El Bar de Lorencia(Una Historia del MU)

Primera Parte

No sé realmente hace cuanto que me siento en el mismo lugar, todos los dias, todas las horas. No es que me esté quejando, porque esto no deja de ser un trabajo, y dentro de todo, está bien pagado. 

Y también sé para quien trabajo. Por supuesto que no es esa rubia, que está detras del mostrador vendiendo pociones, alcohol, ángeles y demonios, aunque sea ella la que me paga el sueldo y la que me dá el trabajo. Todos los que trabajamos en Lorencia, sabemos que trabajamos para el oculto poder de alguien que está mas alla de nuestro limitado conocimiento, que nuestros movimientos están digitados por fuerzas que desconocemos y que nunca alcanzariamos a comprender. Desde Hans, el herrero hasta Passi, el mago estamos compulsivamente atados a este destino. Mi trabajo, es algo más suelto. Me siento en una mesa y miro a los que vienen, hacen sus negocios, venden y compran el producto de sus muertes, pillaje y suerte. Los escucho hablar a los gritos, les veo susurrar. Los veo amenazarse, apoyarse y despedirse. Yo veo a todos los que vienen a este bar. Siempre la misma música, siempre el viento silbando afuera y el mismo cielo nublado. Siempre esas antorchas, dibujando sombras que parecen reirse de nuestros esfuerzos por ser distintos y que siempre terminamos siendo iguales. 

Acá en el bar de Lorencia, la vida no pasa. Es solo una repetición de hechos. Pero no siempre... 

Un día apareció un guerrero, brillante, sus espadas enceguecian con su luz. Su armadura aturdía la vista como el vino los sentidos. Su fuerza era total, era como la mano de un dios, salvaje, que deshacía lo que tocaba. La agilidad era prodigiosa, y a pesar de recibir muchos golpes su vitalidad parecía no tener fín, tal vez animada por una energía que no habiamos visto antes. 

Se instaló en la puerta oeste de la ciudad y se dedicó a matar a todo lo que salía o entraba por esa puerta. No había guerrero, mago, elfa o gladiador que pudiera con él. Los mataba a todos y en la cara podiamos observar el gesto de fastidio al acabarlos. Invocaba dioses desconocidos y una explosión ámbar lo rodeaba, su cabellera se encendía y a partir de ahí los guerreros mas valerosos, aquellos que jamás habian sentido el miedo, descubrian ese frio sudor que le recorría el cuerpo. Sus ojos vacilaban y veían un relámpago como la última imagen de su vida. 

Pero un día encontramos desparramada en la puerta oeste su armadura, un casco por acá... los pants cerca de la chica que vende pociones, los guantes cerca del foso que rodea la ciudad. Sus espadas clavadas en la tierra... pero de él, nada. Habia una mancha seca de sangre, pero no sabiamos si era la de él o de algunas de sus víctimas. Se lo llamó, a los gritos y en todas las ciudades y sitios. Pero asi como vino, desapareció... 

Y yo quería saber porque desapareció... 

No sabía lo que iba a descubrir.... 

Cuando uno entra en Noria, después de atravesar las puertas de piedra, el sol lo recibe como una cachetada. Ese golpe de color, calidez, a las que no estamos acostumbrados en Lorencia, acá es una inundación de verde y luz. Resulta curioso que Charonte, ese ser oscuro y sigiloso viva en esta ciudad. Íbamos con él por el camino hacia la ciudad. De vez en cuando un goblin o un escorpión rueda se ocultaban rápidamente en la maleza, dejando tras de sí un eco de hojas sacudiéndose. El clima es agradable, y de a poco la túnica de cuero se va haciendo mas pesada. Charonte camina como si el calor no le molestara, de vez en cuando se dejan ver sus ojos luminosos, fijos en el frente. 

-¿Conocías a la elfa?- le pregunté rompiendo el silencio del camino 

-¿A Lala?, si. Charlábamos de vez en cuando.- dijo y levantó su cabeza como mirando cuando uno mira un recuerdo. 

-¿Porqué crees que la mataron? ¿Tendrá algo relacionado con la desaparición del guerrero?- 

- Creo que sí, no es lo usual- giró su cabeza dirigiéndome sus ojos hacia mí ? No suelen morir violentamente los que pertenecemos a la ciudad.- y volvió a mirar hacia delante. 

