Uruguay: La CIA y los Tupamaros.

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La CIA en Uruguay Philip Agee.






La injerencia norteamericana en los asuntos internos de Uruguay y otros países después de la segunda guerra mundial fue una de las denuncias más escandalosas que el ex agente de la Central de Información e Inteligencia Philip Agee realizó en 1975, cuando escribió su libro ?La CIA por dentro. Diario de un espía?.

Agee, quien falleció en La Habana el 7 de enero, desertó de la CIA luego de doce años. Sus libros ?Guerra Sucia? y ?La CIA en Europa Occidental?, desenmascararon operaciones encubiertas y se convirtió en un objetivo de la propia CIA. En 2000, fundó la agencia de viajes ?Cubalinda? para romper el bloqueo turístico a la isla.

El 22 de marzo de 1964 lo transfirieron a Montevideo, donde permaneció como espía estadounidense durante dos años, en los que realizó múltiples misiones de infiltración, que narra con detalle en el diario de actividades publicado en su libro ?La CIA por dentro. Diario de un espía?.

Agee explica que en Uruguay sus ?objetivos? eran el Partido Comunista (PCU), la Confederación de Trabajadores del Uruguay (CTU), la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay (FEUU), el Partido Socialista del Uruguay (PSU), el Movimiento Revolucionario Oriental (MRO), trotskistas y anarquistas, exiliados argentinos y paraguayos y las misiones diplomáticas de la Unión Soviética, Cuba, Checoslovaquia, Polonia, Bulgaria, Hungría, Rumania y Yugoslavia.

Algunas páginas del diario de Agee, permiten hoy mirar en perspectiva la realidad uruguaya de mediados de los años sesenta y los movimientos que la base de la CIA realizaba en Montevideo, con colaboración de personalidades políticas, militares y policiales que años más tarde tendrían un singular protagonismo en el país.

 

La llegada a Montevideo.

?Montevideo, 22 de marzo de 1964.?

?Hasta hace alrededor de un año, la estación de Montevideo mantenía las típicas operaciones políticas anticomunistas, como las que se realizan en otras estaciones del hemisferio, y de éstas las más importantes eran efectuadas a través de Benito Nardone, dirigente de la Liga Federal de Acción Ruralista y presidente de Uruguay en 1960-61. Otras operaciones se realizaban para controlar las calles y ?limpiarlas? de comunistas y otros izquierdistas, y nuestros escuadrones, con la eventual participación de policías fuera de servicio, podían disolver reuniones y generalmente los aterrorizaban. En los interrogatorios se acostumbraba torturar a los comunistas y otros izquierdistas de extrema, cosa que hacían nuestros agentes de enlace en la policía. Un hecho sobresaliente fue la expulsión, en enero de 1961, justo antes del término de la presidencia de Nardone, del embajador de Cuba, Mario García Incháustegui, junto con el primer secretario de la embajada soviética, por supuesta intervención en los asuntos uruguayos??.

?Estas operaciones se han expandido, tanto como las de ECACTOR en Ecuador, bajo la dirección de Tom Flores que se hizo cargo en 1960 como jefe de estación. Sin embargo, cuando llegó el embajador Wymberly Coerr en 1962, insistió en que Flores terminara con la intervención política con Nardone y con las operaciones militantes, que habían provocado varias muertes y les habían dado a los comunistas suficientes víctimas para sus campañas de propaganda contra el gobierno de los ?fascistas blancos?. Flores se resistió y, en 1963, el embajador Coerr consiguió que Flores fuera transferido y cesaran estas operaciones. En reemplazo de Flores vino Holman, pero él ha mantenido discretas comunicaciones con Nardone, sólo para recolectar información y sin que tengan implicaciones de acción política. En este momento, Nardone está en una etapa terminal de cáncer, y por propósitos prácticos todas las operaciones con él han terminado?.

 

El exilio de Joao Goulart.

?Montevideo, 24 de abril de 1964?

?Acabamos de tener la visita del nuevo jefe de la División WH, Desmond FitzGerald, quien está recorriendo las estaciones. Holman ofreció un lunch para todo el personal de la estación con sus esposas, y en la oficina cada uno de nosotros tuvo una corta reunión con FitzGerlad para explicarle sus operaciones. Se mostró satisfecho con el reclutamiento del cubano, pero sospecha que puede haber sido provocado, por el alto estimado que dio de la producción de azúcar: en vez de cinco millones de toneladas, según FitzGerald, la producción de este año es menor de cuatro millones. Me alentó para que tratara de hacer un reclutamiento aceptable del oficial de códigos de la embajada cubana aquí. Cuando le contamos que una de las oficinas de nuestra estación tiene una pared común con un departamento que nosotros no controlamos en el edificio contiguo, ordenó que se colocara de inmediato un cartel sobre esa pared que diga: ?¡Esta habitación tiene micrófonos!?. También en la CIA el rango tiene privilegios?.

?FitzGerald estuvo muy insistente en que la estación de Montevideo le dedique atención al apoyo del nuevo gobierno militar brasileño a través de recolección de información y operaciones de propaganda. Holman le ha dado a O´Grady la responsabilidad de los problemas brasileños, y la estación de Río va a ayudarlo enviando a uno de sus agentes como agregado militar a la embajada de Brasil. Es el coronel Cámara Sena y va a llegar en estos días. O´Grady va a tener reuniones con él y lo va a ayudar a desarrollar operaciones para infiltrarse en la comunidad de exiliados de ese país?.

?A pesar de la popularidad de Goulart en Uruguay, el CNG votó ayer a favor de reconocer el gobierno brasileño, lo que va a servir para aliviar tensiones. Y Goulart ha sido declarado asilado político en vez de refugiado, que es un estatus que le podía permitir mayor libertad para actividades políticas?.

 

Los ?contactos? de la CIA.

?Montevideo, 15 de julio de 1964?

