El Bar de Lorencia-Segunda Parte

- Yo soy Tarkano, vengo de Tarkan, tal como se llama mi padre, que se casó con Tarkana? mi familia es de Tarkan como podrás ver? - y se sentó en las sucias losas del patio y se dispuso a comer. ? Estos monstruos me dan mucha hambre? ¿Quieres? ? y extendió una pierna asada de pollo hacia mí. 

- ¿Porque ese ímpetu en matarlos? ¿Quieres exterminar la población local? ? y acepté la invitación. 

- Debo probar mi valor. Alcanzando el más alto nivel que un guerrero puede llegar.- y miraba hacia arriba, obnubilado por quien sabe que imagen. ? Entonces mi amada será mía y su padre no podrá negarla ? afirmó sacudiendo la pata, que arrojó unas gotas de grasa hacia todos lados. ? Ella me ama ¿sabes?- y se perdió un instante en sus pensamientos. 

- ¿Como se llama tu amada? ? pregunté mas por curiosidad, que por otro motivo. 
- Su nombre es sinónimo de belleza. Ante ella los astros se inclinan. Su voz es la envidia de todos los instrumentos musicales, los más bellos pájaros le hacen coro, las más herm?.- 
- ¿Cómo se llama? ? pregunte interrumpiéndolo 
- ¡Ah! Si? su nombre es Vindemiatrix, nacida en el mes de septiembre, hija de Procyon y Sephora ? y haciendo un gesto de intriga preguntó - ¿Para que tienes que ir al tercer piso?- 
- Debo encontrar a Aicos, tengo un dilema que resolver con él ? dije tratando de no mostrar emoción. 
- ¿Aicos?- exclamó levantando las cejas.- Obviamente el frío de Davias te ha afectado el cerebro. ¿Estás loco no?- dijo y le dedicó una última mordida a su pata. 
- Sólo voy a hablar. ¿Porque debería tener miedo? ? mentí 
Tarkano me miró en silencio. Miró hacía el oscuro techo, volvió a mirarme. Entonces se paró, se acomodó el correaje, evaluó el filo de su espada y dijo convencido: - Te acompañaré- 
- No puedes arriesgarte. No permitiré que me acompañes ? dije tratando de detenerlo. 
- Declaro solemnemente que voy por propia voluntad, que no me obligas y que no lo hago por ayudarte. Compartimos un destino y? - agregó con una sonrisa ? si la suerte me enfrenta a él y puedo matarlo mi gloria estará hecha. Vindemiatrix será mia inexorablemente.- Y se fue caminando hacia el otro patio. 
No pude resistir la risa. El ímpetu de este joven es contagioso. El unilia relincho e hizo retumbar las paredes descascaradas de la torre. 

Pasamos a través de plazas y pasillos, y debo decir que alegremente, porque mi jovial compañero, cantaba y mataba. Siempre con una sonrisa, veloz y certero. Unos magos, antiguos residentes de la torre, trataban infructuosamente de aturdir a Tarkano con su hechizo de relámpago, pero a pesar de ser sacudido y arrojado por todo el piso, el seguía firme en su determinación. En cuanto el rayo cesaba, se paraba e irrumpía con renovado espíritu a sus atacantes que morían con un último quejido antes de tocar el piso. Así de a poco llegamos al pasaje hacia el tercer piso. Nos miramos. Sabíamos que después de ese pasaje estaba la verdadera lucha, todo esto había sido un simple entrenamiento. La prueba final nos aguardaba. Pero mi nuevo amigo no parecía tener miedo o dudas. Sus ojos brillaban, su sonrisa inquebrantable relucía en su rostro. Hinchamos nuestros pechos y dimos el paso hacia el portal. 

Nos recibió un frío pasillo, donde unos monstruosos esqueletos de animales, nos acechaban con sus encendidas pupilas. Algunos magos, lo usaban como escudo, de manera que se escondían detrás de estos. Mi amigo alzó su espada y cuando asestó el primer golpe a estas bestias, un desmoronar de huesos y un quejido nos dieron la pauta de que no seriamos detenidos. Así y todo avanzamos cuidadosamente, porque en cualquier lugar podía aparecer Aicos y ahí estaba el verdadero desafío. Empezamos por revisar un cuarto que estaba cerca de la entrada, entramos en la penumbra y cuando por la luz de un rayo en contra de nosotros iluminó el lugar, vimos una pila de calaveras y huesos, detrás de ellos estas malditas bestias aguardaban para atacarnos. Tarkan corrió hacia las bestias, que eran tres y haciendo un arco con su espada, volteó a todas de un solo golpe. Admiré la técnica de mi amigo; todos los guerreros saben tirar el ?golpe del tornado?, tal como le llaman a esto en la academia, pero no todos saben hacerlo rápido y certero. Y antes de que termine de pensar esto, ya había saltado encima de dos magos que murieron antes de que puedan alzar sus báculos. Volvió hacia mi con su eterna sonrisa? y tuve la sensación, el ?deja vu? diría alguno de ver algo que ya había visto, de estar viviendo algo que ya había vivido. 
- ¿Dónde crees que pueda estar Aicos? ? preguntó mirando hacia todos lados. 
- Escondido en cualquier recoveco ? contesté mirando hacia el pasillo donde unos hondos bufidos indicaban que nos estaban esperando. 
- ¡Busquemos entonces! ? y salió con su espada como un ariete hacia delante. 

