Travesía solidaria a chaco: ?Por favor una tregua?

  • Categoría: Off-Topic
  • Publicado hace más de 2 años

Este viaje puso como nunca antes a prueba la templanza y compromiso La Chata Solidaria. Todo lo malo que podía pasar, pasó. Pero, a pesar de todo lo que leerán a continuación, la ayuda llegó. Y tal vez más que nunca hacían vital falta.

Bienvenidos al temible Impenetrable Chaqueño.
Viaje 9, diciembre 2013.

DÍA 1
Bs. As. ? Castelli, 1400 kms de asfalto

Salimos 3 am de nuestra base y viajamos sin mayor novedad, a permanentes 90 km/h, parando lo justo y necesario para combustible y almuerzo.
Lo único es que ambas Chatas acusaban demasiado peso. La Gris, en los lomos de burro, tocaba atrás, ya que bajaba demasiado la cola. Calculamos unos 1.100 kilos de carga en la Gris y 2.300 en la Azul (incluido el tanque extra de combustible, de 200 litros).
El tema del peso parece una nimiedad, pero terminó siendo definitorio.
Llegamos de noche y dormimos en el hotel. Las chatas quedaron en el estacionamiento, pero a la intemperie.

DÍA 2
Castelli ? Pampa del infierno, 300 kms de asfalto

Teníamos todo planeado para entrar al impenetrable y empezar a repartir la carga, llegando de noche a Sauzalito, unos 400 kms de tierra fea (recordar que no usamos caminos principales).
A las 3 am, estaba durmiendo y me despertó un ruido tremendo. Al levantarme, apenas apoyé los pies en el suelo, sentí agua: ¡gua adentro de la habitación! ?Quedó perdiendo el baño?, pensé. En eso, un trueno infernal y se cortó la luz.
Era una tormenta de tal magnitud, que no solo inundó todo el pueblo, sino que llegó hasta algunas habitaciones del hotel.

Miro por la ventana que daba al estacionamiento y apenas se veían las Chatas, de la cortina de agua que caía. Encima, como estaban a la intemperie, si bien tenían lonas, las cosas se iban a mojar. Y la ropa mojada duplica su peso.
Sabiendo que no había nada que hacer, seguí durmiendo preocupado por cómo haríamos al despertarnos.

A las 8.30 estábamos todos listos para partir, pero? ¿adónde? Todos los lugareños fueron terminantes: ?Hay que esperar 72 horas para entrar, si no sigue lloviendo. Como una locura de riesgo, 48 horas?.
Había que reprogramar, LCS no puede estar un día sin hacer nada, porque sale caro y no somos turistas. Decidimos ir a Pampa del Infierno, dónde Carlos (nuestro novel miembro, paramédico, instructor, bombero voluntario profesional, y por sobre todo, un tipo de los que quedan pocos) daría un curso con diversos temas al personal del cuartel.
Originalmente eso sería el día 5, pero había que aprovechar el tiempo muerto. Esperar 72 horas no era opción. Al llegar a las Chatas, notamos dos cosas. Por el agua estaban todavía más pesadas (la Gris era demasiado y además tenía una goma muy baja)
Encaramos para la gomería. Mientras el gomero desarmaba, estábamos tomando mate en la vereda. Nos llamó. Había sacado la rueda y se veía el eje trasero y la suspensión. Había cinco personas más mirando, no lo podían creer. Y nosotros tampoco.

Por el sobrepeso, ambos elásticos traseros de habían doblado hacia abajo. Para que se entienda: los elásticos son los que soportan el peso de la carrocería. Normalmente están doblados hacia arriba cuando está vacía, como si fuera una sonrisa. Al cargarla, lo normal es que se empiecen a apalanar. Pero como somos LCS, los elásticos pasaron su punto de flexión? ¡y se dieron vuelta para abajo! (como una cara enojada). Increíble.



Por el peso de la carga, los elásticos de la suspensión se curvaron hacia arriba.