- ¿Porqué matarías una elfa?- dije encogiéndome de hombros ? Los guerreros, los gladiadores y aún los goblins del Chaos tendrían mas motivos para ser asesinados que una elfa. Estoy seguro que hay algo que no sabemos.- 

Noria es una ciudad cosmopolita. La cercanía de todos los puntos importantes y el negocio de los goblins del Chaos, haciendo armas, alas y todos esos artículos en esa ruleta, que es la Rueda del Chaos, daba a esta ciudad un vertiginoso andar. Y los insultos de los perdedores de la rueda, todos a los gritos de todo el mundo vendiendo sus cosas. Un mercado hirviente de gente y de mercaderes. El custodio del baúl no da abasto ante los pedidos de los depositantes. El viejo goblin, revolea una joya del chaos, tentando a todos a probar suerte. El craftman vendiendo bajo la sombra de un árbol sus arcos y el lugar ahora vacío, de donde Lala vendía pociones y orbes. Al acercarnos vimos el ahora ya pálido cadáver de la elfa. Estaba boca abajo, sobre un charco de sangre que había brotado por la espantosa estocada de una espada. 

Se lo hicieron con una Spirit!- 

No, fue con una Devourer!! 

La gente especulaba y discutía sobre tajos y describía con las manos como eran los golpes. Me agache frente al cadáver, y miré detenidamente la forma en que había caído el cuerpo. Era una herida limpia, hecha con precisión de cirujano, tan veloz que la sangre salió por la espalda, casi nada en el frente. O sea que Lala conocía a su matador. 

Charonte se agachó al lado mío y me preguntó: 

-¿Ya sabes que pasó?- dijo mirando hacia las mustias alas de la elfa y al etéreo vestido nadando en la sangre. 

- Conocía a su asesino, no se defendió, no lo sospechaba. El asesino tiene mucha fuerza y es rapidísimo. ? y ahora le señalaba la herida del abdomen, tirándome en el suelo ? observa?no hay mucha sangre debajo de ella.- Charonte miraba con la cabeza pegada al piso hacia donde yo le señalaba. ? toda la sangre que manó de la herida, salió por la espalda. Casi nada por el frente. Fue hecha con un Kris. ? dije parándome y dándole una mano para que Charonte se incorpore. 

-¿un Kris? ? preguntó sorprendido Charonte 

- Un agujero pequeño. Un arma rápida, que se pueda ocultar y letal en manos de una persona con aptitudes.- le eché una última mirada a Lala para dejar que las otras elfas le den las exequias que merece. 

Me había sentado en las mesas, mientras Charonte revisaba las puertas del Devil Square. Entonces sentí una voz que me llamaba. 

Cuando giré, vi al goblin del chaos, al que revolea la piedra, escondido detrás de la reja que rodea Noria, oculto en una mata de plantas. 

-¿Qué quieres? ? le pregunté al goblin que miraba nerviosamente a todas partes. 
- Siéntate y no mires hacia donde estoy- y se escondió un poco mas ? Disimula y escucha. 
Me senté en la mesa de al lado de la reja. El goblin habló: 
- Se como se llama el guerrero que desapareció en Lorencia.- 
Giré la cabeza, sorprendido. 
-Te dije que no me mires!!!- gritó el goblin 
Miré hacia otro lado, impaciente por saber ese nombre. 
- Por supuesto esta información tiene un costo?- y suspiró 
- ¿Cuánto es ese costo?- pregunté intentando no dar muestras de mi ansiedad 
- 50 millones de zens.- dijo pausadamente? 
- Si la información es buena, la tendrás- 
- Sin zen, no hay información- 
- Sin información no seguirás respirando- dijo apareciendo repentinamente Charonte desde atrás del goblin y poniéndole una Lightning en el cuello. 

El goblin me miró asustado, yo miré a Charonte sorprendido y Charonte miraba con mirada de fuego la cabeza sudorosa del goblin? 

El goblin estaba tan sorprendido como yo. Y asustado. Charonte lo miraba con los llameantes ojos. Podría decir que tenía ganas de que no conteste... o que si. Lo que sea, daba la sensación de que sólo necesitaba una excusa para terminarlo. El goblin comenzó a balbucear: 

- ¿Porqué me atacas?- trataba de dar vuelta la cara, pero estaba totalmente inmovilizado en los firmes brazos de Charonte.
- Sólo dime como se llama el guerrero, después recibiras la mitad del pago.- dije con voz calmada. 
-¿La mitad?- gritó a medias el goblin - ¡¿La mitad?!- 
- Cuando vea que es buena tu información y no me estás estafando recibirás la otro mitad.- 
Se revolvió en los brazos de Charonte, inutilmente y el miedo se fue, y dejo paso a una furia. Tal vez porque temía no recibir lo que había pedido. Tal vez porque creiá que no le daría nada. Al final resopló y suspirando dijo el nombre: 

- Aldebarán....- 

Charonte aflojó de a poco la llave que inmovilizaba al goblin, golpeado por el nombre. Yo abri los ojos, meditando la respuesta de este. Charonte se incorporó limpiandose las hojas y tierra de su túnica. Yo me senté en una mesa. 