Al salir, nos asaltaron más bestias, más magos pero todavía éramos demasiado hábiles para ellos. Estallaban en montones de huesos, que iban a parar a las pilas donde viejos esqueletos de guerreros que desafiaron esta torre reposaban. Los magos gritaban en su último estertor y desaparecían tras un crepitar de chispas. Cuando nos estábamos acercando al centro y estas incubos aparecían sin cesar, salían de la nada, se materializaban e inmediatamente nos atacaban. Si bien caían sin esfuerzo, cada vez eran mas, los magos nos atacaban de lejos y nos arrastraban con sus maléficos rayos por toda la plaza, y los esqueletos nos arrojaban golpes con sus pesados martillos, que no nos dañaban, pero cada vez eran más. Mi jovial y decidido amigo arrojaba su espada, barría de a dos, tres, cuatro y hasta cinco enemigos con sus golpes: embestía con ella y era como si un soplido de un huracán cercenaba a los que se atrevían a enfrentarlo. Mi maza también segaba con mis mejores golpes, enseñados por los oscuros guerreros de Icarus, los guerreros fantasmas. Aquí y allá caían, pero no parecía tener fin. Siempre salían más? hasta que dejaron de salir. 

Se hizo un silencio total. El ulular eterno del viento cesó. No se sintieron más bufidos, ni más pasos. El polvo se aquietó y descanso en el piso. Tarkano y yo nos miramos y pegamos nuestras espaldas. Él tomó su espada con las dos manos y la alzó, yo lo imité alzando mi mazo de fantasma. El aire cesó de moverse. El tiempo se paró. La tierra dejó de girar. Solo se sentía el latir de nuestros corazones, pero no lo escuchábamos. Girábamos apoyadas nuestras espaldas una con otra y mirábamos atentamente alrededor en busca de nuestro enemigo. 

Y sabíamos que estaba cerca. 
- ¿Quieres decir algo?- le pregunté a Tarkano sólo para saber como se sentía. 
- Tal vez no fue buena idea acompañarte ? dijo con seriedad en la voz. 
- Tú insististe, fue tu decisión ? y agregué antes de que me conteste ? y agradezco a todos los dioses por ello.- 
- Si?- dijo desganado ?pero estaba pensando que una mujer no vale la pena que me esfuerce tanto ? explicó acentuando las palabras. 

- No sé que decirte amigo. Yo?.- y me interrumpió 
-¡No me hubiera perdido esto por nada del mundo! ? y volvió a reír. 

Estábamos riendo los dos, alegres por la batalla. Firmes, dignos y expectantes. No sentíamos miedo. 

No será fácil llevarnos al infierno si así lo decidió el destino, pero teníamos una total certeza de nuestro triunfo. Fortalecidos esperamos el ataque de Aicos. 

Las destruidas paredes se fueron iluminando, descubriendo los rotos adornos y arabescos de la otrora gloria. Un resplandor rojizo iba ganando la plaza y empezamos a sentir los pasos que hacían temblar el piso. Pequeños ríos de arena caían desde las grietas, luces de relámpagos y sonidos de truenos agitaban el aire, los trozos más pequeños parecían esconderse, huyendo de esta luz y sonido que avanzaba. Enfrentamos, hombro con hombro, las manos en las armas, la vista en la entrada de la plaza. Sin vacilaciones, sin temor esperábamos nuestro momento. Y nuestro momento llegó? 

Aicos estaba delante de nosotros? 

Aicos nos vio pero no hizo ningún gesto. Ni de fastidio, ni de odio. Su rostro siguió imperturbable bajo el casco del Lado Oscuro, deslizándose mas que volando, con sus alas de plumas bermellón, con un sangriento báculo en su mano derecha y su enorme escudo, se paró a unos metros en frente nuestro. Tenía la vista clavada en ambos, el ataque era inminente. Sin palabras, sin bravatas, sin arengas. Lo esencial y terminante. Afirmamos nuestros pies y comenzamos a ir hacia él lentamente. 

