Fantasías sexuales: buenas, feas y las malas

  • Categoría: Femenino
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Fantasías sexuales: las buenas, las feas y las malas






En la entrevista icónica que François Truffaut realizó a Alfred Hitchcock, quizás una de las conversaciones más relevantes de la historia del cine, el director francés le preguntó al realizador inglés sobre las razones que le llevaban a elegir siempre un perfil muy concreto de actriz. ?¿Por qué elijo mujeres rubias y sofisticadas en mis películas??, puntualizó Hitchcock. ?Buscamos mujeres de mundo, verdaderas damas que se transformarían en prostitutas en el dormitorio?.
Como es bien sabido, Hitchcock se enamoraba de sus actrices. Ingrid Bergman y Grace Kelly le traían loco, pero le dieron calabazas. No obstante, sus fantasías sexuales quedaron bien reflejadas en su filmografía, donde abundan los dobles sentidos de carga sexual, que han dado lugar a cientos de lecturas psicoanalíticas que ven falos en cualquier plano. Más allá de lo exageradas que puedan ser algunas interpretaciones, no cabe duda de que el contenido sexual de películas como Vértigo es indiscutible.

El psicólogo estadounidense Max Belkin cree que la filmografía de Hitchcock es un buen ejemplo de las tensiones eróticas que experimentamos todos en nuestro día a día. En su opinión, nuestros deseos sexuales se pueden dividir en tres categorías, también cinematográficas: los buenos, los feos y los malos.

?A medida que crecemos?, explica Belkin en un artículo en Psychology Today, ?aprendemos que entre nuestras fantasías hay algunas que se consideran aceptables (buenas), otras inaceptables (malas) y otras que ni siquiera puedes comentar (feas). Debido a esto, vinculamos nuestras fantasías eróticas buenas a una visión positiva de nosotros mismos, y los deseos malos o feos nos provocan sentimientos de culpa y vergüenza?. El problema es que, como en la película de Sergio Leone, el bueno, el feo y el malo no actúan por separado, y todos tienen su función, como en las películas de Hitchcock.

Las fantasías buenas (Vértigo)

Las fantasías eróticas buenas son aquellas que aparecen asociadas al amor romántico. Nos ayudan a crear una versión idealizada de la persona que amamos y nos ayudan a mejorar nuestra autoestima.

En Vértigo (1958), Hithcock entrega a su protagonista, John ?Scottie? Fergunson (James Stewart), a una fantasía de este tipo. El detective, desempleado y avergonzado, se encuentra irresistiblemente atraído por la misteriosa, hermosa y mentalmente inestable Madeleine (Kim Novak). El amor que John siente por Madeleine le permite jugar al mismo tiempo a detective, analista y amante, lo que refuerza su frágil identidad masculina.

Las fantasías malas (Rebeca)

Las fantasías eróticas malas son aquellas que experimentamos de forma consciente e inconsciente, pero nos parecen reprobables.

En Rebeca (1940), la primera película que Hitchcock rodó en Estados Unidos, el director explora una fantasía de este tipo, donde se mezcla el amor homosexual, la lujuria y la promiscuidad. Dada las recatadas costumbres sexuales de los años 40, los deseos de Rebecca resultaban tan perturbadores que tuvo que cambiar el guión para quemar vivo a su presunto amor lésbico.

Las fantasías feas (Psicosis)

Las fantasías feas son las peores de todas, las que ni siquiera estaríamos dispuestos a compartir, no sólo porque sean criticables socialmente, sino porque nos avergüenzan a nosotros mismos.

En Psicosis (1960), el posadero Norman Bates (Anthony Perkins) mantiene un trastorno de doble personalidad que le hace actuar como su fallecida madre, y que le lleva a asesinar, en la famosa escena de la ducha, a su inquilina. Sus fantasías, abiertamente sexuales en algunas escenas, bordean la locura en todo momento.

Los entresijos de la mente erótica

Belkin cree que en nuestros pensamientos eróticos hay lugar para todo tipos de spin-off de las películas de Hitchcock. En su opinión, podemos amar desesperadamente a una persona, pero tener un intenso deseo sexual con una segunda, y fantasear de una manera muy fea con una tercera. Y lo que es más difícil, podemos tener estos distintos impulsos sobre la misma persona. Todo depende de la habilidad que tengamos para mantener cada deseo sexual en su sitio, sin confundirlos, y de que no llevemos a la práctica ciertas fantasías feas que no deberían dejar de ser fantasías.

El sexo, no obstante, requiere que canalicemos nuestros impulsos animales más agresivos sin que estos perturben nuestra relación amorosa. Y para ello deberemos dar rienda suelta a los tres tipos de fantasías sexuales. La canalización de estos deseos incontrolables nos permitirá resolver el conflicto que todos tenemos entre el amor y la lujuria. Su absoluta represión, por el contrario, no conduce a nada bueno. Nuestra salud sexual, explica Belkin, depende en gran medida de que sepamos llevar a la cama nuestras fantasías de forma agradable y creativa, y que sepamos comprender y valorar los deseos de nuestra pareja, sin que estos nos escandalicen. Cumplir sólo con nuestras fantasías buenas, pensando que el resto de deseos que pasan por nuestra cabeza son perniciosos, sólo conduce a la monotonía y la frustración.




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