Una historia de zombis para entretenerte un rato.

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  • Publicado hace más de 3 años
¡Hola!, ¿qué tal? Vengo a presentarles una historia de zombis que hice yo en mis momentos de extremo aburrimiento. No es una historia de zombis común y corriente, sucede en un lugar muy especial para mi con personajes reales (lo que sucede no es real, obviamente).

ADVERTENCIA: No hay imágenes pero si relatos de muerte en esta historia. También hay insultos.

Si bien es un poco exagerado poner una advertencia nunca está de más para algún niño que no tenga necesidad de leer esto, pero puedo asegurarles que no hay nada de violaciones a muertos ni otras cosas sádicas como esas.

Por ahora solamente publicaré los dos primeros capítulos y dependiendo de si lo leen y veo que a algunos les gusta voy a seguir subiendo exclusivamente para ellos. 

No es chiste escrito, así que por favor, no me lo denuncien como chiste escrito porque no-lo-es.

Disculpen si es que hay algún error de ortografía o mala gramática que pasé por alto. Gracias.

¡Bueno!, solamente me queda para decirles que lo único que quiero es que lean la historia y comenten qué tal les pareció. ¡Gracias de antemano y acá va!

Nota: Lean la introducción para informarse del lugar donde acontece todo y otros comentarios míos para entender la historia. Ahora sí, ¡ahí va!

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Prólogo - Introducción

 
            Buenos días queridos lectores, esta historia está orientada hacia una infección zombi. Esta historia está orientada a qué es lo que pasaría si una infección zombi azotara contra la ciudad de Tucumán, Argentina. Como muchas películas, juegos e historias en Internet la usan para representar la supervivencia del hombre en un mundo lleno de enemigos, muerte y escasez de todo lo necesario para sobrevivir, yo decidí usarla para representar esa misma supervivencia, pero? ¿por qué siempre tiene que ser en lugares conocidos?, ¿por qué tiene que ser en lugares donde haya cosas importantes? Para responder a eso decidí que fuera en la provincia más pequeña de la República Argentina, mi lugar de nacimiento, y el lugar donde está el mejor colegio del mundo para mí, ahí es donde se centra la historia, en ese colegio, el Gymnasium de la UNT (Universidad Nacional de Tucumán). Mis compañeros, yo, gente que trabaja en el colegio y muchas otras personas participarán en esta historia de la clásica supervivencia en un mundo asolado por un virus mortal que obliga a la gente muerta a seguir sus instintos y asesinar a los vivos. Espero que esta historia sea de su agrado, lo escribí porque soy un gran fanático del tema. Así que bueno, es todo lo que tengo para decirles, disfruten la lectura.


Capítulo Cero: No hay mejor principio que el final.

 
          Después de tres días caminando por la ciudad desolada de San Miguel de Tucumán llegamos al colegio. Hijos de puta, los quiero un montón. Estaban todos esperándonos, mis compañeros, mis amigos, mis hermanos, las personas que quiero y que nunca voy a abandonar. Por fin había terminado todo esto, el colegio estaba fortificado de manera muy estratégica. Ya nada podía amenazarnos ahí adentro, se podría decir que hemos sobrevivido al Apocalipsis.

            Supuestamente eso es lo que tenía que pasar, un final feliz, ¿no? El Apocalipsis, hijo de puta sin humor, no tiene finales felices, ¡qué mierda! Oxidada la hoja del machete, nada más que cinco o seis tiros del rifle, la linterna con la batería en las últimas, y yo, hecho mierda prácticamente, es todo lo que me quedaba. Nadie a quien criticar, nadie, todos muertos, todos tirados en el piso, rojos, un mar de cuerpos rojos, pareciera que les explotó un balde de ketchup en la cara.

            Rengueando como pelotudos, mirando a la pared, pegándole a cosas inexistentes, esos pelotudos hijos de puta. Todos llenos de sangre, maldad, odio, crueldad, un cuerpo que solamente sigue las necesidades básicas, de eso estaba lleno el colegio, infestado, era como el centro un par de días antes de navidad.

           Yo estaba escondido en un negocio de la esquina frente al colegio, con mi machete atado a mi espalda y con el rifle pegado a mí, casi abrazándolo. Estaba sentado en medio de la oscuridad, pensando en todo lo que había pasado, todas las personas que perdí, todas las oportunidades en mi vida que ya no van a existir nunca más, solamente pensando en que ahora estaba completamente solo. Ya no me importaba nada, solamente pensaba en que ahora estaba en la soledad absoluta, no podía soportar esa idea, ni tampoco la de morir. Era una elección complicada, y tarde o temprano tendría que salir a buscar comida, lo cual implicaría matar zombis, y ya estaba harto de eso.

            Cuando uno piensa en que se va a morir inevitablemente bueno, por lo menos trata de hacerlo lo mas ?divertido? posible, por eso es que no me suicidé al comienzo de la infección y seguí peleando hasta el final. Morir de una forma pelotuda sería como darle el gusto a la muerte, después de todo, ¿qué hay después?, no estamos para nada seguros y arriesgarse a creer en que hay un cielo después de la muerte no es una opción para mi.

            Cerré los ojos y me dormí por unos segundos, siempre se dice que los sueños no respetan en absoluto el tiempo, podés dormirte por tres días y haber soñado algo de cinco minutos, o bien dormirte por cinco minutos y soñar toda una vida. Fue justamente eso lo que me pasó, en esos segundos soñé mi vida, estaban todos vivos y fue como vivir nuevamente el mundo que existió una vez y ahora solamente es carne despedazada en la calle. Viví nuevamente, el último deseo que tenía antes de morir se cumplió como si un genio me hubiera estado observando mientras pensaba escondido en la oscuridad. Cuando me desperté estaba totalmente desorientado, no sabía dónde estaba ni qué había pasado, ¡imaginate!, pasar de una vida normal y cómoda de la vida que tuve en el sueño, a estar escondido en medio de la oscuridad rodeado de zombis, no es nada lindo. Vi el rifle que sostenía, me sorprendí de tener un arma e instantáneamente lo tiré y me paré para mirar a mí alrededor, cuál fue mi sorpresa al ver gente muerta tirada en la calle que en ese momento grité aterrorizadamente y muy fuerte, acto seguido me escondí de vuelta donde estaba.