Para saber porque nos quedamos medio aturdidos por ese nombre, les contaré una pequeña historia. Aldebarán era un guerrero al servicio de todos. En donde se estaba cometiendo una injusticia, allí iba él. Donde un débil era oprimido, molestado, robado o estorbado, Aldebarán colocaba las cosas en su lugar. Siempre cantando, su potente voz hacia temblar a los malos, alegraba a los buenos y enamoraba a las mujeres. Pero un día se enamoró. Y el objeto de su amor fué una elfa, que mala y desdeñosa lo usaba para toda clase de caprichos. Abusaba del corazón de este pobre ser, encargándole la más dificiles y humillantes tareas. Pero un día, estas tareas llegaron a un límite. Aldebarán, como buen enamorado, le había regalado una preciosa armadura Nature, confeccionada por los magos del Blood Castle, daba a su portadora toda clase de suertes y posibilidades. Cuando se la entregó, esta mala elfa la miró con desdén y la tiró sobre una mesa, sobre los restos de la comida, y le gritó diciendo: - No me gustan las Nature!!! Siempre eres el mismo idiota!!- y se abrazó a un guerrerito de tres al peso, y se rieron de él, que estupefacto no daba crédito a sus ojos. Sus ojos se encendieron, la espada que siempre habia brillado con azulada luz, ahora despedia llamas rojizas, su escudo se tiño en sangre y sus alas, las mas hermosas de todo el continente, se transformaron en una sangrienta membrana. 

A partir de ahí desapareció y nunca más supimos de él. Hasta ahora. 

La voz del goblin nos sacó del estupor: 
- ¡Quiero mi dinero! - gritó entre dientes. 
Saqué dos joyas Creation y se las dí. El goblin sonrió y las miró goloso, deleitado por su pago. Charonte envainó su espada. 
- ¿Y ahora? - le pregunté a mi eventual compañero de investigaciones. 
- Si lo que dice este engendro es cierto, Aldebarán volvió para terminar algo, que por el momento desconocemos. La finalización de esto aparentemente le ha costado la vida, o por lo menos le ha hecho desaparecer nuevamente.- deciá mientras se acomodaba el cinto de la túnica - Ya sabemos quién es el que desapareció.- 

- Ahora bien- dije cruzandome de piernas - ¿Como se liga esto con la muerte de Lala?.- 

Charonte me miró desde su oscuridad, y pude adivinar por el brillo de los ojos que estaría sonriendo...por mi ignorancia o por mi candidez. 

-Lala es la hermana del amor de Aldebarán- 

Si antes la noticia no me había sorprendido, esta si lo hacía. Cuantas cosas suceden en este lugar que a pesar de vivir en él, ignoramos. Cuantas cosas que ignoro se han ido con Lala, con su boca sellada por la muerte, cosas que no sabré mas. De repente, así como si fuera una inspiración me acordé de un detalle, de algo que nos podría poner sobre la pista. Aldebarán tambien tenía un pariente. Un hermano, que se habia unido a las fuerzas regulares de Davias, que ahora diezmado el ejército solo se limitaba a las administrativas tareas de registrar clanes. Se lo podía encontrar siempre en su lugar de trabajo, siempre en el centro de la ciudad, al lado de su estandarte. 

- Debemos ir a Davias - le dije a Charonte 
- Si...- dijo en un suspiro - debemos hablar con el hermano.- 
- ¿Como....? - exclamé sorprendido - ¿ Conocias al hermano?... 
- Así es - y riendo agregó - y a la hermana. Tú... ¿sabías que tenía una hermana?- 
Mientras balbuceaba torpemente palabras, pidiendo que me explique como sabía esas cosas; porque yo... no las sabia!!; nos subimos a los unilias que se agitaron debajo de nuestras piernas y sacudieron sus cabezas. Tras un relincho, la risa de Charonte y mi voz hablando y contestándome solo, nos pusimos en marcha hacia Davias. 

La helada ciudad nos esperaba con mas sorpresas, y mas incógnitas. 

Davias nos recibió con sus helados brazos abiertos. El blanco enceguece, la nieve es de una blancura que lastima los ojos. Y el níveo paisaje invita a sentarte junto a la ventana, con el hogar prendido, escuchando el crepitar de los leños y las voces de los chicos. Invita a la caricia de las personas que amamos. Pero también es frío recuerdo de los que están solos y que no existe calor ni fuego que derrita estas nieves y tampoco las del alma solitaria. La nieve es invitación y recuerdo. La eterna dualidad de las cosas. 

