡Si así premiara al perro, todos los perros del
pueblo vendrían a morderme!



Grave error es alagar la maldad, pues la incitas a hacer más daño todavía.



El perro y la almeja.

Un perro de esos acostumbrados a comer huevos,
al ver una almeja, no lo pensó dos veces,
y creyendo que se trataba de un huevo, se la tragó
inmediatamente. Desgarradas luego sus entrañas,
se sintió muy mal y se dijo:

-- Bien merecido lo tengo, por creer que todo
 lo que veo redondo son huevos.



Nunca tomes un asunto sin antes reflexionar, para no entrar luego en extrañas dificultades.



El perro y la liebre.

Un perro de caza atrapó un día a una liebre, y a ratos la mordía y a ratos le lamía el hocico. Cansada la liebre de esa

cambiante actitud le dijo:

-- ¡Deja ya de morderme o de besarme, para saber yo si eres mi amigo o si eres mi enemigo!



Sé siempre consistente en tus principios.



El perro y el carnicero.

Penetró un perro en una carnicería, y notando
que el carnicero estaba muy ocupado con sus clientes, cogió un trozo de carne y salió corriendo. Se volvió el carnicero, y

viéndole huir, y sin poder hacer ya nada, exclamó:

-- ¡ Oye amigo! allí donde te encuentre, no dejaré de mirarte!



No esperes a que suceda un accidente para pensar en cómo evitarlo.



El perro que perseguía al león.

Un perro de caza se encontró con un león y partió en su persecución.

Pero el león se volvió rugiendo, y el perro, todo atemorizado, retrocedió rápidamente por el mismo camino. Le vio una zorra y le dijo:

-- ¡ Perro infeliz! ¡ Primero perseguías al león y ya ni siquiera soportas sus rugidos!



Cuando entres a una empresa, mantente siempre listo a afrontar imprevistos que no te imaginabas.



El cuervo y la culebra.

Andaba un cuervo escaso de comida y vio en el prado a una culebra dormida al sol; cayó veloz sobre ella y la raptó. Mas la

culebra, despertando de su sueño, se volvió y la mordió.

El cuervo viéndose morir dijo:
-- ¡Desdichado de mí, que encontré un tesoro pero a costa de mi vida!



Antes de querer poseer algún bien, primero hay que valorar si su costo vale la pena.



El cuervo y Hermes.

Un cuervo que había caído en un cepo prometió a Apolo que le quemaría incienso si lo salvaba; pero una vez liberado
de la trampa olvidó su promesa.

Capturado de nuevo en otro cepo, dejó a Apolo para
dirigirse a Hermes, prometiéndole también un sacrificio.
Mas el dios le dijo:



Si por nuestra voluntad faltamos a nuestra primera promesa, no tendremos oportunidad de que nos crean una segunda.



El cuervo enfermo.

Un cuervo que se encontraba muy enfermo dijo a su madre:

-- Madre, ruega a los dioses por mí y ya no llores más.

La madre contestó:

-- ¿ Y cuál de todos, hijo mío, tendrá piedad de ti?
¿ Quedará alguno a quien aún no le hayas robado la carne?



No te llenes innecesariamente de enemigos, pues en momentos de necesidad no encontrarás un solo amigo.



El ruiseñor y el gavilán.

Subido en un alto roble, un ruiseñor cantaba como de costumbre. Lo vio un gavilán hambriento, y lanzándose inmediatamente

sobre él, lo apresó en sus garras.

Seguro de su próxima muerte, el ruiseñor le rogó
que le soltara, diciéndole que con sólo él no bastaría
para llenar su vientre, y que si en verdad tenía hambre,
debería de apresar a otros más grandes. El gavilán le repuso:

-- Necio sería si te oyera y dejara escapar la presa que tengo,
por ir a buscar a la que ni siquiera he visto.



No dejemos los bienes que ya tenemos, por ilusiones que ni siquiera divisamos.



El ruiseñor y la golondrina.