Es mentira cuando dicen que te acostumbras al dolor, que lo puedes tolerar si estás acostumbrado a recibirlo. Todas mentiras. Aicos agitó su báculo y envió unos espíritus negros. He visto muchos magos y gladiadores magos hacer este hechizo, y son espíritus mas molestos que dañinos. Los de Aicos, pasaban a través de ti, llevándose tus entrañas, arrancando los músculos del hueso. El dolor era tan solo una mínima referencia, una palabra que describía pobremente lo que sentíamos. A pesar nuestro caímos de rodillas entre horribles calambres. Aicos bajó su báculo y los espíritus desaparecieron. 

Nuestra respiración estaba agitada, nuestro cerebro buscaba volver a conectarse con la realidad. 
Aicos caminó alrededor nuestro. Mirándonos despectivamente dijo: 
- ¡Que atrevidos! ¿Como se animan a venir? ? y se detuvo a unos pasos de donde estábamos arrodillados. 
- ¡Sufran por ese descaro! ? y nuevamente alzó su báculo. 
Antes de que pudiera lanzarlo, nos abalanzamos sobre él, atacando los dos a un solo tiempo. No lo hicimos por valentía, lo hicimos por desesperación. Aicos cayó arrojado hacia atrás. No perdimos esa oportunidad, volvimos a embestir pero rápidamente Aicos se recompuso. Desde el suelo nos arrojó un rayo, que nos detuvo en seco y nos dejó sin aliento. 

- Son valientes- asintió ya incorporado y levantando nuevamente su báculo. Antes de que pudiera tirar un nuevo hechizo le hablé: 
- No importa cuanto nos dañes. Siempre seguiremos peleando. No nos iremos- y ya parados sobre nuestros pies Tarkano agregó: 
- Esta lucha es a muerte. Lo sabemos? ¿pero tú lo sabes? ? dijo y lo miró con esa cara desafiante, casi burlona. 
- Que así sea ? sentenció Aicos 
Volvimos atacar ambos. Aicos detuvo el ataque de Tarkano, pero no pudo evitar el mío. El latigazo de mi mazo fantasma lo dejo atontado. Por un instante debajo de su casco del Lado Oscuro, vi la desesperación. No lo dude, volví a dar otro golpe. Los ojos de Aicos se perdieron y cayó aturdido. Tarkano arrolló y con la fuerza de una violenta ráfaga empujo su espada contra el pecho de Aicos. Pero solo fue una fugaz sensación de victoria. El terrible mago saltó y al caer se desató un fuego infernal alrededor de él. El calor abrasador, junto con un montón de piedras brotó del suelo, que nos pegaron, nos laceraron. 

A partir de ese momento sufrimos todos los ataques. Negros demonios se llevaban nuestra carne a dentelladas, llamas salían del suelo que pisábamos, torbellinos nos hacían girar hasta quedar casi inconscientes, plantas venenosas y masas de hielo aparecían en nuestros pies, desde incandescentes rocas y astros cayendo que nos llovían del cielo, paredes de agua nos empujaban. El mago desaparecía y aparecía detrás de un aura azul? era nuestro fin, nuestra aventura tocaba a su fin. 

Busque a Tarkano con la mirada. Estaba parado con los pies atrapados en un bloque de hielo, se balanceaba atontado tratando de levantar su espada y una serie de rayos lo sacudía violentamente. En eso un aura verde lo envolvió. La magia de Aicos se volvió inofensiva en ese exacto momento. Tarkano pudo recuperar su aliento. Aicos estaba desconcertado. Esa misma aura que envolvió a mi compañero, me envolvió a mí. Entonces vi los ataques de Aicos, pero no me dañaban. Pude recuperar mi aliento y pude incorporarme. Aicos trataba vanamente de dañarnos, pero esta aura verde que nos rodeaba hacia inútiles sus intentos. 

En eso una luz blanca y muy potente iluminó el recinto donde estábamos. Todos nos cubrimos la vista con las manos. Con los ojos entrecerrados vi a una elfa, vestida con la armadura de los guardianes, pero esta brillaba de tal manera que enceguecía. A través de esta, colores brillantes, desde intensos púrpuras a encendidos índigos aparecían tornándose los unos en los otros. Las alas flotaban detrás de ella y eran coloridas y transparentes. La elfa habló: 

- ¿Por qué abusas de tu poder? ? inquirió al mago que atónito se había detenido ante ella y su luz. 
- ¡Tu!?- Balbuceó el mago - ¡Tú estás muerta! ? dijo con ira, Y la atacó en ese mismos instante. La elfa rápidamente movió sus manos, y la misma aura verde la cubrió y volvió nada el ataque del mago. Aicos trataba inútilmente con todas las habilidades. La elfa volvió a hablar: 