            La cualidad que más odio de los zombis es que no son tan pelotudos, saben escuchar, y lo hacen muy bien. Llegó uno y empezó a pegar al vidrio, otro lo vio y empezó a hacer lo mismo, y así sucesivamente llegaron a ser como quince y cada vez llegaban más. Cuando estaba agachado, llorando, en medio de la oscuridad, logré ver una etiqueta que tenía pegado el rifle tirado en el piso, y una chispa en mi cabeza me hizo como un ?boom? de memoria. En el momento en que me acordé de todo dejé de llorar instantáneamente y me puse a pensar. Ya había disfrutado la vida que quería en el sueño, ¿qué más me faltaba?, nada, solamente darles el gusto a mis fans. En el tiempo que yo estaba ocupado tratando de consolarme a mí mismo por la idea de morir, los zombis comenzaron a atravesar el vidrio, rompieron todo y empezaron a caminar hacia mí. Agarré mi rifle con las pocas balas que me quedaban y empecé a repartir tiros, son pelotudos los bichos, no corren y van en línea recta, el problema es que son duros y son muchos, muchísimos. Era obvio que en un momento iba a sonar el ?¡tic!, ¡tic!? mortal, señal de que tu chance se acabó, el metal separado en partecitas letales que salen a gran velocidad por la punta del dispositivo de pólvora ya no existía, se terminó. Cuando escuché eso, un impulso eléctrico en mi cuerpo me trajo un nerviosismo tremendo, el pensamiento de ser despedazado, no, no podía soportarlo, ser comido por esos asquerosos engendros que yo tanto admiraba cuando jugaba los jueguitos en Internet.

            Me convertí en una manguera, siempre quise ser una manguera, pero no este tipo de manguera, una manguera de sangre. Firme y mirando con total pena a los zombis, agarré mi machete y me lo puse en la garganta. La hoja, retorcida por el óxido, marrón y casi sin filo, fría, me congelaba el cuello. La cantidad de cosas que uno puede llegar a pensar a la hora de la muerte son muchas, pero ninguna clara ni específica, solamente pasó por mi cabeza un tsunami de ideas, no había tiempo de concentrarme en ninguna. No quería morirme, tenía miedo, el terror de suicidarme era demasiado grande y los zombis estaban casi encima de mí. No tuve absolutamente ningún momento para saber qué fue lo que sonó. Estaba a punto de soltar el machete y dejar que me destriparan cuando un sonido muy fuerte proveniente de atrás me asustó terriblemente. Solamente sé que me hizo saltar de la sorpresa, esa sorpresa que te mueve todo el cuerpo y que a veces te hace tirar o romper cosas que no deberías romper. Yo todavía sostenía el filo en mi cuello y fue justamente esa sorpresa la que me hizo correr la mano que sostenía el machete en la dirección que mi voluntad no podía ir, en la dirección del vacío total, a la que nadie quería ir. La dirección de la soledad absoluta.


Capítulo Uno: Fortaleza Imperial.


I. Un solo día hace falta.

 
            - Ah, no me quiero levantar, noooo? colegio de mierda? no, no, eso está mal, vamos dale, si no vamos va a ser peor?-.

            Me levanté por fin de la cama, tenía ganas de tirarme y no ir un carajo, pero lo mismo tenía que ir, me hace bien, la educación es importante, ir al colegio es importante. Caminando por el pasillo del primer piso de mi casa, encontré el baño de siempre, la canilla de siempre, el agua de siempre, todo lo mismo de siempre, esos eran los pensamientos que se me venían a la cabeza, los pensamientos de siempre. Me lavé la cara con el agua bien fría, según leí u oí no me acuerdo, es mejor para despertarse que la caliente, esa te hace doler la cabeza, aparte con este calor de mierda.

            Mi viejo ya estaba preparando el café matutino, sin azúcar, con edulcorante, yo estaba empezando la dieta, estaba arto de ser gordo la verdad, me senté, y lo tomé pensando, pensando en qué materias tenía ese día, que embole, no podía esperar el viernes. Sin ya nada que pensar giré la cabeza y miré el televisor, el noticiero decía ?Mataron a un hombre en una revuelta, luego de que el mismo comenzó a golpear a todo el mundo y al parecer, mordió, si, mordió a una persona. Las autoridades determinaron que la noche anterior había estado tomando mucho y estaba borracho?? Ahí ya dejé de escuchar, no le di importancia, toda esa gente loca no me importaba, en realidad, la gente prácticamente no me importaba, no me importaba nada, solamente volver y dormir.

            Por lo menos el auto estaba fresquito, con el aire acondicionado, excelente, me dormí un rato en el auto, en el camino. Cuando me desperté estaba mejor, pero lo mismo el pensamiento de las clases no me daba una sonrisa, de todos modos no había nada que yo pudiera hacer más que rezar que algún profesor falte. Entré al colegio, se llamaba Gymnasium, tenía muchas tradiciones y muchas costumbres, tardabas bastante en aprenderte todo, pero al fin y al cabo, terminás amando la institución. Ese día tenía Química, con la profesora más odiada del colegio, nunca supe bien su nombre, pero nosotros le decíamos ?La Olga?, era una profesora sin compasión, que se reía de las notas bajas y le encantaba desaprobarnos a todos. No voy a pasar a explicar todo el sistema del colegio porque no es el tema de la historia. Caminé por el patio interno, mirando hacia arriba, mirando hacia los distintos cursos y los alumnos que reían  y los más chicos que corrían por todos lados. Subí las escaleras, esas escaleras me las conozco de memoria, tres pisos tiene el colegio, en el primero esta quinto grado y quinto año, en el segundo esta el entrepiso y tercer año, y en el tercero esta sexto grado, primer, segundo y cuarto año. Y en la parte trasera de toda la institución, esta sexto año.