Era urgente alivianarla. Salimos despacio hacia Pampa del Infierno (en invierno hacen 35 grados, de ahí el nombre), llegando casi cinco horas después.
En el cuartel de bomberos nos recibió Diego Bernard, el jefe. Luego de unos mates de rigor, les descargamos tres bolsas de ropa especial que nos habían donado (pantalones de trabajo, camperas con reflectivos y demás). Y les dejamos un par de bolsas con donaciones porque muchísimas veces ellos asisten a gente que se les quema todo y pueden darles una mano.

Nos mostraron el cuartel y los móviles. Pueden dar cátedra de orden, limpieza y corrección. Todo lo que tienen lo consiguen. Es más, al ser voluntarios, ninguno cobra sueldo. Todos tienen otros trabajos y, en su tiempo libre, prestan servicio en el cuartel. Hasta el gasoil para los móviles tienen que conseguir.
Escuchar sus relatos de servicio hace que cualquier película de cine sea una estupidez. Los bomberos voluntarios se juegan la vida por nosotros. Y gratis.

?Cuando ya nada se puede hacer, cuando todo está perdido, cuando nadie se atreve, cuando nadie llega, ahí empieza nuestro trabajo. Somos la última esperanza? La frase me pareció de un realismo enorme y me quedó grabada, no sé por qué.
A las 19.30, Carlos empezó el curso. Lo que estaba programado para dos horas duró casi cinco e incluyó prácticas de salvataje, inmovilización de víctimas y unas cuántas cosas técnicas más. El nivel de instrucción del cuartel era bueno y Carlos les brindó su vasta experiencia para perfeccionarse aún más. Aunque no lo quiera reconocer, Carlos fue la segunda persona en arribar al accidente de Lapa y rescató varias víctimas del fuego, lo que le valió una condecoración. Un tipo que redefine la palabra ?miedo?.

Además del cuartel en sí, tienen un sector donde funciona una escuela de instrucción para aspirantes. Finalizado esto, nos agasajaron con corderos y nos permitieron dormir en el cuartel.
Realmente las comodidades eran buenas y dormimos bien.
El día siguiente era definitorio. Debíamos repartir como fuera. Recordar que todos nos recomendaban esperar 72 o 48 horas, eventualmente.

DÍA 3
Pampa del Infierno ? Frentones ? Nueva Pompeya ? Comandancia Frías ? Fuerte Esperanza- Taco Pozo 730 kms (sin camino)

A las seis de la mañana, todos arriba. La decisión estaba tomada. Sólo habían pasado 24 horas de la terrible tormenta. Pero entramos igual, había que repartir.
Pasamos carga de la Gris a la Azul, bajamos los tacos de barro a 35 libras (55 en asfalto) y que fuera lo que Dios quisiera. Así empezó el día más fatídico de los nueve viajes.
A los 70 kms, había un planchón de barro enorme y muy largo. Encaró la Azul en simple y pasó con lo justo. Encaró la Gris y el barro era tan pero tan profundo que se salió de la huella, se puso de costado violentamente, perdió el control y encaró directamente a la zanja.

Tengan en cuenta que las Chatas estaban pasadas de kilos, lo que generaba una inercia enorme que se manifestaba especialmente cuando el piso estaba suelto. En criollo: ?tienen vida propia? y no responden al volante.
?Nos hundimos, está entrando agua rápido?, dijo Marcelo. ?¡Salgan por la ventana del conductor ya!?, ordenó Carlos. Al ver por el espejo que no estaban, nos asustamos. Retrocedimos y los vimos saltar de la Chata. No se lastimaron. Eso ya es mucho.

Cuando vimos la Chata de costado, casi a 90 grados, metida más de un metro en el agua dentro de la zanja, fue una imagen que me quedará grabada para siempre. Nos reunimos en el medio del barro y? todos se reían.



Esa risa casi desenfrenada producto del momento vivido. Parecía un chiste: todos mojados, metidos en el barro hasta las rodillas, la Chata hundida un metro en el agua de costado y cinco idiotas muertos de risa. Había que descargar la tensión.
Pasado ese momento, debíamos ver cómo sacar la Chata de ahí. No había forma, al estar de costado era peso muerto, clavada en el barro con carga plena. No había forma.