- Tú ordenaste mi muerte, y al a matarme me volvieron mas poderosa? ¡tan poderosa que tu magia ahora es menos que la brisa ante mi! ? Y movió las manos hacia nosotros.- Puedo curar en un instante?- y tras ese movimiento que había hecho la elfa sentí, y creo que Tarkano sentía lo mismo, como el golpeado y tullido cuerpo sanaba, la mente se aclaraba y mis fuerzas volvían. El mago grito: 

- ¡Si te han matado, volverás a morir! ?y lanzó un furibundo ataque que no hizo mella ni en la elfa ni en nosotros. El mago se sacó el casco, vi la iridiscente cabellera caer sobre sus hombros y vi la desesperación, el miedo? el pánico en sus ojos.
- ¡Es tu hora de morir, prepárate a cruzar la puerta oscura! ? dijo la elfa 
- ¡Te mataré de nuevo Lala! ? y con el alarido atropelló para el ataque. 

Claro, era Lala. Mi visión en Davias, ella me había advertido. Ella nos estaba cuidando. Lala nos miró y volvió a gesticular con sus manos. Y tras ello un fuego frío, que no quemaba envolvió nuestros brazos. Sentimos la fuerza de mil guerreros en nuestros músculos. Nuestra sangre hervía y nuestra respiración se volvió huracán. Tal la fuerza que sentíamos, que habiendo tomado siempre nuestras armas con dos manos la sosteníamos en una y su peso no era sentido por nosotros. 

No dudamos. Atacamos al unísono a Aicos que aturdido, ni siquiera atinó a defenderse. El golpe del soplido con su espada del espíritu de Tarkano, y mi cachetazo de fuego dado con mi mazo fantasma, solo dejó el último quejido, el de la vida que se fue, de la vida que Aicos ya no tenía más. Su cuerpo cayó sobre las mugrientas losas del piso y desapareció tras un remolino de ceniza. 

Lala se acercó a nosotros. Nos apoyó las manos en nuestros hombros y nos sentimos confortados. La maligna luz que irradiaba Aicos se había desvanecido, y todo era llenado por la luminosa aura de la elfa. A través de unos huecos que habían en las paredes, fueron entrando unos débiles rayos de sol, que fueron haciéndose más fuertes. 

- Todavía no ha terminado ? dijo Lala sacándonos del embelesamiento en el que habíamos caído. 
- Es cierto, hay alguien más y sé donde lo encontraré- dije a Tarkano y a Lala. 
- ¿Mas peleas? ? Preguntó Tarkano -¡Definitivamente mi amada será mía! ? 
Lala y yo echamos a reír. Esta vez la victoria había sido nuestra. Pero no éramos invencibles. 
- Debemos ir a Noria. El fin de nuestro viaje esta ahí.-dije mirando a mis amigos 
- ¿Noria? ? dijo Tarkano sorprendido. 
- Noria ? confirmó Lala. 

Aunque tardé en darme cuenta, había ido uniendo cabos y pistas sueltas. Y tras estos sucesos, de a poco y a pesar mío fue viendo al responsable de todo esto. Yo había sido un monigote, un títere que había sido manipulado y manejado para algún oscuro objetivo. Ignoraba ese objetivo todavía. Pero estaba seguro del responsable. Para mala suerte de él, el monigote pensaba. El monigote había sobrevivido y ahora el monigote iba a buscarte. 

Era un viaje largo hasta Noria, pero no nos detendríamos. Tarkano cantaba y le hacia toda clase de cumplidos a Lala que sonreía complacida. Los unilias nos esperaban en la plaza segura de la torre. Algunos guerreros y magos que entrenaban en la torre nos miraban con respeto y admiración. Las elfas se acercaban a Lala y tocaban la brillante armadura y su luz iluminaba los bellos rostros sorprendidas por la perfección de esta. Tarkano narraba las aventuras, moviendo las manos y e impostando la voz para imitar a los enemigos que habíamos enfrentado. Yo me senté sobre unas piedras y le di de comer a mi unilia, que movía la cola alegre de volverme a ver. 

Después de un rato, los tres nos dirigimos hacia el pasillo que nos llevaría a Davias. 

Cuando pasamos el negro portal, un sol resplandeciente y un viento refrescante nos saludó. 
- ¡Nada como el frío aire de Davias para apreciar la vida! ? dijo Tarkano. 

- Así es mi amigo, así es ? dije feliz de poder respirar ese aire. 

Fuimos llegando a Davias, en paso sostenido pero sin apuro. La cantidad de monstruos y engendros había mermado. Era como si al erradicar la maldad que había en la Torre Perdida, muchos se desvanecieron?o acaso se liberaron. Como haya sido, hemos tenido hasta este momento que nos dirigíamos a la puerta Este de la ciudad un viaje sin demasiados sobresaltos. 

