Morfemas del sustantivo - Bachillerato

La gramática funcional define al sustantivo como palabra de inventario abierto capaz de cumplir en las oraciones la función de sujeto explícito o la de complemento directo sin necesidad de ningún otro elemento.

                  Viene Yolanda. (S)

                  Martín apesta. (S)

                  ¿Tienes fuego? (CD)

                  Hay clase. (CD)

Las funciones del sustantivo se tratan en la sección El sintagma nominal; su estructura interna consiste, en general, en la combinación de un signo léxico (la raíz o lexema) y unos signos morfológicos (accidentes o morfemas) que lo caracterizan: género, número y artículo.

Morfemas del sustantivo

Género

Aunque generalmente no puede cambiar su género, todo sustantivo comporta este morfema. Por tradición llamamos masculino (término no marcado) y femenino (término marcado) a los dos géneros posibles del sustantivo. La distinción entre uno y otro se reconoce principalmente por la oposición ?o /?a (perro / perra) o la ausencia y presencia de la a final (león / leona). Pero esto no es así en todos los casos: mano, radio, moto, foto, día, clima, mapa, fantasma, poeta, programa.

En ocasiones, el femenino se presenta de forma irregular mediante el incremento o modificación total del significante masculino: reina, princesa, abadesa, poetisa, actriz, emperatriz, madre, nuera, yegua, vaca, oveja. Otras veces la discriminación entre los dos géneros sólo es posible gracias al artículo o el resto de las concordancias: artista, suicida, testigo, mártir, árbol, cárcel, coche, noche, espíritu, tribu, cariz, nariz.

No hay que olvidar que género no equivale a sexo en la mayoría de las ocasiones. Sólo ocurre así en algunas parejas que se refieren a individuos sexuados: niño / niña, suegro / suegra, tigre / tigresa; pero entre los sustantivos llamados epicenos podemos encontrar de una parte hormiga, liebre, pulga, y de otra mosquito, vencejo, ruiseñor e, incluso, caracol.

Las diferencias de género pueden aludir a otros aspectos de la realidad ajenos a la diversidad sexual, como la dimensión o la forma de un objeto: jarro / jarra, cesto / cesta, cubo / cuba; o la diferencia entre usuario e instrumento: trompeta, espada; o entre árbol y fruto: cerezo / cereza.

Algunos sustantivos alteran completamente su significado con la variación genérica, de forma que pueden ser considerados como homófonos: frente, editorial, corte, orden, margen, cometa, coma, cólera, parte. Contrario es el caso de los sustantivos ambiguos, que, sin modificar su significado, admiten la combinación con los dos géneros: mar (en plural sólo admite el masculino), arte, azúcar.

Así pues, la variedad de significados de los géneros y la arbitrariedad de la asignación de masculino o femenino a los sustantivos impiden determinar con exactitud lo que significa realmente el género. Hay, pues, que considerarlo como un morfema que clasifica los sustantivos en dos categorías combinatorias diferentes. Es un mero indicio de ciertas relaciones del sustantivo con otras palabras del enunciado, que, curiosamente, nos sirve a veces para discriminar el núcleo de un determinado adyacente: el candelabro de plata vieja / el candelabro de plata viejo.

De los dos géneros, el masculino es el de mayor extensión, y el femenino el de mayor intensión; así los padres se refiere tanto a varones como a mujeres cuando el término se opone a hijos, aunque mantiene su carácter masculino cuando se opone a madres. Resulta una afectación ridícula, a la vez que una incongruencia gramatical, la costumbre muy extendida actualmente entre los hablantes ?políticamente correctos? de duplicar el masculino con el femenino de un sustantivo para referirse a un plural que incluya a varones y mujeres: los profesores y las profesoras, los alumnos y las alumnas, los ciudadanos y las ciudadanas. No hay que olvidar que la lengua sólo es sexista si lo son sus hablantes; no se puede tachar a nadie de machista por decir:

                  En tu casa vivís como reyes.

¿Quién puede pretender que es menos sexista decir la siguiente estupidez?

                  *En tu casa vivís como reyes y como reinas.


Número

Desaparecido el dual, el sustantivo suele presentar dos posibilidades de variación numérica: singular y plural. El primero se refiere a un solo individuo de una clase, y el segundo denota varios objetos de una misma clase.