            Llegando al curso di el saludo de siempre a todos mis compañeros, son muchos y nos queremos como hermanos, unos más que otros, pero así somos, y por más que hemos intentado, nunca hemos podido unirnos todos hasta ahora, sólo que? tenemos gustos diferentes, así es la vida. Sentados, conversando, hablando estupideces sobre Internet, haciendo chistes que no son chistes sino más bien lo primero que se te viene a la mente de una manera extraña. Así esperamos a la profesora, y así también llegó justo a tiempo.

            - Ahí viene la Olga- dijo uno, y los otros con un miedo fingido iban corriendo a sus bancos.

            La verdad, es que la señora si daba miedo, y no era ella, sino su mano que ya había aplazado incontables cantidades de alumnos años anteriores, todos le teníamos miedo.            

            Así transcurrió la clase, a todos se nos caía la baba del aburrimiento, alguno que otro que prestaba atención, y otros que no lo hacían y preferían mirarla pensando en otra cosa con tal de distraerse con algo. La clase transcurrió y ya estaba llegando a su fin, todos estábamos hartos y queríamos salir al recreo, faltaban apenas cinco minutos, en ese momento la profesora terminó de dar Química, y comenzó a hablar de la noticia que pasaron hoy por la televisión.

            ? Si profe, dicen que el tipo estaba medio borracho-, dijo uno.

            - No estaba borracho chango, ese vago estaba loco debe ser-, dijo otro y una discusión tras otra hizo transcurrir rápidamente los cinco minutos cuyo fue marcado con el sonido del timbre. Todos salieron del curso casi corriendo para estirarse y respirar un poco.

            Diez minutos después llegó la otra profesora, la de Lengua, otra clase que también era desesperante, además de que la vieja era creída y nos llenaba de cuentos, libros de 400 páginas, y textos complicadísimos de leer. Hablaba y hablaba sin parar, me aturdían los oídos, pero no era peor que La Olga, afortunadamente.

            En esa clase fue cuando todo comenzó, un ruido exterior, un ruido muy fuerte, seguido de un grito, de muchos gritos y llantos, atravesaron los frágiles barrotes que componían la ventana. Nosotros intrigados fuimos corriendo a la misma, la profesora nos gritó y nos dijo que nos sentemos de vuelta. Ella, tratando de ignorar todo y seguir con su trabajo, no tenía idea de lo que estaba aconteciendo en la calle. Otra vez sonó el ruido, ahora más fuerte y más cerca, en ese momento entró la secretaria del colegio y nos dijo que ese día ya no iba a haber más clases, que estaban cerrando el paso al centro.

            ? ¿Hay colectivos??, pregunté yo, asustado, mi respuesta fue un no sé común y corriente, claro, ¿qué podía esperar como respuesta?, ella no era administradora de ómnibus.

            Nos obligaron a todos a salir del colegio y a volver a nuestras casas, yo y algunos de mis compañeros que tomamos el colectivo en la misma parada nos dispusimos a ir a la misma de una vez. Yo no lo quería creer, pero los ómnibus ya no pasaban y los taxis escaseaban increíblemente, y para empeorar, los que pasaban estaban todos ocupados. Se oían los ruidos fuertes por todos lados, se veía gente caminando rápido e incluso corriendo, yo estaba meándome del miedo, y mis compañeros no estaban mejor. No sabíamos qué carajo hacer, así que volvimos al colegio.

            - ¿Qué vamos a hacer?, ¿qué está pasando??, les preguntaba yo a los otros, y ellos siempre me contestaban lo mismo, ?qué carajo sabemos nosotros, dejá de joder ya?. 

            Eramos tres, dos compañeros y yo, uno de ellos se llamaba Bernardo, le decíamos el Negro, o Berny, yo casi siempre le decía Bernardo; el otro era Facundo, alias ?el chino?, en realidad no tenía nada que ver con un chino, pero era petizo, y no sé de dónde, ni cómo, pero alguien sacó que era parecido a un chino, y así quedó? Llegamos al colegio, los alumnos de todos los cursos, la directora, secretarias, conserjes, profesores, y todos los que trabajaban en la institución, estaban despejando el edificio, preguntamos a la Patricia, la secretaria más conocida del colegio y quien nos da las noticias a todos, qué carajo estaba pasando, y nos dijo que no sabía y que nos vayamos a nuestras casas, y como cualquier película de terror, se fue corriendo a resolver algo y nosotros nos quedamos con la intriga, otra vez me pregunté, ¿qué esperaba como respuesta?. Le dije a Bernardo y al chino que vayamos a ver si los otros (mis compañeros) estaban arriba, en el curso, pero cuando estábamos dirigiéndonos a las escaleras nos bloquearon el paso los conserjes, así que volvimos a la entrada y nos quedamos ahí parados, viendo si no había nadie más. En nuestra estadía en la puerta de la institución educativa, pudimos divisar a un compañero mío con el que no me relaciono mucho, pero con el que Bernardo se juntaba siempre y era uno de sus mejores amigos, así que fuimos con él, y como era de esperar, tampoco sabía nada. Su nombre era Juan José Vildoza, alias, el Negro.