Con el equipo pensamos mil y una maneras de sacarla. Necesitábamos ayuda. Y en eso pasaron unos baqueanos en una ?moderna 4×4? (no vamos a decir la marca). Pararon (en lo seco), bajaron medio vidrio, les pedimos ayuda: ?¿No nos daría una manito, tenemos que sacarla, si tiramos con la Azul y ésta en tándem lineal, casi seguro que sale?
-?¡Nuuuuuuuuuuuu, mijito?! ¡Va a necesitar un tractor de rueda doble para sacar eso de ahí!? Cerraron el vidrio. Y se fueron. No lo podíamos creer. Ni se bajaron.

?Se terminó?, pensé. Estábamos solos. Pensamos en ir a buscar un tractor, pero? ¿dónde? Necesitábamos un tractor, un helicóptero o un milagro. No teníamos nada de eso. Pero teníamos a la Azul. La regla número uno del Impenetrable es simple: ?Te arreglás con lo que tenés?.

Sabíamos que, en el caso remoto de que la Azul pudiera sacar sola a la Gris, el costo sería altísimo mecánicamente. La posibilidad de romper toda la transmisión era enorme. Todo. Caja de cambios, reductora, cárdanes, diferenciales y palieres. El esfuerzo sería sobrehumano. La Azul tiene 32 años, tenía 2.700kgs arriba aprox. y este año solamente entró tres veces al Impenetrable.

Decidimos tirar para adelante porque estaba más seco y la Azul haría pie para traccionar. Enganchamos las lingas, la de acero y una ?especial doble de tela reforzada para 4×4 que soporta cualquier cosa sin cortarse?. Para enganchar la trompa de la Gris nos metimos, literalmente, abajo del agua.

Los que estábamos en la zanja estábamos con el agua arriba de la cintura. Sacamos lo electrónico de adentro y arreglamos que si daba una vuelta de campana, Claudio debía saltar por la ventana del acompañante.
Intento 1: en 4×2, con primera de fuerza. Ni se mosqueó.

Intento 2: en 4×4 alta, con primera de fuerza, a fondo. Patinaba de lo lindo y los tacos de barro cavaban trincheras en el piso. Empezó a mover a la Gris de a poco. La logró mover (todo por la zanja, semi de costado por el agua, unos 50 metros) y se trabó. La Gris se clavó.
Tira y nada. Tira y nada. Empiezo a tomar un poquito de carrera hacia atrás y avanzar despacio para que la inercia venza el obstáculo, pero? nada. Repetí la operación un poco más fuerte? y la teóricamente ?incortable linga especial para 4×4 y blablablá?? ¡explotó! No solo se cortó, sino que hizo ?púm? y saltaron los pedazos.

El Impenetrable es a prueba de Gerentes de Marketing. Ahí adentro se termina la fantasía y empieza la vida real.



La linga incortable, que se cortó.

Habíamos avanzado, pero estábamos peor. Y la Gris todavía dentro de la zanja, con un metro de agua. Atamos lo que quedó de la linga y tomamos la decisión de aplicar el último recurso. Era matar o morir.
Intento 3: 4×4 baja, con primera de fuerza.

Esta modalidad de la Azul jamás fue usada, porque la reducción es tal que pasa los 20 a 1. Convierte a la Chata en algo inmanejable, que ante el mínimo error rompe toda la transmisión. Es tal la fuerza que en primera se debe soltar el embrague extremadamente despacio para no romper los palieres. La velocidad máxima en primera de fuerza baja es de tres km/h.
Estábamos jugados. Empezó a tirar y no se movía. Suave con el acelerador, los tacos hacían túneles de subte en el barro y patinaban, pero en eso agarran lo seco. Apenas tuvo un poco de seco, la chata se convirtió en algo difícil de explicar.