?El cuartel general nos ha enviado un extraño despacho, que Holman cree es el preludio para que volvamos a operaciones de acción política. Como organización previa, Holman me dio la responsabilidad de informar los progresos y de desarrollar nuevos contactos políticos. El mantendrá encuentros más seguidos con la señora de Nardone y con Gari, y pronto me va a presentar a mí a otro líder ruralista, senador Wilson Elso, que es diputado federal. Por el momento no vamos a contactarnos con el otro líder ruralista, senador Juan María Bordaberry, porque él ya está en contacto continuo con el embajador Coerr, y Holman no quiere tener problemas con él. La importancia de los ruralistas es que ellos ya han anunciado su respaldo a la reforma constitucional, a fin de que Uruguay vuelva a tener un presidente fuerte. Los otros partidos se oponen abiertamente a esa reforma?.

?Además de los ruralistas, Holman me pidió que comenzara a entrevistarme con algunos de los líderes liberales de las secciones legítimas del Partido Colorado, especialmente la Lista 15 y la Lista 99. Estas dos facciones van a estar en el grueso de las elecciones en 1966, y también constituyen un potencial atractivo para agentes de acceso en el programa de operaciones soviéticas?.

?Al tratar el tema de la expansión en los contactos políticos, Holman dijo que teníamos que ser muy cuidadosos para evitar que nuestro embajador tuviera la más mínima razón para sospechar que estamos volviendo a las operaciones de acción política. Cuando sea el momento, la decisión va a ser tomada en Washington y se le va a informar al embajador por los canales correspondientes?.

 

La ruptura con Cuba.

?Montevideo 12 de setiembre de 1964?

?Esta mañana se rindieron los manifestantes que tomaban la Universidad y se les permitió retirarse después de haberles tomado las huellas digitales, fotos de identificación y sus datos biográficos. Se arrestó a cuarenta y tres no estudiantes entre las cuatrocientas personas que salieron?.

?En el aeropuerto esta tarde había varios miles de personas que fueron a despedir a los cubanos. Cuando la policía trató de
hacer que los manifestantes retrocedieran y se colocaran a cierta distancia del edificio principal estallaron los disturbios que terminaron en una batalla campal. La policía se impuso con cierta facilidad usando sus efectivos de caballería en las áreas abiertas de los alrededores del aeropuerto, pero hubo muchos heridos de ambos bandos?.

?Como los diplomáticos uruguayos (y agentes nuestros) que trabajaban en La Habana se vuelven a Montevideo, se suspende la tarea de la estación de Miami en la que Roosen y Gonçalves trataban de sonsacarle información a Earle Pérez Freeman. Si bien Suiza se va a hacer cargo de los asuntos uruguayos en La Habana, el embajador uruguayo se quedará todavía para cerrar la embajada y transferir a los ocho asilados, incluyendo a Pérez Freeman, a otra embajada.?

 

Las torturas y Otero.

?Montevideo, 28 de octubre de 1965?

?La única razón por la que el estado de sitio todavía no ha sido levantado es que Arizaga sigue en malas condiciones; si fuera liberado podría demostrar que fue torturado, y si no hubiera estado de sitio, seguramente habría manifestaciones contra el jefe de policía, que es lo que los ?blancos? quieren evitar, y así proteger a él y al ministro del Interior, Adolfo Tejera. El caso Arizaga, de hecho, está causando serias fricciones entre ambos, y los ?colorados? quieren sacar de esto provecho político?.

?Por medio de la misión de Seguridad Pública yo he pedido que envíen al comisario Otero, jefe de Inteligencia de la Policía, a un curso que comenzará en enero en Washington, en la Academia Internacional de Policía. Es unas doce semanas en la Academia. Otero recibirá entrenamiento oficial de operaciones de inteligencia. He pedido que la Oficina de Entrenamiento se concentre en vigilancia física y en operaciones de infiltración en partidos comunistas ­búsqueda de blancos, reclutamientos, manejo de agentes-. Quizás con suficiente entrenamiento de oficiales como Otero la policía podrá reclutar agentes y pagarles por información en vez de aplicar la tortura?.

?Dios sabe que Otero necesita este entrenamiento, pues también está mezclado, desde marzo, en el caso Cukurs (un sucio caso de secuestro de un ex nazi). Finalmente Cukurs fue cremado, y hace unos días Otero entregó las cenizas a su hijo junto con un puente dental. El hijo y el dentista de la familia de Cukurs, sin embargo, dijeron a la prensa que su padre nunca había usado una prótesis dental, así que ahora Otero está buscando otro cuerpo?.

 

Los nuevos ?amigos?.

?Montevideo, 24 de diciembre de 1965?

??Hoy liberaron a siete de los banqueros que habían sido detenidos por fraude en abril (no fue un castigo justo, si se considera todo el dinero perdido)?.

?Le hemos hecho una visita al nuevo ministro del Interior, que está ansioso por que se mantenga la operación AVENGEFUL, y para ello ya ha dado instrucciones al nuevo jefe de policía. El ministro Storace es el negociador del gobierno con los sindicatos y nos pidió que, para mantener la presión sobre los sindicatos y los soviéticos, trabajáramos junto al nuevo director de Inmigraciones, Luis Vargas, que está desarrollando un nuevo plan en relación con las misiones diplomáticas comunistas en Montevideo. Horton me pidió que me hiciera cargo de las tareas al lado de Vargas, a quien conocimos en nuestra segunda entrevista con Storace?.

?Horton y yo también nos hemos comunicado con el nuevo jefe de policía. Rogelio Ubach, quien nos presentó al teniente coronel Amaury Prantl, nuevo jefe de la Guardia Metropolitana y supervisor de nuestro LP de AVENGEFUL.