Invitó la golondrina a un ruiseñor a construir su nido
como lo hacía ella, bajo el techo de las casas de los hombres,
y a vivir con ellos como ya lo hacía ella. Pero el ruiseñor repuso:

-- No quiero revivir el recuerdo de mis antiguos males, y por eso prefiero alojarme en lugares apartados.



Los bienes y los males recibidos, siempre quedan atados a las circunstancias que los rodearon.



La cierva y la viña.

Una cierva era perseguida por unos cazadores y se refugio bajo una viña. Pasaron cerca los cazadores, y la cierva,

creyéndose muy bien escondida, empezó a saborear las hojas de la viña que la cubría.

Viendo los cazadores que las hojas se movían, pensaron muy acertadamente, que allí adentro había un animal oculto, y disparando sus flechas hirieron mortalmente a la

cierva. Ésta, viéndose morir, pronunció estas palabras:

-- ¡Me lo he merecido, pues no debí haber maltratado a
quien me estaba salvando¡



Sé siempre agradecido con quien generosamente te da la ayuda para salir adelante.



La cierva en la gruta del león.

Una cierva que huía de unos cazadores, llegó a una
gruta donde no sabía que moraba un león.
Entrando en ella para esconderse,
cayó en las garras del león.

Viéndose sin remedio perdida, exclamó:

-- ¡Desdichada de mí! Huyendo de los hombres,
caí en las garras de un feroz animal.



Si tratas de salir de un problema, busca que la salida no sea caer en otro peor.



El caballo viejo.

Un caballo viejo fue vendido para darle vueltas a la piedra de un molino. Al verse atado a la piedra, exclamó sollozando:

-- ¡Después de las vueltas de las carreras,
he aquí a que vueltas me he reducido!



No presumas de la fortaleza de la juventud. Para muchos, la vejez es un trabajo muy penoso.




El caballo y el palafrenero.

Había un palafrenero que robaba y llevaba a vender la cebada de su caballo; pero en cambio, se pasaba el día entero

limpiándole y peinándole para lucirlo de lo mejor.

Un día el caballo le dijo:

-- Si realmente quieres que me vea hermoso, no robes la cebada que es para mi alimento.



Ten cuidado de quien mucho te adule o alabe, pues algo busca quitarte a cambio.



La mula.

Henchida de cebada, una mula (producto del cruce de asno y yegua) se puso a saltar, diciéndose a sí misma:

-- Mi padre es un caballo veloz en la carretera, y yo me parezco en todo a él.

Pero llegó la ocasión en que la mula se vio obligada a correr. Terminada la carrera, muy contrariada, se acordó de pronto
de su verdadero padre: el sereno asno.



Siempre debemos reconocer nuestras raíces, respetando nuestras herencias y las ajenas.



El camello bailarín.

Obligado por su dueño a bailar, un camello comentó:

-- ¡Que cosa! No sólo carezco de gracia andando,
sino que bailando soy peor aun.



Usa siempre cada cosa para el propósito con el que fue creado.



El camello y Zeus.

Sentía el camello envidia por los cuernos del toro, y quiso obtener los suyos propios.

Para esto fue a ver a Zeus, pidiéndole le regalara a él unos semejantes.

Pero Zeus, indignado de que no se contentara de su gran
tamaño y fuerza, no sólo le negó el darle los cuernos,
sino que además le cortó una parte de las orejas.



La envidia no es buena consejera. Cuando quieras mejorar en algo, hazlo con tu esfuerzo y por tu deseo de progresar, no porque tu vecino lo tenga.



El buey y la becerra.

Viendo a un buey trabajando, una becerra que sólo descansaba y comía, se condolió de su suerte, alegrándose de la de ella.

Pero llegó el día de una solemnidad religiosa, y mientras al buey se le hacía a un lado, cogieron a la becerra para sacrificarla.

Viendo lo sucedido, el buey sonriendo dijo:

-- Mira becerra, ya sabes por qué tú no tenías que trabajar:
¡es que estabas reservada para el sacrificio!



No te ufanes de la ociosidad, pues nunca sabes que mal trae oculto.



Los bueyes y el eje de la carreta.