Tarkano cantaba e improvisaba canciones acerca de los últimos hechos, que causaban la risa de Lala. Yo reía también, era como si nunca, todas estas desgracias que asolan al continente, hubieran existido. La vida nos regalaba generosa sus mejores momentos. Y nosotros estábamos agradecidos, por estar vivos y por ende, el poder apreciar estas horas. 

Casi a un tiro de flecha de las puertas de Davias, Tarkano preguntó, lo que por respeto, supongo, no había hecho en todo el viaje. 

-Habías dicho que sabias quien estaba detrás de esto, pero no has dicho mas nada?- sofrenó su montura como para dar tiempo a la respuesta. 

- No les estoy ocultando nada. Sólo me he quedado cavilando, para estar mas seguro de lo que voy a hacer. ? sofrené a mi unilia también. Lala se acercó a nosotros y entonces los tres marchábamos al paso lento. 

- Quería estar acertado y sin lugar a una duda?- continué ? Ustedes me acompañan y no puedo darme el lujo de involucrarlos en problemas sin antes saber fuera de toda duda lo que estoy haciendo.- 

- Sabes que estamos contigo por nuestra voluntad?- interrumpió Tarkano 
- Estoy aquí porque quiero yo ? dijo Lala y agregó ? Nunca supe quien me mató. Pero el que haya sido? ¡lo pagará una y otra vez! ? 

- Yo lo sé. Y agradezco que me liberen de la carga de decidir y comandar esta cruzada- paré el unilia en un roquedal que por lo visto, había servido de parador de algunos viajantes o guerreros. El fuego estaba situado en el medio de unas rocas dispuestas como asientos. Tarkano bajó de su silla y avivó las llamas. Lala se acercó y sentó en unas de las rocas. Yo saqué unas bolsas con alimento y las repartí. Estaban dispuestos a seguirme, así que debían saber cual era mi pensamiento. 

- Desde un principio, siempre pensé ¿porque yo?, ¿Por qué entre todos los que mirábamos curiosos, Charonte me eligió a mí?... después que había visto tu cuerpo, brutalmente asesinado en Noria ? Lala se miró el pecho, recordando tal vez la sensación de la herida ? por el tipo de herida sabía que era alguien conocido. No te habías defendido- dije mirando a Lala, esperando me confirme mi teoría. 

- Solo recuerdo estar sentada, y alguien pidió lo de siempre? pociones, algunos orbes. No recuerdo haber visto a alguien conocido.- 

- O de verlo siempre no lo tuviste en cuenta ? interrumpí a Lala 
Lala me miró sorprendida. Continué: 

- Por el tipo de herida supe que era alguien muy veloz y con mucha fuerza. La limpieza de los bordes de entrada así lo indicaba.- me levanté y empecé a caminar alrededor del fuego. Lala y Tarkano me seguían con la mirada. ? Lo extraño fue que el Goblin del Chaos dejará su máquina y me diera una información, muy cara por cierto, pero irrelevante. No me interesaba saber quien era el desaparecido, sino quien lo había hecho desaparecer. Cuando mencionó a Aldebarán, supe que nos dirigían a propósito hacia Davias. Charonte sabía mas cosas, pero si sabia tantas cosas ¿Por qué necesitaba mi ayuda?, todo lo que he venido haciendo, sólo era seguirlo a Charonte a todos lados, porque la información la tenía él.- bebí un trago de agua y seguí explicando ? Rigel es una persona dedicada a su oficio, ya se desentendió de resto del mundo. Pero no lo haría de su hermano. Así que nos habló de lo que ya sabíamos todos, de lo mal que la pasaba con tu hermana ? dije mirando a Lala, que se mostró avergonzada ? y mencionó al mago, un personaje descartable, ladino, cobarde y servil que? ¡Oh casualidad se le dio por tomar un vino justo cuando estábamos hablando de él!, así que le perseguimos a través de las heladas llanuras de Davias. Me sorprendió mucho la velocidad que tenia Charonte para pegar con su báculo a los monstruos que atinaban a cruzársenos. Demasiada rapidez para un mago. Demasiada pericia para manejar el unilia, que paró en seco y de un solo tiro a más de cien pasos volteó al fugitivo mago. ¿Pero como un hombre tan ágil y tan veloz se retrasó en la carrera por ver el cuerpo del mago? Yo llegué primero y Charonte un rato después. Entonces vino la confusión, el dragón dorado, la turba y tu visión.- finalicé mirando a Lala para que me diga porqué apareció en mi sueño? 