Ubach desea continuar y expandir el programa AID de Seguridad Pública, que está llegando a su primer año. Además de los equipos y del entrenamiento de los oficiales en Montevideo, se ha enviado a diez oficiales de la policía a un entrenamiento especial en la Academia Internacional de Policía de Washington, lo que costará a la Agencia unos 300.000 dólares.?

Fuente: El Uruguay de Philip Agee.


Entre los oficiales de la CIA que operaron en Uruguay bajo ficticia cobertura diplomática, Agee identifica a los jefes de estación Tom Flores (hasta 1963), Ned Holman (1963-1965), John Horton (1965-1968), Richard Sampson (1968-1970) y Gardner Hathaway (cuya presencia registra en 1973) ; los subjefes Gerald O'Grady, John Cassidy, Comer Gilstrap y Fisher Ames ; los oficiales de operaciones Michael Berger, Paul Burns (especializado en infiltración en el Partido Comunista), Fred Morehouse (jefe del equipo de vigilancia radiofónica, trasladado en 1966 a Venezuela), William Cantrell, Juan Noriega, Russell Phipps (encargado de las operaciones contra los soviéticos en 1964), William L Smith y Alexander Zeffer (encargado de operaciones laborales).


Fuente: La  estacion Montevideana de la CIA.







 Howard Hunt, un hombre clave de la CIA, a los 88 años, reveló sus acciones en la Agencia. Entre ellas, las cumplidas en nuestro país a fines de los años 50, en especial con Benito Nardone, "Chicotazo", quien presidiera el Consejo Nacional de gobierno durante 1960. El libro editado por editorial planeta es de Raúl Vallarino y se titula "Expediente Nardone, la CIA en Uruguay" y toma aspectos de las memorias del agente de la CIA, que luego encabezó la invasión a Cuba en Playa Girón e incluso estuvo en el Watergate.




Según el libro de Vallarino El expediente Nardone: La CIA en Uruguay, ?desde 1957 el jefe de la CIA en Uruguay era Howard Hunt, quien encubría su trabajo ilegal de espía bajo su puesto de primer secretario de la Embajada de los Estados Unidos. Una de sus labores era infiltrar al Partido Comunista.
El espía, en sus memorias, describió a Montevideo como una ciudad pacífica y se asombró de ver sus playas atestadas de gente en horarios de labor. ?¿Quién trabaja en este país??, se preguntó.
En su libro ?American Spy: My Secret History in the CIA?, Hunt escribió sobre su trabajo en Montevideo:
??El personal de mi delegación había incorporado dos expertos en asuntos soviéticos, ambos conocedores de ruso y también incorporé a la organización a un experto en el Partido Comunista, que había trabajado bajo mis órdenes en México. Formamos equipos móviles de vigilancia, controlados por radio, logramos tener gente infiltrada en el Partido Comunista Uruguayo, 53, y nos familiarizamos con las caras y actividades de la nutrida representación que la KGB tenía en la embajada soviética?.



Benito Nardone entra  en acción.

De acuerdo al libro ?en 1958, el jefe de la CIA conoce a Benito Nardone y comienza a asesorarlo en distintos temas. Las consultas de quien llegaría a ocupar el cargo de presidente del gobierno colegiado, se hicieron cada vez más frecuentes. Hunt y Nardone llegaban a reunirse tres días a la semana para discutir la situación política del país, entre otros asuntos de seguridad.
En junio de 1960, Hunt cesa en su misión en Uruguay y regresa a su país. Debía hacerse cargo de un importante operativo.
El 17 de abril de 1961, con una fuerza de exiliados cubanos, la CIA intenta invadir Cuba a través de Bahía de Cochinos. La invasión fracasa. La operación fue dirigida por Howard Hunt y Richard Bisel. Hunt siempre manifestó no estar de acuerdo con el plan militar utilizado en esa ocasión.
Pero la historia de Hunt no terminaría allí. Aunque en 1970 abandonó su trabajo en la CIA, reapareció dos años después al frente de los llamados ?fontaneros? que realizaron el espionaje en la sede del Partido Demócrata en el escándalo del caso Watergate.
Cuando lo atraparon, sus descargos no convencieron a nadie: ?Lo hicimos para comprobar ?señaló? si Fidel Castro había ayudado con fondos a la campaña del candidato demócrata de izquierda, George McGovern?.
Hunt fue condenado a 33 meses de cárcel y su mentor, el presidente Richard Nixon, debió renunciar a su cargo.
Howard Hunt, el hombre empleado para trabajos ultrasecretos, que vivió en Uruguay encubierto como diplomático y que asesoró a Nardone, murió en un hospital de Miami, el 23 de enero de 2007, como consecuencia de una neumonía. Su deceso se produjo a los 88 años?.

 Un amigo se va  pero llega otro.