            Los ruidos fuertes sonaban en todos lados, despacio y lejanos, fuertes y cerca, ya casi no había gente, nos dispusimos los cuatro a caminar en busca de un taxi. En nuestro camino para buscar el transporte automovilístico pago, quise llamar a mis viejos, pero no tenía crédito, odio el crédito de mierda, cuando más lo necesitás te abandona completamente. Me fui hasta un local donde había cabinas telefónicas para intentar contactarme, pero estaban ocupadas y había mucha gente esperando para usarlas, no era el único que quiere asegurarse de la salud de sus familiares, así que me quedé con la preocupación y seguimos el camino. 

            -¡Eh! ¡Esperenmé! -, sonó un grito desde atrás, era otro de mis compañeros, otro con el que no me juntaba demasiado, pero mucho más que con el Negro, su nombre era Maximiliano Carrizo, en vano preguntamos, y adivinen, no sabía nada. Si me dieran diez centavos por cada vez que pregunté qué está pasando, me compraría un Ferrari, bah, de qué hablo, en un Apocalipsis zombi a quién le voy a comprar un Ferrari.

            Ahora éramos cinco y caminamos buscando algún transporte para volver a casa, en un momento doblamos en una calle y vemos una multitud de policías con escudos caminando en formación, eso no nos daba mucho gusto porque policías significa que hay problemas, y justamente eso aconteció. Frente a ellos había una multitud de personas que querían saber qué es lo que pasaba, uno de mis compañeros levantó al chino, que era el más liviano, para que vea qué es lo que pasaba. Yo estaba saltando tratando de ver algo pero me rendí, así que me dispuse a ver la cara de Facundo, no era en absoluto una cara de felicidad, era una cara de asombro, horror, tristeza, una cara de ?nos morimos todos?.

            ? ¡¿Qué pasó Chino?!?, le pregunté desesperadamente, y nos contó algo que no podíamos creer: la multitud estaba retrocediendo por las granadas de gas que tiraban los policías, cuando de la nada, salió un hombre, Facundo comenzó a ponerse pálido y a tragar mucha saliva. ?Estaba lleno de sangre, ¡¡lleno de sangre!!?, decía, casi entrando en la locura. Todos nos agarramos la cabeza y nos tapamos la boca, nunca faltaba el ?¡¿qué?!?. El engendro ensangrentado, con los ojos bien fijos en un policía, comenzó a correr a una velocidad impresionante hacia él, saltó encima del hombre, y este, sin tiempo para cubrirse con su escudo, fue abatido y cayó fuertemente al suelo con el loco psicópata encima, quien comenzó a pegarle violentamente en la cara sin intención alguna de dejarlo vivo. En ese momento, cuando la vida del policía estaba desvaneciéndose a través de fuertísimos golpes, apareció un policía que parecía ser el Sargento, debía ser porque llevaba la respectiva placa y era más grande que los otros, sacó su pistola y con un solo disparo certero clavó un tiro en el medio del pecho del psicópata, y obviamente ese? asesino, cayó al suelo, inmóvil. El policía grandote dio media vuelta y se fue caminando, ahí fue cuando el muerto, o por lo menos eso lo creían, abrió los ojos y gritó con una fuerza descomunal inspirando odio, terror y un profundo desprecio hacia cualquier cosa viva. Comenzó a arrastrarse por el suelo de manera convulsionada, se paró ágilmente como si el tiro en el pecho hubiera sido un simple golpecito de bebé, y corrió en dirección al Sargento. Un policía que estaba atento, por suerte, ya que si no hubiera sido por él, el final habría sido otro, sacó su arma y le estacó un disparo en el centro de la frente. Parecía que no iba a morir más, pero, en efecto, cayó como tal, desparramando sangre, con la expresión facial destruida por lo que parecía ser lepra, e inspirando muerte, al suelo.

            La sangre escurrió por el piso y todos miraban fijamente al cadáver. Nadie hizo ningún comentario por unos 5 segundos de total silencio, un silencio de sorpresa total, un silencio en el que tu cerebro no termina de analizar la situación. El primer grito fue de espanto total, seguido de más y más gritos de gente que ya no intentaba aclarar las dudas, ya no intentaban salvar a nadie, no intentaban más de lo que su necesidad básica principal implicaba, y eso es, salvar sus vidas.


II. De un momento al otro

 
            Caminamos rápido, hacia el colegio, tratando de encontrar una puta respuesta, estábamos asustados, cagados de miedo, cagados hasta las patas, estábamos tratando de complacernos el uno al otro, pero todo se basaba en suposiciones. Las suposiciones nunca resolvieron nada, sólo calman a quien las dice o escucha, y cuando te enterás que no eran así, volvés a como estabas, e incluso, peor.

            Llegamos al colegio, estaba cerrado, nos apoyamos en los portones como vencidos, los únicos adentro eran la directora y la Patricia, que quedaban a arreglar un par de situaciones y a hacer guardia. No faltaba la empleada de la Cantina, que quedaba a hacer guardia también en la misma, pobre injusticia de trabajar en ese puesto. Así que nos quedamos afuera, tratando vanamente de aclarar las dudas, pero nadie sabía nada, así que decidimos por irnos caminando a nuestras respectivas casas, no había otra manera.

            Maxi y el Negro se quedaron conversando ahí en la puerta, mientras que Facundo, Bernardo y yo nos fuimos vagando por la calle Corrientes. En lo que caminábamos notábamos que no había nadie, y preferíamos eso a una multitud de esos psicópatas, pero duró poco. En un momento de nuestra caminata aparecieron dos hombres y una mujer caminando torpemente en la calle desierta.