- Cuando renací, algunas cosas quedaron más claras y algunos poderes, digamos mas desarrollados ? dijo Lala ofreciendo las palmas de sus manos al fuego para calentárselas ? Estaba sumida en un sueño, cuando de repente aparecí en Icarus, ahí supe que la única persona que podía ayudarme eras tú. Tuve la premonición de que algo malo estaba por suceder y te advertí. ¿Cómo sabía que eras tú y no otra?... lo ignoro, solo lo siento así. A partir de ese momento me basta pensar en ti para saber si estás bien o mal? cuando sentí dolor, mis alas me llevaron hasta la Torre Perdida? y ya sabemos como sigue esto.- Lala cruzó sus piernas y se quedó mirándome esperando una respuesta. 

Tarkano miraba el fuego y con el mentón apoyado en las manos empezó a decir en voz baja: 

- Entonces? yo? ¿Por que estoy aquí? ? dijo con cierta tristeza, como la de alguien que ha quedado fuera del reparto. ? Yo no he tenido sueños, ni premoniciones. Sólo el anhelo de luchar por el amor de mi amada? y ahora ya no sé porque lo hago? ¿Puedes darme tú esa respuesta? ? dijo mirándome con su clara mirada. ¿Puedes?- 

- Nada de lo que estamos haciendo es al azar. Me siento como si alguien me manejara desde otra dimensión. De alguien que no puede entrar acá, pero si manejarnos. Nuestro destino está escrito. Lo único que nos queda es cumplirlo. ? dije apoyando mi mano en el hombro de Tarkano para darle ánimos. Lala hizo lo mismo. Tarkano esbozó una sonrisa y continuó: 

- Sea lo que sea que nos tiene el destino, estoy listo. Te seguiré hasta el final, es la palabra de Tarkano.- dijo ya recompuesto. Lala le sacudió los hombros y Tarkano rió. Yo proseguí con mi hipótesis: 

- Cuando me enteré de la muerte de Charonte, me sorprendió poder ver el rostro. Charonte cuidaba que jamás se lo viera. Pero su pesada capucha, había extrañamente salido, para que oportunamente yo pudiera verlo.- 

- Un momento ? interrumpió Tarkano ? al principio por como describías, el sospechoso era Charonte, te engañó, no se con que propósito, pero todo apunta a él, mas cuando dijiste que debíamos ir a Noria.- 

- Y eso era lo que querían que crea? pero es mentira. ? dije mirando a Tarkano 
- Pero Charonte murió- inquirió Tarkano a modo de pregunta 
- Es cierto.- dije ? El muerto que yo vi era Charonte inequívocamente. 
- Entonces? ¿Como puedes sospechar de un muerto??- preguntó Lala 

- ¿Querían que piense que Charonte estaba muerto?... ¡Si! ¿Querían hacer que cargue la culpa de su muerte?... ¡Si!, ¿Charonte es el culpable?... ¡No! ? 

Los dos me miraron con los ojos abiertos. Sorprendidos. Continué con mi explicación. 

- Charonte estuvo conmigo hasta que llegamos a Noria. En el momento que nos separamos, alguien ocupó su lugar. Ese alguien apareció oportunamente cuando el goblin me daba su información? ¡Que precisión para aparecer! ? y seguí dando mi discurso y haciendo ahora gestos con las manos ? Después todo me pareció demasiado ordenado, hasta el accidente del dragón. El que estaba desde el incidente del goblin no era elñ Charonte original, era otro. Después del dragón dejaron el cadáver del Charonte original y me cargaron la culpa. Se supone que debía morir y todo resuelto. La pregunta que sigue?- y miré a Tarkano. 

- ¿Por qué debía morir Charonte? ? dijo Tarkano 
- ¿Por qué debía morir yo? ? dijo Lala 
- ¿Por que debía morir yo? - dije.- ¿Que tenemos en común los tres?... 
- Aldebarán ? dijo en voz ahogada Lala 
- Tú eras su cuñada, yo lo conocía y Tarkano va camino a ser el más grande del continente.- 
- Entonces?- balbució Lala 
- Entonces todo esto es una intriga armada por Aldebarán ? dije adivinado las palabras de ellos. ? El Charonte que, aparentemente mataba al mago, era Aldebarán. Si lo atacaba con un arma, lo mataba. Sólo un guerrero puede tener precisión pero no el poder de magia capaz de matar. Por eso le pegó desde lejos. Seguro que una vez muerto yo por la turba, Aldebarán lo mataría. Él mató a Charonte dejándome su cadáver al lado mío y me dejó el Kris con el que te mató a ti, - expliqué mirando a Lala, que se apoyó las manos en el lugar de la herida.- Aldebarán solo pasaría desapercibido en la multitud de Noria, y es el único suficientemente veloz para asesinar en un parpadeo de ojos. Nadie reparó en el. Mató a Charonte, el goblin le ayudó a ocultarlo y él tomó su lugar. Después hicieron toda la parodia.- y me senté 

Lala y Tarkano se habían quedado callados. Miraban hacia el paisaje nival con la mirada perdida en sus pensamientos. 