Corcoveaba. Se sacudía. Temblaba. Pero empezó a moverse. Lento, pero iba.
?Ahora o nunca?, pensé. Pleno acelerador, Perkins a 3000 rpm (límite de giro) y ruido ensordecedor. Pensé que explotaba la caja. Se sacudía todo. Era como manejar un terremoto.
Pero iba. El olor a embrague quemado era insoportable.
Pero iba. Y seguía yendo. A paso de hombre?
Pero iba.
Hasta que finalmente, la sacó.

La Azul sacó a la Gris de la zanja con un metro de agua, arrastrándola de costado 150 metros por el peor barro del Impenetrable. Cuando salió, inmediatamente la dejé regulando en punto muerto para enfriar. Gritamos. Puteamos. Lloramos. Nos abrazamos. No lo podíamos creer. Simplemente no lo podíamos creer.

Desagotamos la Gris adentro (salieron sapitos) y chequeamos niveles. Había entrado agua en la caja de cambios y el diferencial, pero no en el cárter. Podíamos seguir.
La Azul estaba hirviendo, pero se fue enfriando, y el único efecto evidente era que el embrague había detonado. Detonado. Hacía ruido hasta cuando no estaba el pedal apretado. Pero andaba. Y la Gris andaba también.

Y como ambas andaban, decidimos seguir adelante, debíamos repartir. Solo nos quedaban por delante 650 kms de monte salvaje.
Seguimos rumbo norte con planchones de barro enormes, pero podíamos pasar. Empezamos a repartir. Ante cada ranchito (prohibido decir casa) parábamos y bajábamos a hablar con la gente y según, el grupo que encontrásemos, dejábamos cosas.
A medida que repartíamos, nos llamaba la atención una cosa en particular. La gente nos pedía agua y comida. Agradecían la ropa, los zapatos, pero nos pedían comida y agua.

Los niños, como ya mencioné en notas anteriores, merecen un párrafo aparte. Al recibir los juguetes, se les deforma la cara de alegría. Los ojos les brillan con una intensidad indescriptible. Ese brillo en sus ojos, ese destello de luz pura, limpia, sana, es el origen de todo. El tiempo y el espacio convergen en un solo lugar, es el momento en que se crea el Universo, el ?Big Bang? de la felicidad. No hace falta el colisionador de hadrones del CERN, ni el telescopio Hubble de la Nasa. Científicos del mundo: si quieren ver el origen de todo, el momento exacto de la creación, la partícula de Dios o como quieran llamarle, simplemente vengan al Impenetrable profundo y den un juguete a un niño.

Ahí están todas las respuestas.



A medida que avanzábamos, seguíamos repartiendo, pero en todos los puntos era igual. Nos pedían agua y comida. Teníamos, pero era para el colegio.
La idea era repartir todo en el monte, menos el agua y la comida que eran para el colegio. Saldríamos luego de repartir el sábado a la noche por Taco Pozo, la Gris volvería vacía el domingo y la Azul quedaría con la mercadería para llevar el lunes al colegio y después ya volver para Bs. As.

Pero era angustiante ver a la gente rogando por comida. Nos estaba afectando. Nos juntamos y decidimos repartir comida y algo de agua (que no teníamos tanta). Pasamos Nueva Pompeya y nos dirigimos a Comandancia Frías, el extremo Norte, cerca del límite con Salta.
Seguíamos repartiendo. Pero el tema de la desesperación de la gente nos empezó a afectar. Les dábamos alimentos y les cambiaba la cara.

?Voy a poder comer?, dijo una viejita. ?Qué rico, fideos?. ?Azúcar?. ?¡Arroz!?. Hasta un señor que se puso a llorar porque le dimos un paquete de yerba: ?Voy a poder tomar mate??
Es muy difícil describir lo que se siente. No me salen las palabras. Pensar que un compatriota nuestro llora porque recibe un paquete de yerba es inadmisible. Pero es así. Que un ser humano se alegre porque después de meses va a poder comer un simple paquete de fideos? un paquete de fideos.