            Pobre Bernardo, estaba muy asustado y quería calmar sus nervios, caminó en dirección a ellos para preguntar qué carajo estaba pasando, y ahí todo se complicó. Las personas se dieron vuelta y vieron a Bernardo, estaban llenas de sangre y tenían un aspecto horrible, comenzaron a gruñir y a caminar en dirección a nosotros. Sin pensarlo un segundo le grité al negro que volvamos al colegio inmediatamente, así que dimos la vuelta y despacio, sin llamar la atención, caminamos de regreso. Los psicópatas gritaron dando un anuncio mortal y corrieron en dirección a nosotros. Sentimos los pasos sangrientos que venían con la velocidad de la desesperación hacia nosotros, instantáneamente y sin mirar a atrás comenzamos a correr a toda velocidad, no sentíamos cansancio por el terror que teníamos encima, estábamos separados, yo y Facundo íbamos adelante, y Bernardo atrás, solo, gritándonos que lo esperemos. Estábamos espantados y nada nos importaba en absoluto, esos momentos en lo que vos sos la única cosa que importa en la Tierra.

            Esa piedra estaba ahí en el suelo, sonriendo, matándose de la risa cuando Bernardo tropezó con ella, se dobló el tobillo y cayó al suelo.

            ? ¡Esperenmé!, ¡esperenmé por favor!?, ese era su grito entre llanto y enojo ? ¡hijos de puta, seis años de vernos todos los días para que me dejen tirado acá la puta que los parió!, ¡noooo, por favor vengan!?.

            Nosotros lo escuchábamos y llorábamos, yo me di la vuelta mirando a ver qué le iba a pasar, ?no? no, Bernardo disculpame, perdoname, ¡perdoname!?, las personas que nos seguían, esas? cosas? se tiraron encima de Bernardo, le? le? no podía ser, de un segundo para el otro mi compañero estaba sin posibilidad de vivir, le arrancaron un brazo, luego lo descuartizaron entero, le sacaron sus tripas y se lo comieron, por dios? se lo comieron, se comieron a la persona con la que compartía y pasábamos juntos el tiempo, dios mío, dios? no? dios nada, ya no existía ningún dios ahí afuera.

            Me tapé la boca, llorando, y pensando en que se había ido, estaba muerto, muerto? me di la vuelta con las lágrimas chorreando por la cara y seguí corriendo atrás de Facundo aprovechando que los bichos esos estaban comiendo, pero no era así, pude sentir los pasos ensangrentados, así que sin aliento seguimos, sin pensar en otra cosa, mientras nos seguían a gran velocidad los asesinos, esos psicópatas, esos locos de mierda, esos hijos de puta.  Llegamos a la puerta del colegio, les llevábamos una cuadra de diferencia, que en realidad era prácticamente nada con la velocidad a la que iban. Maxi y el Negro todavía seguían ahí conversando, nosotros caímos a las apuradas, llenos de lágrimas y gritando ayuda. Nos chocamos contra el portón, y desesperadamente llamamos a alguien para que nos abra. De pronto apareció corriendo la Patricia.

            ? ¡Por favor!, ¡abrinos el portón ya!, ¡nos persiguen unos asesinos, ahí vienen, dale rápidoooo!- Eso fue lo que yo grité en mi desesperación absoluta.

            No había respeto que tenerle a nadie en esos momentos, así que la Patricia, sin preguntar para confirmar nada, abrió el portón, sabiendo que si se demoraba más nos iban a destrozar, a descuartizar, igual que como esos putos hijos de mil puta mataron a Bernardo. Mi cabeza estaba a punto de explotar del shock, Bernardo? lo mataron, lo descuartizaron al frente de mi, todavía tengo esa imagen? La secretaria llegó con las llaves en la mano, esas ?cosas? ya estaban cerca, podíamos oír a un grupo de personas corriendo, y hasta que la Patricia puso la llave, la giró dos veces, y abrió el portón, ya estaban cruzando la calle, ya estaban ahí nomás de nosotros. Maxi y el Negro no entendían nada, hasta que miraron hacia atrás y vieron a los dos hombres y la mujer cubiertos de sangre y con la mirada fija en ellos, con las pupilas dilatadas, su objetivo fijo y su comida servida. Pasamos y les cerramos el portón en la cara, sin una pizca de compasión, si no hubiera sido por ellos, probablemente nos alcanzaban. 

            No llegaron a intentar correr hacia el portón cuando los alcanzaron. Se subieron a la vereda y con un salto los tiraron a los dos al suelo, Maxi dio fuertísimo con la cabeza al suelo y se desmayó, comenzaron a pegarles y el Negro lloraba y gritaba inútilmente ayuda, se podía ver en su cara un horror, horror infinito, horror que no se siente con ninguna otra cosa, horror, esa es la palabra para su expresión, no miedo, no ?cagaso?, eso era horror, como cuando se ve un fantasma, pero mucho peor, porque los fantasmas desaparecen, y esas ?cosas? no, te arrancan las extremidades, te descuartizan y te comen? Así que así pasó, Maxi fue descuartizado en segundos, el Negro estaba tirando patadas al aire, totalmente en vano, llegó otro y le mordió el brazo, luego se lo arrancó y se convirtió en una manguera, si, una manguera de sangre, ni aunque lo hubiéramos salvado ahí, el desangramiento lo hubiera matado peor que esos caníbales desastrosos, quienes luego lo descuartizaron. La cabeza de mi compañero cayó mirándonos, con odio, con horror, con venganza, con maldiciones, con tristeza, todas las expresiones juntas en una sola cara. Por un segundo miré a Facundo y a la Patricia a la cara, parecía que estaban a punto de sufrir un paro cardíaco. Las personas comenzaron a comer a nuestros compañeros y a mirarnos mientras lo hacían, mostraban sus dientes y gruñían, cubiertos de sangre, cubiertos de maldad, odio, horror, muerte? Uno fácilmente llega a la conclusión de que cosas no eran personas, no eran familiares de nadie, no eran amigos, no eran humanos, no tenían ni siquiera el rango de políticos, esas cosas, estaban muertas.