De acuerdo al relato, ?luego que Howard Hunt se marchara del Uruguay, la jefatura de la CIA en Montevideo fue ocupada por Thomas ?Tom? Flores, un agente de importante trayectoria en los Estados Unidos dentro de los servicios de Inteligencia. Considerado como un hombre de bajo perfil, pero de decisiones firmes, hizo que las operaciones contra la izquierda se incrementaran a partir de 1960.
Este se reunía asiduamente con Nardone para evaluar lo concerniente a la amenaza comunista en el país. En esos días, la labor de los estadounidenses se veía extraordinariamente beneficiada, tenían como su principal agente al presidente del Consejo de Gobierno.
En mayo de 1960, los consejeros analizan una solicitud del embajador de Cuba en Uruguay, para que se invitara al presidente cubano Osvaldo Dorticós a visitar el país.
Se produce un encuentro entre Tom Flores y el presidente Nardone, donde se discute la solicitud cubana.
Un testigo avala que esa reunión efectivamente se realizó.
Luego de esa conversación, un informe de la CIA anticipa la resolución que adoptaría el gobierno uruguayo y los pasos que daría para no invitar a Dorticós?.
El libro cita textualmente el documento que se titula ?Uruguay rechaza al presidente cubano. Informe de la Agencia Central de Inteligencia, CIA ? 12 de mayo de 1960?.
El informe dice textualmente: ?El Consejo Nacional de Gobierno decidió rehusar la solicitud cubana para una invitación oficial al presidente (Osvaldo) Dorticós, que esperaba visitar Montevideo en su regreso de las celebraciones del día de la Independencia Nacional Argentina, el 25 de mayo. Brasil ha invitado a Dorticós.
De acuerdo a una fuente usualmente confiable, el presidente uruguayo Nardone notificará al embajador cubano de la resolución del Consejo de Gobierno, dándole una excusa.
En el mismo momento Nardone le dirá al embajador, que el Consejo está sorprendido sobre las actividades de propaganda realizadas por la embajada cubana, que algunos miembros del Consejo creen que están en el límite de la intervención en los asuntos internos uruguayos.
Presumiblemente el cultivo de relaciones que ha hecho la embajada cubana con sindicatos laborales antigobierno, y con radios que emiten programas fuertemente antiamericanos, están dentro de las actividades que más llaman la atención al Consejo.
El gobierno también teme que la visita de Dorticós desencadenará demostraciones de estudiantes pro cubanos, como las que tuvieron lugar durante la visita del presidente Eisenhower, en marzo, y posiblemente también demostraciones en contra de las reformas económicas del gobierno?. *




Fuente: Hunt,el agente de la CIA asesor de Nardone.




Dan Anthony Mitrione.


Era el final de los años 1960 y el comienzo de los años 1970. Uruguay atravesaba una severa crisis económica bajo el gobierno de Jorge Pacheco Areco (1967-1972). El famoso acuerdo de austeridad firmado en 1968 con el Fondo Monetario Internacional sumergió a este diminuto país en caos con más de 7,000 huelgas de trabajadores, marchas de protesta, censura de la prensa, y para el colmo del gobierno, los "Robin Hoods locales", los Tupamaros, llamados cariñosamente por el pueblo Tupas habían incrementado sus acciones. Eran estos misteriosos, bien informados y bien educados revolucionarios que dejaban sin paz y frecuentemente sin sueño a Mister Mitrione.


Experto norteamericano en torturas, llegado al Uruguay enviado por la CIA en un programa clandestino y secreto que comprendía toda América Latina, cuyo fin era coadyuvar a destruir a las fuerzas insurgentes de la izquierda.

Un testimonio de su siniestra actividad se tiene en el libro Pasaporte 11333. Uruguay. Ocho años con la CIA, del agente cubano Manuel Hevia Cosculluela (Ed. Ciencias Sociales, La Habana, 1983): ?El nuevo asesor ?escribió? se reservaba como tarea principal el adiestramiento de ciertos oficiales y policías en la técnica de interrogatorios a detenidos políticos". Por Cantrell (otro miembro de la CIA) "sabía que esa había sido su principal actividad en Brasil. (...) Habíamos obtenido una casa en Malvín, la cual reunía los requisitos mínimos: sótano adaptable a modo de pequeño anfiteatro, provisto de aislantes a prueba de sonidos, garaje con puerta interior a la residencia y vecinos distantes. A partir de ese momento, Mitrione comenzó a transformarse hasta convertirse en un perfeccionista que lo verificaría todo personalmente. (...) El curso especial se realizó por grupos de no más de una docena de alumnos. El primero se constituyó con antiguos agentes de reconocido crédito, adscritos a la Dirección de Información e Inteligencia. Para el segundo se seleccionaron oficiales graduados de la Academia de Policía de Washington y asimismo se reservaron cuatro plazas para las jefaturas de Cerro Largo, Maldonado, Rivera y Salto.

(...) Las clases comenzaron insinuantes: anatomía y descripción del funcionamiento del sistema nervioso humano, psicología del prófugo y psicología del detenido, profilaxis social ?nunca llegué a saber en qué consistía y la considero un elegante eufemismo para evitar otra denominación más severa? etc. Pronto las cosas tomaron un giro desagradable. Como sujetos de las primeras pruebas se dispuso de tres pordioseros conocidos en el Uruguay como bichicomes, habitantes de los suburbios de Montevideo así como de una mujer, aparentemente de la zona fronteriza con Brasil. No hubo interrogatorio, sino una demostración de los efectos de diversos voltajes en las partes del cuerpo humano, así como el empleo de un vomitivo ?no sé por qué ni para qué? y otra substancia química. Los cuatro murieron. (...) Lo que ocurría en cada clase era de por sí repulsivo. Lo que le daba un aire de irrealidad, de particular horror era la fría y pausada eficiencia de Mitrione; su vocación docente, su atención a los detalles, lo exacto de sus movimientos, el aseo e higiene que exigía a todos, tal si estuvieran en una sala de cirugía de un moderno hospital. (...)

Mitrione consideraba el interrogatorio un arte complejo. Primero debía ejecutarse el período de ablandamiento, con los golpes y vejámenes usuales. Nada de preguntas, sólo golpes e insultos. Después golpes en silencio exclusivamente. Sólo después de esto el interrogatorio. Aquí no debía producirse otro dolor que el causado por el instrumento que se utilizara. (...) Durante la sesión debía evitarse que el sujeto perdiera toda esperanza de vida, pues ello podría llevarlo al empecinamiento. Luego me expresaba como al recibirse un sujeto, lo primero que se hacía era determinar su estado físico, su grado de resistencia mediante un exhaustivo examen médico, porque una muerte prematura significaba el fracaso del técnico. "Siempre hay que dejarles una esperanza, una remota luz" ?decía? (...) "Esta es una guerra a muerte. Esa gente es mi enemiga. Este es un trabajo duro, alguien tiene que hacerlo, es necesario. Ya que me tocó a mí, voy a hacerlo a la perfección. Si fuera boxeador, trataría de ser campeón del mundo, pero no lo soy. No obstante en esta profesión, mi profesión, soy el mejor".