Tarkano fue el primero en hablar: 
- Aicos entonces está de acuerdo con Aldebarán.- dedujo 
- Aicos sólo es otro títere en esta comedia, que llevo un mal papel. ?y acoté para dar mejor explicación - Era el seguro por si fallaban los anteriores. Y hubiera sido así si Lala no nos ayudaba.- La elfa nos regaló una sonrisa. 
Lala preguntó entonces: 

¿Para que vamos a Noria? Si Charonte es una víctima? ¿Por que no vamos a buscar a Aldebarán y hacerle pagar por su muerte?.. Dijo la elfa con encendida voz. 

- Vamos a buscar a Aldebarán. El está ahí ? contesté y agregué ? vamos ya antes de que se haga mas tarde. 
- Entonces debemos movernos más rápido ? aseveró Lala incorporándose de su asiento ? Vengan, denme sus manos.- La preciosa criatura tomó nuestras manos, hizo un gesto y todo el mundo se detuvo, después se desvaneció, y cuando la luz volvió con nosotros estábamos en un sitio oscuro, lleno de lúgubres lamentos y extraños sonidos. 

- ¿Qué lugar es este? ? preguntó aturdido Tarkano al tiempo que la Espada del Espíritu florecía en sus manos. 

Yo lo imité y mi Mazo del Fantasma describió un círculo. Lala saco su Arco Gigante y colocó una flecha dorada. La elfa habló: 

- Deberíamos haber sido transportados a Noria directamente. No sé que falló- Y pegó la espalda de su brillante armadura a nosotros. 

Entonces vimos el trono, en medio de criaturas de pesadilla, de gigantescas serpientes, de amenazantes guerreros muertos con espadas de fuego. Al lado de este trono estaba el falso Charonte, que al vernos bajó su capucha y vimos el rostro perfecto de Aldebarán. Pero el carisma había sido sustituido por una fría mueca de un ser sin corazón. Alguien impiadoso impulsado por oscuras y bajas ambiciones. Nada que ver este Aldebarán con el de la leyenda. 

- Debían haber muerto y no haber vuelto ? dijo el guerrero, sacando dos flamígeras y carmesí espadas.- Ahora morirán para siempre?- acá le interrumpí 

- ¿Por qué debíamos morir? Me debes el saberlo? - dije levantando el mazo esperando un golpe. 
- ¡Pobre y patético eres! ? Exclamó en una risotada el avatar -¿Que te hace pensar que te debo algo? Lo único que me debes tú y tus compañeros es? ¡Su muerte!? ¡y quiero que me saldes ya esa deuda!- y antes de que el golpe cayera sobre mí la elfa me dio sus auras en un abrir y cerrar de ojos. Cuando las Devourer cayeron sobre mí el daño fue mínimo. 

Aldebarán levantó sus espadas y gritó: 

- ¡Así que tu perra elfa te da ayuda!? ¡Yo también tengo elfa para que me ayude!- y ante la sorpresa de todos apareció la hermana de Lala, que envuelta en un sangriento velo, con los ojos rojos de ira y aullando blasfemias dio poder a Aldebarán

Sabía que era el mas magnifico guerrero que jamás había existido, que la elfa era tan poderosa como su hermana. Que estábamos en un sitio desconocido y a su merced? no había nada que temer.* 

Este soberbio guerrero, con su fuerza aumentada por la elfa, sería invencible. Nos aprestamos los tres a atacar al unísono. Sólo así tendríamos una oportunidad. Pero fue inútil. Cuando estábamos por asestarle nuestros golpes sacó un ?golpe de tornado? que nos arrojó lejos y separados. Tratamos de juntarnos rápidamente, pero atacó al todavía atontado Tarkano que a duras penas contuvo el brutal embiste. Lala arrojó una flecha congelada, que cubrió de hielo a Aldebarán y lo inmovilizó solo un segundo, lo suficiente para que Tarkano se levantara y le aplicara un profundo soplido con su espada. Aldebarán trastabilló hasta una sucia columna, en ese instante la hermana de Lala, atacó a esta con un Flecha de penetración, que hizo desgarrar la blanca armadura en un hombro. Yo ataqué a la hermana de Lala, con un ?latigazo de fuego?, que la hizo doblarse en dos y antes de que se incorpore le golpeé con toda mi fuerza y energía, en la espalda. Este golpe la hizo perder su Ballesta de Arcángel, pero tuvo tiempo de moverse y tomar un arma del piso, con la que me atacó inmediatamente. A duras penas pude atajar el velocísimo golpe, pero me dejo indefenso ante la embestida de Aldebarán, que me elevó por los aires y me dejo totalmente aturdido en el piso. Lala le arrojó entonces una serie de flechas combinando perforadoras con flechas de hielo, que relentaron los movimientos del imbatible guerrero. Yo todavía no lograba volver a coordinar mis movimientos de tan impactado que había quedado. En ese mismo instante Aldebarán tiró sus espada al aire y al caer la tomó y la enterró en el piso que se abrió y un fuego infernal me envolvió y me hizo chocar contra el techo para caer pesadamente y desvanecido en el piso. En ese segundo Lala me asistió con aura de sanación, y pude resistir el ataque de la elfa maligna, que me congeló en el piso pero no lo suficiente para matarme. Tarkano que ya había vuelto en sí, se acercó a toda carrera a Aldebarán, hizo unas gesticulaciones delante de él e inmediatamente Tarkano estalló en un aura que incrementaba la vitalidad. Aldebarán se quedó petrificado mirándolo. Y en ese momento Tarkano lo atacó y con un sencillo golpe, Aldebarán dio un grito de dolor y cayó de rodillas? muerto. La hermana de Lala se quedó estupefacta mirando la escena, y antes de que pudiera reaccionar de dos certeros flechazos quedó clavada contra el espaldar de ese trono oscuro. 