III. Y al final? ¿Quiénes son los enemigos?

 
            Después de muchas caras horribles, después del miedo, el horror, después de todo lo que pasa cuando una persona se muere al frente de vos descuartizada por zombis mutantes en un mundo que está al borde del Apocalipsis, jaja, ¿al borde?, esto es el Apocalipsis en persona, nos agrupamos en el colegio, todos moribundos por lo ocurrido, Facundo, la directora, Patricia y yo, reventándonos la cabeza por esas muertes sin piedad. Pero bueno, así pasó, y ya no podíamos recuperar a ninguno de los dos. Y nosotros, los vivos, los supervivientes, que supuestamente deberíamos ser mayores, con un súper edificio fortificado, llenos de armas, y provisiones, pero nada, no teníamos nada de eso, ni un indicio de dónde encontrarlo, y principalmente, no había nadie a cargo. Y eso condujo obviamente a la desesperación y a la destrucción psicológica de algunos, está bien, lo último en lo que piensa uno al tener un mundo destruido al frente es en salir armado a matarlos a todos y jugar al superviviente, uno piensa en su familia, sus amigos, su casa, las personas de toda la Tierra, que pasará, ¿así termina todo? Luego de que pude controlarme y ver la situación en la que estábamos, me puse a pensar las opciones, a ver, no teníamos agua, ni comida, no teníamos obviamente armas, más que fierros, palos, partes de bancos rotos, escobas y otros instrumentos de limpieza, en ese momento no podíamos romper los bancos, podía ser necesario usarlos como un ?intento? de cama en un futuro en que esa institución sea un fuerte de supervivientes, por supuesto, ideas locas mías. Me paré y me dirigí hacia la directora, le dije que teníamos que organizarnos, no podíamos quedarnos así para siempre, pero ella decía que eso era lo último en lo que pensaba. La idea de que mis viejos estaban muertos me aterraba cada vez más, trataba de no pensar en eso, no, no, no hay que pensar en eso, porque sino uno se entra a volverse loco, sale corriendo a la calle y lo matan, lo matan a uno porque esas mierdas asesinas llenas de sangre y pudriéndose ahí afuera te miran y no te tienen miedo, no te tienen clemencia, no tienen nada en la cabeza, sólo sangre, carne sucia llena de mierda.

            Así que vencido fui a hablar con Facundo sobre la situación, ninguno quería pronunciar los nombres de los dos muertos, era demasiado para nosotros, yo la verdad que tanto me mataba jugando en la computadora a esos jueguitos de zombis, me creía ?el? experto, pero esto? yo no contaba con esto? yo creía que no iba a ser así la cosa? qué mierda de sorpresa. Lo hice entrar en razón, que nos teníamos que organizar, y teníamos que ir convenciendo a todos, porque si no, íbamos a estar tirados ahí e iban a terminar entrando o íbamos a morirnos de hambre, y, la verdad, yo de hambre no tenía intención de morir. Nos paramos y nos dirigimos hacia la directora, estaba ahí cerca del portón, mirando para afuera, mirando a los bichos sucios y asquerosos esos, se la veía preocupada. Le tocamos la espalda, no nos contestó, se dio vuelta y nos miró con una cara de total demencia, había comenzado a hablar de que teníamos que ir a rezar, a hacer sacrificios, luego empezó a cantar una canción en otro idioma y se encerró en su oficina. Miré para debajo de donde había estado parada ella y un simple objeto dio la explicación, una inofensiva jeringa vacía. Comenzamos a hablar Facundo y yo sobre los planes a realizar, teníamos que tratar de acudir a una comisaría, negocio o donde sea a buscar armas, también a buscar remedios en la farmacia de la par, las provisiones que teníamos en la cantina no alcanzarían para mucho tiempo, así que en algún momento teníamos que ir al supermercado de la otra cuadra por más, y seguimos hablando sobre otras opciones más que parecían muy razonables por unos minutos. Antes de que pudiéramos despertar a la directora de su trance psicológico, la estupidez humana, la venganza y el odio, hicieron su jugada.

            Corriendo con sus escudos, con sus pocas armas, habían roto la formación, y estaban ?corriendo por sus vidas?, eso hacían los policías que nosotros veíamos desde el portón del colegio, corrían rápido, pero no más que los muertos vivientes horrendos, sedientos de sangre, cagados de hambre todo el tiempo ¿Nunca se hartan?, ni aunque les diéramos una vaca para cada uno se llenarían, y seguirían con ganas de comernos. Así fue que los alcanzaron, justo al frente de la puerta del colegio, justo porque los zombis que estaban comiendo a mi compañero... no me quiero acordar de eso, se murieron mis tres compañeros, ¿te das cuenta? Los bichos mugrientos que se estaban alimentando o, no se si alimentando, no se bien qué es lo que hacen esos bichos con lo que matan, pero los que estaban comiendo a mis compañeros se interpusieron en la huída de la unidad policíaca, por lo que estos frenaron y la multitud de esos hijos de puta los alcanzaron y los, no encuentro una palabra lo suficientemente horrenda para describir lo que les hicieron, se les subieron encima y les sacaban los ojos, les arrancaban las extremidades, les comían la cabeza, los cerebros, las tripas, y más, fue un espectáculo que no podías ver entero sin quedar traumado, sin cerebro, sin cordura mental, sin quedar enfermo psicológicamente, así que la mayoría de nosotros nos hicimos para atrás y cerramos los ojos. Adelante iba un milico que parecía comandar a los otros, ese milico, ese milico al parecer era el Sargento del que nos contó Facundo, le preguntamos si por casualidad ese era y contestó afirmativamente. Desesperado, el policía se acercó al portón y nos gritó, prácticamente ordenando, que abramos, la directora estaba a punto de hacerlo, por el miedo que el grito del policía infligía, en ese momento Facundo y yo la contuvimos, si abría la entrada a personas desconocidas, se la abríamos a los zombis y a la posibilidad de una persona infectada que al otro día podía pasar de ser un humano a ser un bicho, así, un bicho sucio, asqueroso, que se arrastra y come mierda. No solamente eso, sino también a la posibilidad de que el policía nos deje encerrados sin chances de supervivencia, para salvar su vida. La directora nos dijo que había que abrirles, nos dijo que la soltemos, pero ahí ya no había nadie que nos obligue a nada, así que siguiendo nuestros ?instintos de supervivencia? la hicimos a un lado y la condujimos al interior del colegio.