Se nos mezclaba la felicidad de poder ayudarlos, pero la angustia de la gente que llegaba a tomarnos de la mano pidiendo comida era algo que no podíamos manejar. En lo personal, quien escribe, fue nueve veces al Impenetrable y ha recorrido miles de kilómetros viendo cosas horribles. Pero está claro que todavía no vi nada. Cada vez que uno entra de nuevo, el contador vuelve a cero y la experiencia anterior no sirve. Las cosas te afectan como la primera vez. Y cada vez te afectan más.

Que una persona te ruegue por comida en el medio de la nada, sabiendo que sos su último recurso, es algo que va más allá de lo que pueda escribir. Es algo definitorio en la vida de un ser humano.





Pero lo peor aún no había pasado.

¿Pensaron que pasó lo peor? Pues no. En el Impenetrable no hay peor, siempre se puede ver algo más terrible.
Encontramos nuevamente al señor desnutrido del viaje 2, 5 y 6. Está en el mismo lugar, en una situación de desnutrición pavorosa. Ya casi ni puede hablar, ni levantarse. No recuerda su nombre ni cuántos años tiene. Teníamos que contener las lágrimas. Le dejamos cosas. Le dejamos comida.

Hasta Carlos, que por su trabajo ha visto cosas que cualquiera de nosotros ni se imagina, se vio afectado. Muy afectado.
Las horas siguientes fueron durísimas. Todos en el límite del llanto. Los handies de las chatas permanecían en sepulcral silencio, sólo se usaban para lo estrictamente necesario.
Pero seguimos repartiendo. Hasta que llegamos a Frías de noche y paramos a descansar 20 minutos.

Ya habíamos pasado unos 400 kms, con semi vuelco incluido, en total 19 horas seguidas por el Impenetrable profundo con festivales de barro.
Mientras tomábamos algo para refrescarnos, pregunté si el camino para Taco Pozo (punto de salida) vía Montecristo estaba transitable. Por ese camino sabemos ir de memoria, aunque tiene 70 de los 280 kms casi intransitables. Pero como lo conocemos no nos perdemos. El hombre a quien le pregunté me dijo que no sabía y que, como había llovido tanto, no lo recomendaba, que en cambio tomara ?el nuevo camino?. El cansancio nos jugó en contra y decidimos ir por ahí. Gran error.

La instrucción era más o menos así: ?Vaya derecho, en la curva no doble, siga derecho, pasa una ?picada? (sendero abierto por el hombre), le da 55 kms y a mano izquierda hay un ?limpio? (pedazo de monte talado por el hombre de aprox 40 x 40) dónde hay un puesto (choza con alguien, sin luz en el medio de la nada) y lo ve a Serrano de mi parte. Él le indica. De ahí es cerquita?.

Lo explicó con la misma naturalidad que un porteño explica cómo ir de Retiro a Plaza de Mayo. Parecía un juego de niños. GPS Garmin de mano a 0 para medir los 55 kms justos y encaramos. A los 100 metros, antes de salir de Frías, la camioneta recibió un golpe tremendo, como un impacto de bala.
La confusión nos hizo dudar. Pero por seguridad no paramos. Para algunos era un tiro, para otros un piedrazo, para otros la caja de cambios que explotó. La cuestión es que seguimos unos kms y nos detuvimos. Chequeamos el lateral de la Azul y encontramos el terrible impacto. Un piedrazo filoso, tan pero tan fuerte, que abolló el guardabarros y casi cortó la chapa. Evidentemente nos habían tirado con una gomera profesional y lo peor es que nos tiraron artero, a pegar. Querían lastimarnos. Si le pegaba a alguno, Carlos se las vería de perillas para evitar que se desangrara.

Ahora, ¿quién fue? No lo sabemos. No vimos. Era de noche. No lo esperábamos. Pero sí tenemos certezas. No fue un niño travieso, porque la fuerza del impacto era de adulto. Tampoco fue con la mano, porque ese nivel de impacto es de gomera profesional (se usan para cazar, son casi equivalentes a un .22 en corta distancia).
¿Por qué? Tampoco lo sabemos.