Mitrione fue secuestrado el 30 de julio de 1970 en Montevideo y pocos días después ajusticiado por los Tupamaros.





Fuente: Los origenes del terrorismo de Estado Uruguayo/Mitrione.

              Archivos desclasificados de Mitrione.




Manuel Hevia Cosculluela.


Manuel Hevia Cosculluela era un doble agente Cubano. El trabajó como agente de la CIA con Mitrione en Uruguay. Años después, desde Cuba, el escribió sus experiencias en su libro ?Pasaporte 11333: Ocho Años con la CIA? y reveló mucho sobre la manera de trabajar de Mitrione.


Cantrell contemplaba tres alternativas. Si deseaba regresar a Estados Unidos, no tendría el menor problema en obtener la ciudadanía transcurrido el tiempo necesario y, mientras tanto, la CIA se encargaría de mantenerme en actividad. Si decidía permanecer en Uruguay, podía seguir en el giro gastronómico, aunque para contar con el apoyo de ?nuestro programa? y seguir en la Sección Política, tendría que abandonar la zona de Punta del Este, donde alguien que no estuviese ?quemado? me reemplazaría.

La tercera variante consistía también en permanecer en Uruguay, donde la situación económica continuaba deteriorándose, regresar a mi antiguo cargo en la Misión, pero conservando los lazos con ?nuestro programa?. Ellos mantenían las mejores relaciones con el nuevo jefe de la División de Seguridad Pública, Dan Mitrione, quien había sustituido a Saenz unos meses atrás.

Por último, quedaba mi alternativa, la real y por la cual pude escribir mis memorias: en el propio Uruguay contactaría a otro agente de la Seguridad cubana, quien también había sido reclutado por la CIA para realizar espionaje en ese país.

La primera noticia de Mitrione la tuve pocos días antes de la partida de Saenz. Cantrell estaba muy satisfecho. Confiaba en poder realizar una labor mucho más eficaz ahora, al desembarazarse del inestable Asesor Jefe. Conocía superficialmente a su sustituto pero quedó muy impresionado por su historia, ya que en Brasil había tenido una participación destacada.

También pude conocer en esta etapa al sustituto de Cantrell, el señor Richard Martínez, indiado oriundo de Nuevo México. A partir de ese momento éste sería mi nuevo jefe. La partida de Noriega fue mucho más precipitada. Se produjo días antes de haberse hecho público el hallazgo de la centralita telefónica clandestina que le fuera colocada tanto a la Embajada soviética como a otras sedes diplomáticas del barrio Pocitos.

Cuando Noriega abandonó el país, ya había indicios relativos a que los soviéticos sospechaban algo. La centralita fue colocada por técnicos de la propia Sección Política, en tanto los trabajos de aseguramiento fueron realizados por el personal del aparato operativo bajo las órdenes directas de éste.

Era cierto que Juan se había tornado descuidado, pues había actuado al descubierto y por ende aniquilado futuras actividades. Todo el personal que utilizó fue norteamericano, con la única excepción de Lemos Silveira. Esta tarea había sido clasificada de ultrasecreta. Incluso hasta el siempre bien informado Bardesio sólo supo que Lemos realizaba un trabajo de gran importancia.

También Bernal estaba por irse. En menos de un año se renovó a todo el personal yanqui de la Misión. Habían permanecido cuatro años en Uruguay. Sus nombres aparecían con demasiada frecuencia en las acusaciones de la prensa progresista. Estaban gastados.

Al principio veía poco a Martínez, pues estaba ocupado con su proceso de ambientación. Yo por mi parte, estaba atareado en Maldonado. La temporada había sido pésima y me veía a punto de quebrar, pese a la considerable ayuda del dueño de un aserradero local. Estábamos muy endeudados y no queríamos seguir abusando de la generosidad de aquel amigo. Por otro lado yo consideraba cumplida la misión y opinaba que debía regresar a Montevideo.

Personalmente no tenía problemas económicos, con la limitante de no poder aportar mis ingresos vía CIA, ya que no tenía forma de justificarlos. Las reglas en ese sentido eran muy severas. Sólo en una ocasión, desobedeciendo a Cantrell, liquidé una deuda del negocio para seguir la aventura gastronómica.

Martínez por fin me acompañó a ver a Mitrione, con quien departí por espacio de dos horas. Sus ojos parecían de plástico, miraban sin vida. Mitrione me explicó cuáles serían mis funciones, extendiéndose en torno a los cambios que habrían de producirse respecto a método y enfoque.

Del desarrollo de esta entrevista, y de charlas posteriores con Martínez, resultaba obvio que los norteamericanos consideraban concluida la primera fase de su trabajo en Uruguay. La Dirección de Información e Inteligencia ya estaba consolidada. Hasta a Otero lo habían eliminado. La infiltración y el dominio de la Jefatura de Montevideo y del Ministerio del Interior eran satisfactorias.

Hasta ese momento se habían celebrado cerca de seis cursos de entrenamiento y sentado las bases para la penetración en el interior de la República. Los programas de radio comunicaciones estaban en marcha. Los hombres de la primera etapa estaban quemados y consecuentemente eran sustituidos.

En cuanto a mí, aún podía asumir funciones importantes en la Jefatura, siempre que evitara sobresalir y destacarme. Martínez no sólo sustituiría a Cantrell, sino también a Bernal, en cuanto llegara el sustituto de éste, a cuyo arribo Martínez conservó Investigaciones y Entrenamiento, que pasaba así al ámbito directo de la CIA.

Se decidió entonces mi regreso a la Misión. A pesar de haber conocido ya a Mitrione, Bernal me acompañó a la Embajada para presentármelo. Estos equívocos fueron la constante en estos años. Hablamos diez minutos en presencia de César y estudiamos la posibilidad de mi reingreso a la oficina en la jefatura.