            El policía estaba desesperado, valoraba demasiado su vida, no le importaba nada más. En ese momento el Sargento nos gritó, como si nosotros fuéramos su pertenencia, nos ordenó abrir o era desobedecer a la ley, pero no había ley en ese mundo, todos los presidentes, ministros, senadores, y toda la mierda política del mundo estaba muerta. Caminando al interior del colegio, comenzamos a subir las escaleras, el Sargento pedía por favor, después se enojaba y nos maldecía, y luego volvía a pedir por favor, ni lo miramos, nos daba asco esa manera de tratar a la gente, todos esos que supuestamente hacían cumplir la ley, estaban todos corruptos, llenos de mierda, y después cuando estén muertos van a seguir llenos de mierda. Se le subieron encima y comenzaron a morderle la pierna, ahí fue cuando el enojo, la ira, la venganza, la pelotudez y la ignorancia lo llevaron a hacer algo que no quería? 

            - Si yo no vivo, ¡ustedes tampoco! ? fueron las últimas palabras del Sargento, antes de que sacara su pistola y comenzara a disparar en dirección a nosotros con la esperanza de matar a alguno.

            Yo me agaché y me arrastré por la escalera, casi se me iba el corazón por la boca, y me agarró una increíble presión en la cabeza  que casi me la partía en dos, de modo que me quedé quieto, pensando en tantas cosas, en tantas cosas, cosas obvias del momento. Cuando terminaron los disparos, me paré rápido y me fui a esconder lo más lejos posible de todo movimiento ajeno.

            Así pasaron aproximadamente veinte minutos, yo estaba escondido y lejos de todo sonido, casi me duermo, en ese momento me despabilé y observé mi alrededor, caminé hacia el patio interno, ese patio interno por el que esa mañana también había caminado, cuando todavía estaba todo normal, cuando aún vivían mis tres compañeros, ¿se dieron cuenta de algo?, dos eran negros, que curioso, es como si el Apocalipsis mismo fuera racista, y hubiera decidido matar a dos compañeros míos negros, y bueno, Maxi, supongo que al parecer no fue por racismo, sino pura coincidencia. Me paré y me dirigí a la escalera donde había sucedido el tiroteo, miré con mil miedos juntos, ¿y si había muerto Facundo?, ya no lo hubiera soportado, tener a cuatro compañeros muertos al frente? Al final,  la estupidez humana se había llevado una vida, no, se había llevado dos vidas, la Directora, y la empleada de la cantina, boca abajo en el suelo, cada una con un tiro en la espalda, ¿eso que no era supuestamente es de maricones?, ¿disparar desde la espalda?, bueno parece que eso no le importó al Sargento, que mierda, en un mundo lleno de cosas que comen gente a quién le importan los refranes?

            Fui a ver cómo estaban los otros? ¿cómo estaban? Bueno, estaban tirados en el suelo, paralizados, imaginate que te estén disparando, no querés saber nada del mundo, estaban tirados en el suelo con las manos en la oreja y los ojos cerrados. De los cinco que éramos, casi una familia, algo de lo que podemos vivir, ahora solo quedábamos tres: Facundo, Patricia y yo. Al lado de ellos estaban los cadáveres, los cadáveres de la directora y la empleada, esos cuerpos duros, la cara, la cara por dios, no, ya no había ningún dios en ese lugar, nunca existió ningún dios, sino nada tendría que haber pasado, si existiera un dios mis compañeros estarían vivos, si existiera un dios yo estaría feliz en un día normal, estaría feliz? Los ojos abiertos, llenos de horror, horror como lo describí hace un rato, esa clase de horror, el miedo más profundo que le puede dar a un ser humano que todavía siga con vida, pero esos entes duros ya no tenían miedo, ya no lo sentirían nunca más, ahora eran cuerpos, ya ni siquiera eran personas, no tenían personalidad, no tenían cerebro, no pensaban, ni respiraban, ni eran nada, esas cosas tiradas en el suelo ya no existían.


IV. Game Over

 
            Tratando de hacer un poco de ruido me acerqué a Facundo, mientras me le acercaba iba diciendo su nombre, y claro, si iba en silencio y lo tocaba de repente, le iba a dar un paro cardíaco.

            ? Facundo, ya pasó todo?-, le dije, y lo toqué.

            - ¡SOLTAME!?, dijo, con las palabras bien pronunciadas y un objetivo clarísimo, con una voz maligna, con una voz de o haces lo que te digo o te destrozo la cabeza, lo solté en el acto, y se enroscó más en sí mismo, como si todas las penurias del mundo lo estuvieran atormentando, como si tres ataques cerebrales al mismo tiempo lo estuvieran destruyendo mentalmente. Fui y me senté en una de las escaleras, estaba muy trastornado por lo que había pasado, pensando constantemente en mis viejos, hermanos, abuelos, amigos, todo, pero no?, no tenía que pensar en eso, obviamente, sino iba a terminar como Facundo. 