La batalla había terminado. No había mas enemigos. 

¿No había mas enemigos? 

Ninguno escuchó el sisear del cuchillo en el aire. El arma, certeramente arrojada había impactado en mi pecho. Una rosa de sangre floreció en un segundo. Lala corrió a darme vida, pero esta se me iba rápidamente. Miré hacia el lugar de donde había brotado el Kris. Y detrás del lúgubre trono, apareció la figura del Goblin del Chaos, que maldiciendo e gritando toda clase de insultos contra todos, nosotros y sus secuaces, nos habló con los ojos inyectados de sangre y una densa baba cayendo de la horrible boca. 

- ¡Malditos sean, ustedes y su descendencia! ? dijo subiendo sus deformes manos hacia arriba. - ¡Malditos? dos eones esperando mi oportunidad, y ustedes me arruinaron!- 

Atónitos ante esto e insospechado desenlace, sólo asistíamos en silencio a la escena. El deforme goblin siguió con sus maldiciones. 

- ¡Miles de horas corrompiendo el alma de Aldebarán! ¡Otras miles corrompiendo el alma de tu hermana, maldita elfa! ? y en un grito más potente dijo: - ¡Yo, el goblin del chaos, iba a ser el rey del continente! ? en ese instante una luz estalló, se sintió el caer de un rayo y el goblin del chaos cayó fulminado por un rayo. Charonte envuelto en una túnica blanca, con un báculo de cristal le había tirado un último y definitivo rayo al deforme ser. 

- Ya no tendremos mas desencuentros ni confusiones- sentenció y se acercó a nosotros que habiamos asistidos estupefactos al desenlace de esta historia. Tarkano me sostenía en sus brazos y a pesar de las curaciones que ininterrumpidamente me daba Lala, la vida se me iba a cataratas. Charonte se acercó y me dijo en suave voz: 

- Gracias por creer en mí. Otro no lo hubiera hecho.- 
Traté de hablarle, pero no salió ninguna palabra de mí. Poco a poco todo se fue apagando. 
La oscuridad era total. Cansado cerré los ojos. 

Cuando los volví a abrir, el sol ya había salido. Tenía una pierna acalambrada y al enderezarme en la silla, un rayo de sol hizo que me cubriera la vista con la mano. En el monitor se veía la imagen de mi pj, sentado en los banquitos de Noria. Lo moví hasta el baúl y por un momento, antes de desconectarme del juego tuve la sensación de que el goblin del chaos me dirigió una mirada de odio, pero será el sueño el que me hace ver cosas. 

Alguien escuchaba una vieja canción, una de Jethro Tull?me levanté, fui a la caja para pagar e irme a mi casa. Jon Anderson me acompañó con su voz hasta la vereda? 

Whenever I get to feel this way, 
try to find new words to say, 
I think about the bad old days 
we used to know. 

Nights of winter turn me cold -- 
fears of dying, getting old. 
We ran the race and the race was won 
by running slowly. 

Could be soon we'll cease to sound, 
slowly upstairs, faster down. 
Then to revisit stony grounds, 
we used to know. 

Remembering mornings, shillings spent, 
made no sense to leave the bed. 
The bad old days they came and went 
giving way to fruitful years. 

Saving up the birds in hand 
while in the bush the others land. 
Take what we can before the man 
says it's time to go. 

Each to his own way I'll go mine. 
Best of luck in what you find. 
But for your own sake remember times 
we used to know. 


FIN


Primera Parte
El Bar de Lorencia-Segunda Parte
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