En los días previos al amotinamiento, sostuve otra entrevista con Mitrione. En ella me explicó que el cambio de método exigía que él y los demás asesores se hicieran ver lo menos posible por la Jefatura. Yo estaría al frente de esa oficina y mi tarea consistiría en cooperar con Martínez en los cursos, atender a los funcionarios policiales y servirle a él de intermediario.

El nuevo asesor se reservaba como tarea principal el adiestramiento de ciertos oficiales y policías en la técnica de interrogatorios a detenidos políticos. Por Cantrell sabía que esa había sido su principal actividad en Brasil. Mitrione iba a dirigir personalmente el adiestramiento especial, por lo que el mismo no se efectuaría en la jefatura. Eso sí, asistiría periódicamente a las oficinas de Inteligencia y a las celdas políticas para supervisar las prácticas.

Habíamos obtenido una casa en Malvín, la cual reunía los requisitos mínimos: sótano adaptable a modo de pequeño anfiteatro, provisto de aislantes a prueba de sonidos, garage con puerta interior a la residencia y vecinos distantes.

A partir de ese momento Mitrione comenzó a transformarse hasta convertirse en un perfeccionista, que lo verificaría todo personalmente. ¡Hasta cada parte de la instalación eléctrica! Pero volvamos otra vez a la casa. Debía poner un tocadisco a todo volumen en el sótano le encantaba la música hawaiana mientras permanecía sentado en la sala, pero satisfecho, pues no logró escuchar nada. A pesar de todo no era suficiente. Hubo que disparar también con una Magnum.

Bien, muy bien -dijo-. Esta vez tampoco pude percibir nada en absoluto. Ahora, quédate tú, mientras voy al sótano. Y así hasta el infinito.

El curso especial se realizó por grupos de no más de una docena de alumnos. El primero se constituyó con antiguos agentes, de reconocido crédito, adscritos a la Dirección de Información e Inteligencia. Para el segundo se seleccionaron oficiales graduados de la Academia de Policía de Washington, y asimismo se reservaron cuatro plazas para las jefaturas de Cerro Largo, Maldonado, Rivera y Salto. A sus candidatos no se les exigió la condición de egresados de la Academia, pero sí la de haber participado en alguno de los cursos de entrenamiento ofrecidos localmente por la Misión, así como tener sus fichas psicológicas actualizadas.

Richard Martínez era el encargado de completar la matrícula del tercer curso especial, presuntamente, con miembros del aparato paralelo. Se habló de la futura participación de oficiales de las Fuerzas Armadas uruguayas y ya existía una coordinación al respecto entre la Misión Militar y la CIA, pero no se había concretado todavía la manera de llevar ?el pan de la enseñanza? a ese sector.

Sin embargo, algunos militares interesados por su superación cultural y profesional, movieron influencias y lograron su inclusión en el primer grupo. Ese es el caso del coronel Buda, específicamente. El coronel Hontou y un tal De Michelis, teniente coronel, también obtuvieron matrículas en el primer grupo, pero por alguna razón fueron sustituidos por un capitán de Paysandú y otro oficial del interior.

Las clases comenzaron insinuantes: anatomía y descripción del funcionamiento del sistema nervioso humano, psicología del prófugo y psicología del detenido, profilaxis social, nunca llegué a saber en qué consistía y la considero un elegante eufemismo para evitar otra denominación más severa, etcétera.

Pronto las cosas tomaron un giro desagradable. Como sujetos de las primeras pruebas se dispuso de tres pordioseros, conocidos en Uruguay como ?bichicomes?, habitantes de los suburbios de Montevideo, así como de una mujer, aparentemente de la zona fronteriza con Brasil. No hubo interrogatorio, sino una demostración de los efectos de diversos voltajes en las partes del cuerpo humano, así como el empleo de un vomitivo, no sé por qué ni para qué, y otra sustancia química.

Los cuatro murieron.





Fuente: Manuel Hevia Cosculluela.





Maurico Rosencof/tupamaro.





La punta de la madeja.

"Empezamos a recibir mensajes del centro de operaciones de la Policía, datos muy precisos, impactantes, de alguien que se comunicaba con nosotros. Decidimos no operar en función de ellos, por la prevención de estar ante 'carne podrida', una celada. Pero en determinado momento, ese extraño informante anónimo se va de vacaciones a París. ¿Quién era esa persona?".

Los ojos celestes de Leonel, el ruso Mauricio, se iluminan en el umbral de "la historia fascinante" que va a relatar.

"Cuando Uruguay rompe relaciones diplomáticas con Cuba, allá en el '60, se asilan algunos cubanos en la embajada uruguaya en La Habana. Entre ellos, se asila un muchachito que así, en vez de ir para Miami, va para Uruguay. El joven llega acá, no tenía trabajo, era cubano anticastrista, le facilitaron las cosas y entró a la policía; hizo carrera hasta casi comisario. Y resultó que era él quien nos mandaba los mensajes. Y como no le dimos pelota, se fue a París. Y de París se fue para Cuba: aquel muchacho que se había asilado era, en realidad, un joven de los servicios de la inteligencia cubana".
Muchos de los enterados lectores de LA REPUBLICA ya sospecharán de quién se trata este agente encubierto del G2, la seguridad cubana, que proveyó al movimiento tupamaro la primera hilacha de la madeja que desembocaría, ya por fuera de su control, en acontecimientos tan dramáticos como cruciales de la historia nacional. Manolo, como lo evoca Rosencof, era Manuel Hevia Cosculluela, que llegó a convertirse en pieza clave de la "guerra contra el comunismo" en Uruguay por parte de la embajada de Estados Unidos a través de la CIA, o viceversa. Las novelas de John Le Carré palidecen al lado de su peripecia. El escritor Rosencof no desaprovecha la bolada.