Arrastraban unos bueyes una carreta cuyo eje chirriaba ruidosamente. Se volvieron aquellos a la carreta diciendo:

-- Oye amiga --, somos nosotros quienes llevamos la carga.
¿y eres tú quien se queja?



En la vida encontrarás a muchos que se fingen cansados de ver trabajar a otros.



El buey y el mosquito.

En el cuerno de un buey se posó un mosquito.

Luego de permanecer allí largo rato, al irse a su vuelo preguntó al buey si se alegraba que por fin se marchase.

El buey le respondió:

-- Ni supe que habías venido. Tampoco notaré cuando te vayas.



Pasar por la vida, sin darle nada a la vida, es ser insignificante.



La víbora y la lima.

A un taller de un herrero entró una víbora, pidiéndole caridad a las herramientas.

Después de recibir algo de todas, faltando sólo la lima, se le acercó y le suplicó que le diera alguna cosa.

-- ¡Bien engañada estás -- repuso la lima -- si crees que te daré algo. Yo que tengo la costumbre, no de dar, sino de tomar algo de todos!



Nunca debes esperar obtener algo de quien sólo ha vivido de quitarle a los demás.



El milano y la culebra.

Raptó un milano a una culebra, elevándose por los aires. La culebra se volvió y le mordió, cayendo ambos desde lo alto a un

precipicio, y el milano murió. Dijo entonces la culebra:

-- ¡Insensato! ¿Por qué has querido hacer mal a quien no te lo hacía? En justicia has sido castigado por haberme raptado sin razón.



Nunca busques dañar a tu prójimo, no vaya a ser que sin que lo notes, sea más fuerte que tú, y te haga pagar tus injusticias.



El tordo.

Picoteaba un tordo los granos de un bosquecillo de mirlos, y complacido por el placer de sus pepitas no se decidía a abandonarlo.

Un cazador de pájaros observó que el tordo se acostumbraba
al lugar y lo cazó.

Viendo el tordo su próximo fin, dijo:

-- ¡Oh desgraciado!, ¡por el placer de comer, me he privado de la vida!



Nunca te excedas de lo que encuentres placentero, no vaya a ser causa de tu desgracia.



La alondra moñuda

Una alondra moñuda cayó en una trampa y se dijo suspirando:

-- ¡Desgraciada alondra! A nadie has robado ni oro ni plata,
ni cosa valiosa alguna; pero llevarse un insignificante granito
de trigo ajeno será la causa de tu muerte.



Nunca te expongas a un gran peligro por un mezquino beneficio.



Los caracoles.

El hijo de un labrador se hallaba tostando unos caracoles.
Oyéndoles crepitar dijo:
-- ¡Ah miserables animalejos, están sus casas ardiendo, y aún cantan!



Hacer las cosas fuera del tiempo o lugar que les corresponde, no es nada inteligente.



La comadreja y la lima.

Se introdujo una comadreja en el taller de un herrero y se puso a lamer una lima que ahí se encontraba.

Al cabo de un rato su lengua arrojaba sangre en abundancia, y la comadreja se puso muy feliz pensando que había

arrancado algo al hierro, hasta que acabó por perder su propia lengua.



Piensa siempre que si haces un daño, tarde o temprano éste regresará contra ti.



La mosca.

Cayó una mosca en una olla llena de carne. A punto de ahogarse en la salsa, exclamó para sí misma:

-- Comí, bebí y me bañé; puede venir la muerte, no me importa ahora.



Al irresponsable no le importa el fracaso si su llegada a él le depara buenos momentos.



Eso Es todo, Largo Pero Bueno...Me acordé de una que escuché hace muchos años

1.- Una lagartija pasaba por la carretera, en eso pasó un coche y le piso la cola.

Llegó al otro lado de la carretera y se dio cuenta que no tenía la cola, la lagartija

se regresó por su cola y paso otro coche y le aplastó la cabeza.




Nunca pierdas la cabeza por una cola

Moralejas Muy Buenas Parte 1
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1 Comentarios Moralejas Muy Buenas Parte 1
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