Seguimos viaje. El cansancio era enorme. Y, como no podía faltar, a los 30 kms. ?, se cortó un palier de la Gris. Otra vez tirados en el medio de la nada misma, de noche, con la chata sin rodar. Claudio, sin dudarlo, nuevamente lo cambió en una hora (obviamente teníamos el repuesto).

Parece fácil, ¿no? Bueno, no lo es. Para nada. Pero en esos momentos en que el cansancio arrecia, el ánimo está por el piso, no tenés idea dónde estás, no ves nada, la Chata no anda y escuchás ruidos que ni en el cine escuchaste, en ese momento preciso es donde aflora lo mejor de LCS, ese espíritu de cuerpo, de equipo, de bancarnos el uno al otro en circunstancias inimaginables, haciendo chistes y dándonos aliento el uno al otro para nadie baje los brazos.
Al terminar de cambiar el maldito palier (que a esta altura ya es rutina) seguimos viaje.



¿Se acuerdan de las instrucciones de más arriba?

Bueno, la picada, el limpio, el puesto y el Sr. Serrano? nunca aparecieron. Cincuenta y cinco kms, nada. 60, nada. 70 nada. 80? nada. Pero nada de nada. Paramos. No podíamos pensar del cansancio.
No teníamos ni idea. Pero ni idea, de dónde estábamos. Fue la segunda vez que realmente me preocupé. Y mucho.

Luego de arduos debates en el medio de la noche, decidimos ir a lo que parecía más cerca, un poblado a unos 50 kms. Saltando pozos, por un camino deshecho, llegamos a Fuerte Esperanza, que es precisamente donde no queríamos ir. Nos habíamos desviado para el otro lado la friolera de 150 kms. Habían pasado 23 horas. De Fuerte a Taco hasta nuestra querida Picada 8, detonada, son solo 190 kms, un paseo. Con las últimas fuerzas encaramos. Cuatro horas después llegamos a Taco.

Noten por favor que todo esto pasó en un día: 27 horas non-stop por los confines del Impenetrable, hasta salir.
Semi vuelco, desencajada de zanja, embrague cocinado, ataque con piedra, palier cortado, desorientación épica, desvío involuntario de 150 kms y todo esto sin tener en cuenta la parte emocional del reparto.

Habíamos manejado 730 kms en 27 horas repartiendo sin parar. Fue el día más largo y agotador de toda la historia de LCS.
Para rematarla, Claudio se desvaneció en la cama del hotel. Y sintió algo raro que caminaba en el colchón. Era un escorpión bebé.
Al despertarnos, le reclamó a la persona del hotel, que contestó lo siguiente: ?Ah, sí. Me olvidé de avisarle. Hay plaga, pero son bebés y cuando pican se hincha todo y te queda doliendo 15 días, pero no es nada, no son venenosos?.

***
DIA 4

A la tarde, al despertarnos, la Gris que ya estaba vacía volvió a Bs. As, llegando 22 hs después sin mayores novedades. La Azul descansó todo el día en el hotel.
Y los que nos quedamos también. Con los escorpiones bebé, que si te pican no es nada. Escorpión bebé da hasta ternura, como ganas de abrazarlos, pero son unos bichos agresivos y pican feo. Si así son los bebés, mejor no conocer a los papás.
Pero estábamos tan cansados que dormimos igual. No importaba nada más que dormir.

***
DIA 5

A las 7 am nos entrevistamos en el pueblo con conocidos y salimos para el colegio de Ojo de Agua. Llevábamos unos 500 kilos de comida. Llegamos 1.30 horas después y estuvimos varias horas con la comunidad (unas 13 familias) en el colegio dónde nos informamos de las novedades, controlamos el dormitorio que estuviera en perfecto estado y obviamente les llenamos el depósito de comida.
Almorzamos ahí y pintaba un día tranquilo, luego volveríamos directamente a Buenos Aires.
Pintaba.