"Nosotros teníamos compañeros permanentes en Cuba, amigos, periféricos; una embajada, digamos. Entre otros, estaba el entrañable Carlitos Núñez, periodista de primera línea, que contacta con Manolo, a quien los servicios tenían en lo que se llama 'la congeladora'. Con la información que le da a Carlitos, éste empieza a hacer fichas. Entonces yo viajo a Cuba, previo paso por Chile donde me reúno con el presidente Allende".

Escritor conocido desde su reciente obra de teatro "Los caballos", periodista por analogía, político fogueado en la cocina del Partido Comunista primero y las entrañas tupamaras después, hasta convertirse en el activo puente del MLN con figuras de primer nivel en el Partido Nacional, el Partido Colorado y el Frente Amplio, Mauricio Rosencof sumó la función de canciller de la guerrilla en sus relaciones internacionales. En Cuba lo recibió Fidel, con quien tuvo varias reuniones en "casas de seguridad", o de protocolo, como se reciclaron después. Fidel lo encaminó hacia Manolo, de cuya boca Mauricio escuchó por primera vez el nombre de quien, poco tiempo después, a 6 mil kilómetros de distancia, tendría a merced de su interrogatorio, detenido en la subterránea Cárcel del Pueblo, calle Juan Paullier esquina Charrúa: Nelson Bardesio Marzoa, mano derecha del jefe de la estación de la CIA en Montevideo, William Cantrell.


"Pero Manolo Hevia no llegó a penetrar todo el Escuadrón de la Muerte, que incluía desde civiles, un profesor viceministro del Interior, capitanes de la Marina, comisarios de Policía. Bardesio era clave, pero sólo la punta, había que averigüar todo lo demás. La guerra la gana el mejor informado, como decía Clausevitz".






El doble poder.


Bardesio es "detenido" por la justicia revolucionaria del MLN el 24 de febrero de 1972, cinco días antes de la asunción presidencial de Bordaberry y mezclado en el noticiero de la noche con el secuestro de Homero Fariña, redactor responsable del diario "Acción" de Jorge Batlle.

No existe certeza de las formalidades con que Rosencof fue presentado a Bardesio en la Cárcel del Pueblo, si fue anónimo, o como Leonel o, según los comunicados oficiales de la guerrilla que reprodujeron aquel "interrogatorio", con el sugestivo cargo de "el Fiscal del Pueblo". Mauricio disuelve esas fórmulas en la corriente de "la fantasía, el mito, la leyenda".

"No es un interrogatorio, es una conversación, café de por medio, donde yo me hago el sota, le pongo tramperos. Le digo: mire Bardesio, cuanto más antes terminemos, más rápido va a volver a su casa; no queremos perder tiempo ni que lo pierda usted. Pero queremos esta información. Me acuerdo que le digo: ¿Usted conoce a un estudiante que participa en estas operaciones, que se llama Miguel Sofía?".

- No, responde Bardesio.

"Entonces, mire: acá hay una fotografía que le van a alcanzar. ¿Ve? Acá está usted, sonriente con el que está a su derecha, que lo abraza por el hombro, sonriente también, ¿me podría decir cómo se llama esa persona? Entonces Bardesio mira la foto y me dice: Miguel Sofía. A partir de eso, él llegó a la conclusión de qué información queríamos, ampliando la que teníamos. Después de eso le digo: bueno, mire, cualquier cosa que usted nos cante errado nosotros vamos a saber qué baraja tiene. Entonces lo más sencillo y sensato es que usted nos cuente lo que nos interese. Cómo desapareció Ramos Fillippini, los que pusieron las bombas, quién es quién dentro del Escuadrón de la Muerte. Yo sé que usted tiene su beneficio en todo esto, pero nuestro costo es muy grande.

- Sí, tiene razón, admitió Bardesio.


"Yo le voy a proporcionar una cuadernola y un lápiz, y usted va escribiendo todos los días. Cuando termine la historia, bueno, cerramos el libro y buenas tardes muchas gracias, le dije. Tal cual, y todos los días escribió páginas y páginas. Terminó dándonos los planos de la Seccional 9ª de Policía en 18 de Julio, que parte de Inteligencia venía para ahí, y nos contó todo lo que sabía. Con una particularidad: que él resguardó a sus mandos naturales, no a sus compañeros de trapacerías. Yo no lo volví a ver. Pasamos todo aquello a máquina para difundirlo y ahí se formó la discusión en la Orga, si alcanzaba con divulgar ese informe o, al mismo tiempo, habia que actuar.

Después pasó lo que pasó, pero la culpa la tienen los políticos que conocían la existencia del Escuadrón pero no hicieron nada, como es el caso de Sanguinetti".


Fuente: Rosencof:gente del escuadron anda dando vueltas por ahi"







Operacion Charrua.



Las revelaciones del hoy abogado Marco Polo Giordani, ex agente en Porto Alegre del Destacamento de Operaciones de Información (DOI) dependiente del federal Centro de Operaciones de Defensa Interna (CODI) con sede en San Pablo, fueron realizadas al periodista José Mitchell durante una entrevista del ciclo Historias que, producido por la televisora TVCOM, fue emitido el pasado 11 de setiembre en la red de cable de Río Grande del Sur y generó fuertes repercusiones en blogs y webs de los telespectadores. 

Marco Polo Giordani, quien llegó al grado de sargento segundo del ejército brasileño, fue cooptado desde muy joven por los servicios de inteligencia de la dictadura norteña, entrenado en teoría y represión en la Escuela Superior de Guerra (ESG) e infiltrado en la Facultad de Derecho de Porto Alegre, para pasar a desempeñarse como 'espía' durante diez años al servicio del temible DOI-CODI, responsable de la mayoría de las muertes y desapariciones de opositores durante el régimen militar brasileño. 