El significante de estas diferencias suele corresponderse con la oposición Ø / ?s, ?es: perro / perros, león / leones. Pero la distinción se manifiesta a veces sólo por el artículo u otras concordancias: crisis, atlas, jueves. En general se asigna ?s a los sustantivos terminados en vocal y ?es a los terminados en consonante; pero si el significante del singular termina en ?i tónica la formación del plural fluctúa: jabalíes / jabalís, esquíes / esquís (se considera más culta la primera forma).

Por lo que respecta a los latinismos y extranjerismos resulta recomendable la adaptación rápida a la morfología española: currículos, mejor que currículums; yogures mejor que yoghourts.

Entre las peculiaridades del significado del número se puede señalar el caso de los singularia tántum, que aparecen sólo con la forma del singular, y los pluralia tántum, sólo admisibles en plural: el caos, la salud, la sed frente a los víveres, los comestibles, las afueras.

En ocasiones, las referencias del singular y el plural son equivalentes: muralla, escalera, intestino. No obstante, a menudo hay entre ambos diferencias de tipo expresivo: barba, pelo, espalda; o, incluso, otros matices significativos: interés, imaginación, razón, locura, polvo, trigo.

Como vemos, el significado de singular y de plural no se corresponde siempre con la definición que ofrecíamos más arriba. Mientras que el plural se refiere siempre a varios objetos de una clase, el singular puede aludir tanto a uno solo como al conjunto total de ejemplares de una clase:

          El hombre se sentó a descansar en el alféizar de la ventana. / El hombre es mortal.


Artículo

Llamaremos artículo sólo al que tradicionalmente se ha llamado determinado o definido y que únicamente puede desempeñar la función de determinante, es decir, a las formas el, la, los, las, lo, que, como se sabe, conciertan en género y número con el sustantivo, por lo que permite discernir el género y el número de los sustantivos invariables: el flautista, la penitente, los atlas. Las formas un, una, unos, unas deben ser considerados pronombres indefinidos, aunque a veces desempeñen también la función de determinante. Las diferencias son notables: por un lado los indefinidos son formas tónicas y, por tanto, pueden desempeñar función sin apoyarse en otros elementos; en cambio, los artículos son formas átonas y dependientes de la palabra a la que acompañan, de la que no pueden separarse por constituir con ella un solo grupo fónico. Aunque se escriba separado del sustantivo, el artículo desempeña una función análoga a la de los morfemas de género y número [Alarcos, 1994, § 79].

Por motivos explicables históricamente los sustantivos femeninos singulares cuyo significante empieza por /á?/ tónica (escrita a? o ha?) utilizan el artículo el: el agua, el hambre. Por analogía, muchos hablantes extienden esta regla a otros determinantes como los demostrativos: *este agua. En realidad, la norma afecta sólo al artículo, y es incorrecto aplicarla a otras formas. Ejemplos correctos son: esta acta, toda el aula.

Un solo artículo puede servir para actualizar dos sustantivos coordinados; el artículo, en este caso, suele concertar con el primero de los sustantivos: las torturas y asesinatos:

            Pinochet ya está pagando por los crímenes y abusos que cometió.

Ya se ha hablado del papel sustantivador del artículo, que puede afectar a una palabra, a un sintagma completo o a toda una proposición:

            El bajito tenía más éxito que el alto.

            De todas las clases de hoy, la de matemáticas ha sido la más divertida.

            Los que más molestaban han abandonado los estudios.

Existe, incluso, un artículo especializado en esta función sustantivadora: lo. Puede llamarse neutro porque es indiferente a las variaciones de género y número: Me admira lo lista que es / Me admira lo listo que es.

El mismo valor que se consigue con el artículo (Trae cerveza / Trae la cerveza, Ladran perros / ladran los perros) lo consigue por sí mismo un tipo especial de sustantivos que se conocen tradicionalmente como nombres propios. Frente a los sustantivos comunes, que clasifican los objetos físicos o mentales como pertenecientes a una determinada clase, los nombres propios identifican con su etiqueta a un objeto dado, que resulta así inconfundible para los interlocutores. Son objetos únicos en absoluto (el Sol, la Luna, Jaén) o únicos en la situación de habla (Nuria, Aurora, Bernardo).

La mayoría de los nombres propios rechazan el artículo (Jaén, Júpiter), pero algunos lo llevan siempre (los Pirineos, el Duero) y, por último, otros alternan las dos posibilidades (China / la China, Perú / el Perú).

En conclusión, mientras el sustantivo común sin artículo es clasificador, tanto el sustantivo común con artículo como el nombre propio son identificadores. Así pues, el artículo es un morfema libre que transforma el sustantivo clasificador en sustantivo identificador.


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