En 30 minutos se nubló mal. Y empezó a llover. Otra vez. Nos queríamos morir?
?¡Una tregua por favor! Por favor una tregua, otra vez barro no, por favor?? Pero no hubo caso. Nos despedimos y salimos vacíos, lo más rápido posible para llegar al asfalto. Fueron 100 kms de costado, en el barro, por un camino deshecho, a los saltos y golpeando la Chata sin piedad.

Con lluvia. Y barro.

Pero salimos. Llegamos al asfalto. No lo podíamos creer.
Respirando tranquilos, encaramos la vuelta a Bs. As., parando a dormir a mitad de camino.

***
DÍA 6
Arribó la Azul sin mayores novedades.
***

DIA 0 (cero)
Queremos dedicar este párrafo especial a todos los que vinieron ese sábado a clasificar e hicieron una labor impecable. Sin ustedes no hubiese sido posible, realmente nos alivianaron la tarea de una manera enorme. Eternas gracias, y los esperamos el año que viene?



CONCLUSIONES

A nivel mecánico, si bien llegaron muy golpeadas, las chatas se reparan y estarán operativas 100% en un mes. El nivel de maltrato y exigencia excede lo que podamos explicar. Nunca, nadie, jamás puede imaginar lo que soporta una F100. LCS puede hacer lo que hace porque existen las F100.

Las F100 no te dejan. Vuelven andando. Arrastrándose, pero vuelven. Nobleza a prueba de tiempo. Son a prueba de gerentes de Marketing. Son la realidad. Como dije antes: ?En el impenetrable se termina el marketing, los turbos, las cajas de 5ta, 6ta, 8va, las ayudas electrónicas y la pantallita de colores con blutú?.

Y empieza la vida real.
A nivel emocional, fue muy feo notar la desesperación de la gente por comida y agua. Te ponen sin quererlo en un lugar horrible. Tener que decidir a quién le das qué cosa es horrible. Querés dar todo a todos, querés que nadie tenga hambre ni sed, querés que no pase lo que ves?
Pero pasa.

Todos sabemos por qué, así que no perdamos nuestro tiempo hablando de política.
Pero sepan una cosa: LCS sabe que no es la solución. LCS sabe que lo que hacemos no es nada. LCS sabe que no puede ganarle la guerra al hambre y a la sed. Pero aún sabiendo que la guerra no la podemos ganar, daremos batalla. LCS no baja los brazos. Nunca. LCS somos todos, son ustedes que confían en nosotros y nos dan sus cosas, los que clasifican, los que vienen a nuestros eventos, los que nos mandan mails, los que comentan en internet, los que nos ven por tele y los que nos escuchan por radio.

Jamás nos damos por vencidos ni aún vencidos.

Y al imbécil que nos atacó, en diciembre próximo volveremos a Frías. Esperamos poder ?dialogar cordialmente? o ?no cordialmente?, lo que prefiera, pero seguro vamos a seguir pasando por ahí.

La violencia no es el camino.

¿Se acuerdan de la frase del jefe de bomberos? ?Cuando ya nada se puede hacer, cuando todo está perdido, cuando nadie se atreve, cuando nadie llega, ahí empieza nuestro trabajo, somos la última esperanza?

Cualquier similitud con LCS es pura coincidencia?
Por último, insisto: científicos del mundo, si quieren descubrir el origen de todo, vengan al impenetrable profundo y den un juguete a un niño. En esa mirada están todas, absolutamente todas las respuestas que buscan.

Pero eso sí. Vengan en una F100. Si no, no pasan.


Travesía solidaria a chaco: ?Por favor una tregua?
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3 Comentarios Travesía solidaria a chaco: ?Por favor una tregua?
Mira que lindo, nose si seras vos el que hizo el viaje y el post, pero asi es chaco, yo soy de castelli y conosco todas las zonas que se visitaron, nosotros como chaque?
Muy buen relato, y muy buena obra de solidaridad. Son unos genios. Y grande las F-100! (fierros brutales)
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