            La Patricia estaba muy ocupada en la secretaría viendo si podía llamar a alguien, nada, nada se podía hacer, todos los servicios estaban deshabilitados, era una lástima, por más que no debía pensar en ello, no podía dejar de hacerlo, no podía dejar de pensar en mi familia, con toda desesperación quería llamarlos.

            - Tranquilizate?, me dije a mí mismo ? preocupándote así no vas a conseguir nada.-

            Me senté y miré hacia la puerta, después me paré y la moví un poco, se mecía como un puente colgante, ja, ja, un puente colgante? Era totalmente necesario reforzar esa puerta como primer objetivo, así que llamé a la Patricia para que me ayudara, Facundo no lo iba a hacer, necesitaba mucho tiempo para salir de ese trance. Fui a buscar unas cuantas maderas tiradas por ahí y volví al portón.

            - Escuchame Pato, yo lo levanto y vos poné esas maderas abajo, así va a quedar más apretado y no se va a mover tanto, ¿dale?- le dije, lo hicimos en unos segundos, y quedó perfecto.

            - ¿Con o sin ají?-, escuché que venía desde atrás, era Facundo, al parecer iba a ir a cocinar. Miré para atrás con sorpresa y sonreí. Un sentimiento de alegría invadió mi cuerpo y la oscuridad se fue por un momento.

            - Sin ají para mí, con jamón, queso, huevo, ¡con todo!, pero, sin tomate, odio el tomate-, le contesté.

            - Claro, pero te gusta la ketchup, ¿verdad gordo?- se me rió Facundo, el chino.

            Si? así es como me llamaban, el Gordo, hace un par de horas me llamaba así por diversión, ahora no se por qué era, no sé por qué teníamos nombres.

            ? Pato, ¿cómo querés el sanguche vos?, le pregunté a la Patricia. Ninguna respuesta provino de ella, estaba seria, ¿qué se le va a hacer?, tenía su familia y nosotros ofreciéndole un sándwich de milanesa.

            Obviamente cocinamos en la cantina. Facundo salió con los dos sándwiches, yo lo miré y sentí una felicidad interna, esa que no había sentido desde que empezó todo. Nos sentamos y nos pusimos a comer, totalmente en silencio, era algo de ni una sola palabra, solamente disfrutando del sabor. 

            Cuando terminamos, ya eran las 8 de la noche, Facundo se fue a dormir y yo me quedé limpiando, por supuesto, no lo iba a hacer limpiar a él. Cuando terminé, cerré la cantina y me puse a pensar dónde dormir, de repente me acordé que en una sala había unos colchones viejos, me fui para ahí y me lo encontré a Facundo dormido, ?¿cómo hace??, fue lo primero que pensé al verlo, y encima estaba sobre el colchón que yo estaba buscando, con razón se fue tan rápido.... 

            Si quería dormir iba a tener que hacerlo sobre los bancos, cuando estaba yendo a buscarlos me acorde súbitamente de la Patricia, fui a buscarla y estaba sentada mirando hacia afuera, molestar ese momento hubiera sido fatal. Acomodé dos bancos, me saqué la ropa y la puse a modo de almohada, estaba acostado mirando al techo, llegando inevitablemente a los pensamientos atormentadores. 

            Estuve como hasta las 2 de la mañana sin poder dormir, pensando en mis viejos, en la vida que llevaba antes, en muchas cosas, pasaron diez minutos, media hora, una hora, dos horas, mucho tiempo. De repente, sin previo aviso, se me hizo un clip en la cabeza, una de esas ideas milagrosas que te hacen inquietarte de la excitación, comencé a mirar hacia todos lados, a revolcarme en el banco, ¿cuál era esa idea?, me di cuenta de que esa infección zombi era perfecta, toda mi vida anterior era solo despertarme, ir al colegio, volver, jugar a la computadora, dormir, y repetir el ciclo, los fines de semana era lo mismo pero sin colegio. Obviamente estaría resumiendo mucho, pero eso era todo y así transcurría mi vida, monotonía total, así que después de tanto pensarlo, me planteé que si tuviera que elegir entre seguir esa monotonía aburrida, sin nada por delante, sin nada en un futuro más que ser una persona más en el mundo sin nada que pase en mi vida más que trabajar para hacer del mundo un mundo igual a siempre o peor, o elegir ese Apocalipsis, donde ya nada sería lo mismo, donde mi vida tendría sentido, donde podría hacer algo que sea importante para mí, por más loco que parezca, yo elegí aceptar, yo elegí aprovechar. Yo elegí el Apocalipsis.


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¡Bueno señores! Acá terminan los dos primeros capítulos de la historia, espero que les haya gustado. Cualquier pregunta o comentario que quieran hacerme pueden hacerlo tranquilamente en los comentarios (daaaa), enviándome un Mensaje Privado, o un mail a la dirección [email protected]

Sin más para agregar, repito nuevamente, si leyeron la historia, ¡comenten!, si no la leyeron, ¡comenten!, si están comiendo papas fritas, ¡comenten!, si están sentados leyendo una historia de zombis sin hacer nada productivo de su vida en identi... ¡comenten! Saludos y gracias.

PD: Cuando edito, pongo todo ordenado y después se desordena todo en la previsualización, no entiendo nada. Disculpen si algo está desordenado en el post.
Una historia de zombis para entretenerte un rato.
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13 Comentarios Una historia de zombis para entretenerte un rato.
despues la leere saludos  
Cita issue2b: Mostrar
en todo caso va en la categor?
Gracias por el dato, ah?
@FoxMulder Diez berejes de mi parte, para algo que no traen de t?
bien argentina la historia, te dejo lo que me queda hoy +5
Cita FoxMulder: Mostrar
Cita: Mostrar
Muchas gracias por sus comentarios me inspiran a seguir haciendo la historia, muchas gracias , muy buena onda la de ustedes, por eso prefer?
algo largo pero muy interesante
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