Confeso ultraderechista y abogado del 'negacionista' Siegfield Elwanger Castan (varias veces encausado por el activista de los derechos humanos Jair Krischke debido a sus publicaciones antisemitas que cuestiona la existencia del holocausto judío), Giordani admitió que durante sus años de espionaje hizo seguimiento a políticos de la actualidad como Pedro Simón, Tarso Genro e Ibsen Pinheiro, además de controlar algunos viajes a tierras gaúchas del fallecido líder comunista Luis Carlos Prestes, a quienes calificó como ?esa turba de izquierdistas?. 


Giordani explicó que el Sistema Nacional de Informaciones, creado en Brasil luego del derrocamiento de João Goulart en 1964, fue un modelo para la DINA de Chile, los servicios de Argentina y, particularmente, los aparatos represivos de Uruguay a los cuales Brasil proveía ?de armas, municiones, materiales y gente, porque no tenían infraestructura? para enfrentar a un ?movimiento subversivo como los tupamaros que hasta tenían hospitales subterráneos?. 

El represor brasileño sostuvo: ?Cuando estaba en la tropa nos preparamos para la Operación Charrúa por la que íbamos a invadir a Uruguay si Bordaberry no ganaba las elecciones. Como ganó, no invadimos. Yo tengo conocimiento de que nosotros colaboramos sustancialmente para la liquidación del movimiento tupamaro. Si no fuera por nosotros y también por la CIA, los uruguayos por sí solos no podían liquidarlos. Ésa es la realidad?, dijo. 

?Después que mataron a Dan Mitrione y secuestraron al cónsul en Uruguay, hubo una reunión entre el presidente norteamericano [Richard Nixon] y [Emilio Garrastazú] Médici, y ellos decidieron desmantelar al movimiento tupamaro?, afirmó Giordani para confirmar lo que señalan archivos estadounidenses recientemente descalificados en los que Nixon en un diálogo con su secretario de Estado, Henry Kissinger, precisamente dice que el dictador brasileño los había ayudado con la situación de Uruguay. 

Giordani se hizo conocido en Brasil cuando editó el libro Brasil Sempre como respuesta al libro Brasil Nunca Más, donde se enumeraban los crímenes de lesa humanidad cometidos por la dictadura militar entre 1964 y 1985. También ha editado el libro Operación Estrela Vermelha, entre otras publicaciones que reivindican la represión y la Doctrina de la Seguridad Nacional brasileña.



Fuente: Sin la ayuda de Brasil y la CIA no liquidaban a los tupamaros.





Cientos de oficiales recibieron en EEUU entrenamiento en técnicas de tortura.


Centenares de oficiales de la Policía uruguaya recibieron entrenamiento en los EEUU entre los años 1961 y 1973 bajo un programa financiado por la Agencia Interamericana de Desarrollo de la que dependía la Oficina de Seguridad Pública (OPS).

En el año 1974 el Congreso de los EEUU la cerró debido a que los entrenadores de la OPS fueron acusados de permitir la tortura y la brutalidad a sus "estudiantes" y de identificarse demasiado con los agentes de la CIA, según informó ayer el matutino argentino Clarín.

El Departamento de Estado era el que supervisaba a la AID, aunque la CIA ejercía un contralor directo sobre la OPS. Algunos oficiales uruguayos participaron de hasta cuatro cursos en diferentes años. Uno de los principales agentes de esa dependencia era Dan Mitrione, secuestrado y ejecutado en 1970 por los Tupamaros. 155 oficiales recibieron entrenamiento en la Academia Internacional de Policía; 85 en el Servicio Internacional de Policía; 12 en la policía de Fronteras; 11 en el departamento de Policía, prisiones y oficinas de Sheriffs; 2 en la Academia Nacional del FBI; 3 en el Departamento del Interior; 5 en la US. Army; 2 en la DEA y uno en el colegio de la Ciudad de Pasadena.

Entre quienes fueron entrenados se encuentran sólo dos policías femeninas; el policía Miguel Angel Benítez, que luego fuera procesado por sus presuntos vínculos con el MLN; el Comisario Héctor Morán Charquero, asesinado a balazos por los Tupamaros en plena Rambla del Parque Rodó, acusado de aplicar brutales torturas a los detenidos; cuatro oficiales acusados --en base a las declaraciones del fotógrafo policial Nelson Bardesio-- de integrar el Escuadrón de la Muerte: los comisarios Hugo Campos Hermida y José Pedro Macchi, el inspector Víctor Castiglioni y el subcomisario Raúl La Paz; además de Aldo Conserva, Antonio Píriz Castagnet y Juan María Lucas, acusados de estar vinculados a la CIA. Además 148 oficiales recibieron entrenamiento de la DEA entre 1969 y 1978 y 187 fueron entrenados en el mismo período por el Servicio de Aduanas (US Custom Service)

A 1973 Uruguay había recibido 2.209.000 dólares, ocupando el séptimo lugar en América Latina detrás, entre otros, de Brasil que recibía 8.612.000 dólares y Colombia con 6.944.000 dólares.

Pero la ayuda no se limitó solamente a entrenamiento, también llegó equipamiento empleado para reprimir la creciente movilización popular de la época.

La Policía uruguaya recibió un sistema de comunicación mucho más eficiente del que empleaba; camiones y camionetas antimotines; lanzagranadas y granadas de gases tóxicos de diversos tipos; cascos, escudos y bastones antimotines. También recibió 1.134 revólveres y pistolas y 2.000 cargas de municiones. Incluso después de la prohibición de venta de armas establecida por la "enmienda Koch" la Remington Arms Co. le vendió 100.000 cargas de municiones calibre 38 con licencia oficial otorgada en junio de 1976.





Fuente:Cientos de oficiales recibieron en EEUU entrenamiento en técnicas de tortura.


 
Tupamaros la fuga.





Raúl Sendic tupamaro.










A las cinco en punto.










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