Freedom30
"El último destino del hombre es... el olvido."

El sapo que causó un suicidio



Los sapos tienen curiosos hábitos de apareamiento. La mayoría lo hacen en el agua: el macho se adhiere a la hembra, por semanas si es necesario, hasta que ella produce los huevecillos que él fertiliza. Para sostenerse sobre la resbaladiza piel, el macho desarrolla en cada extremidad un cojinete oscuro, provisto de espinas.



El sapo partero es distinto: se aparea sobre tierra. Y por ello los machos no desarrollan "cojinetes nupciales". Pero, en 1909, el biólogo austriaco Paul Kammerer declaró haber criado varias generaciones de estos sapos a los que sí les habían crecido tales cojinetes. 


Kammerer los mantuvo en un ambiente cuyas condiciones los obligaron a aparearse en el agua. Para adaptarse a tales condiciones, el macho descendiente de estos sapos parteros desarrolló cojinetes nupciales imperfectos, los cuales estuvieron totalmente desarrollados en la siguiente generación. 



Hembra de sapo partero, Alytes obstericans.




El trabajo de Kammerer hizo furor entre sus colegas. Parecía confirmar la teoría, ya abandonada, expuesta 100 años antes por el naturalista Jean Baptiste Lamarck, quien afirmaba que las adaptaciones físicas de los animales al ambiente eran susceptibles de transmitirse a su progenie. (Si así fuera, los callos que se le forman a un carpintero aparecerían en las manos de sus hijos.) Los genetistas modernos, por más que investigan, no dan con los mecanismos físicos que transmitan dichas adaptaciones. Los sapos parteros de Kammerer parecían haber logrado lo imposible. 






Prueba... entintada 


Algunos científicos enfurecieron con la afirmación de Kammerer e iniciaron un ataque mordaz que duró varios años. Finalmente, en 1926, uno de ellos visitó Viena y disecó uno de los polémicos sapos. Las espinosas cerdas del animal (ejemplar único, pues los demás desaparecieron durante la Primera Guerra Mundial) se habían quebrado por la constante manipulación. Sin embargo, faltaba lo peor - se encontró que la mancha en la piel del sapo se debía a una inyección de tinta india. No había indicio alguno de que el animal hubiese tenido jamás cojinetes nupciales. 


Kammerer admitió pesaroso la presencia de tinta, pero dijo no saber nada sobre el fraude. Varios años antes, el mismo sapo había sido examinado por dos grupos independientes de científicos. Ambos habían reconocido los cojinetes nupciales, sin haber advertido signo alguno de tinta inyectada. 


Semanas después de la publicación de la alteración, Kammerer, de 46 años, se quitó la vida. ¿Había falsificado sus resultados? Si bien ningún otro científico ha repetido los experimentos con éxito, él no dio a sus sapos la importancia que otros sí les concedieron. Kammerer sugirió que los cojinetes nupciales eran producto de un "retroceso" genético a una época anterior a que los sapos parteros evolucionaran a aparearse en tierra. 




Nadie sabe quién inyectó la tinta en la piel del sapo. Kammerer tenía una sólida reputación, destacada por su rectitud. El responsable pudo haber sido un asistente ansioso de acicalar al maltrecho sapo; o quizás uno de sus críticos, en un intento de sabotear las pruebas que quedaban de los experimentos. 


Poco antes de morir, Kammerer estaba en la ruina y envuelto en una tortuosa aventura amorosa. La idea de que alguien pudo haberse sentido tan amenazado por su trabajo que echó a perder el espécimen para desacreditarlo pudo haber sido, sencillamente, el golpe de gracia para el biólogo austriaco. 





El sapo que causó un suicidio
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7 Comentarios El sapo que causó un suicidio
porq entre tantos buenos aportes q hiciste, llegas a poner este tipo de post. Todos tenemos malos dias pero llegar a esto?
@Freedom30 si yo creara un post por cada cosa curiosa q me entere en el dia, creeme q esto ya se llamaria identinga
A la plena que no dan ganas de leer  
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