Charonte ató su unilia en un poste. Y miró en derredor y aspiró profundamente. Yo lo imité y coloqué mi montura al lado de la de él. Tenía cierto temor al pisar sobre la congelada vereda. Nos movimos un poco torpemente al principio, pero fuimos ganando confianza y nuestros pasos se volvieron más seguros en poco tiempo. Ya cuando llegamos al centro de la ciudad, nuestra marcha era decidida y firme. 

Avistamos a Rigel, tal como se llamaba el hermano de Aldebarán, firme en su negro uniforme, digno y lleno de orgullo, estaba erguidamente parado al lado del estandarte que representaba su ciudad. Nos acercamos hacia él saludándolo unos pasos antes de alcanzarlo. 

- ¿Rigel? ¿Es así? ? le pregunté extendiéndole la mano. 
Rigel se puso firme, estiró y apretando fuertemente mi mano me dijo: 
- Ese soy yo. ¿Con quien tengo el placer de hablar? ? Y le dirigió la mano a Charonte. 

- Soy Charonte, el encargado de las puertas del Devil Square ? y me señaló a mi y agregó: - El es un amigo, que me está ayudando en unas averiguaciones. 
- Ustedes dirán en que les puedo servir?- e inquirió con una sonrisa. ? ¿En que puedo serle útil?- y se quedó mirándonos.
- Háblanos de Aldebarán.- Dije con una sonrisa también. Y se acabaron las sonrisas. 
Rigel se puso serio, miró hacia los costados, miró hacia el piso, suspiró y finalmente dijo: -¿Qué sucede con Aldebarán? ? 
Le hicimos un breve resumen de los acontecimientos, dijo que se había enterado de la desaparición y de la muerte de Lala. Pero no estaba en contacto con él. Había abandonado el temor o la desconfianza y ahora parecía mas una charla que un interrogatorio. Esto se afirmó cuando nos invito al bar de Davias a seguir charlando. 

Nos sentamos en una mesa al lado de un gigantesco hogar de piedra, en donde ardían unos leños. La luz del fuego dibujaban siluetas en la decoración del bar y la mujer que lo atendía, una muchacha de cabello negro, piel blanca y unos ojos azules, nos sonrió al vernos entrar y nos trajo la bebida típica del lugar: Chocolate, hidromiel y alcohol. Pocas cosas hay en este mundo que nos dé tanto placer y tanta satisfacción como esta bebida. El calor que te llega al beberlo no abrasa, no hiere la garganta, no lastima. Es un calor que te devuelve a las viejas canciones y a las rondas de amigos, a las alegrías compartidas como cuando ríen golpeándose el muslo con la palma de la mano. 

Charonte estaba ajeno a esto. Lo miraba a Rigel que hablaba como si estaría contando anécdotas de su época militar. 
-?por mas que le advertí en su loco amor él jamás hizo caso. Siguió humillándose hasta más allá de la cordura.- decía mientras sacudía los restos de la bebida en la copa. 
- Pero sabes si aparte de su loco amor, había cosas. Un adalid no se vuelve un asesino pervertido de la noche a la mañana.- comentó Charonte levantando sus ojos de fuego. 
- En su época de locura. Al final de su amor, había alguien que le incentivaba este odio. Nunca creímos que fuera muy malo, porque Aldebarán ya no escuchaba a nadie.- se recostó contra la silla.- nunca nos dijo de lo que hablaban, pero siempre huye de mi cuando me ve?- 

- ¿Quién es el?- pregunté 
- Un mago. Un pobre espíritu, débil y taimado, buscando el favor de los poderosos, incapaz de conseguir algo- contó y pudimos ver su desprecio al hablar de él ? Encontró tierra fértil donde sembrar su maldad.- terminó con fastidio. 
- ¿Dónde lo encontramos?- pregunté 
- El esta? ¡Ahí está! ¡Es ese! ? dijo levantándose de repente de la silla. 
En la puerta del bar había aparecido un mago, vestido con la armadura Esfinge, el báculo brillaba a su espalda. Se quedó petrificado al ser señalado por Rigel y nos miró desconcertado a mí y a Charonte. Y en cuanto vio que este avanzaba sobre él, salió corriendo. 

Salimos atrás de él. Iba hacia la puerta norte, era muy rápido y ágil. En su carrera sacó el báculo, ya con este en la mano en la puerta le tiró un rayo a uno que se bajaba del unilia. El hombre, un gladiador, quedó atontado y el rayo lo arrojó a unos metros. El mago se subió al unilia y se dió a la fuga, por el camino que va hacia el paso oeste. Nosotros volvimos rápidamente a donde estaban nuestros unilias. Los desatamos y nos subimos y salimos a todo galope desde dentro de la ciudad, espantando a la gente con nuestro acto. Cuando cruzamos el paso del oeste, lo llegamos a ver cerca del borde del lago helado. Se metió por el paso de la roca, y nosotros fuimos atrás. Los unilias dejaban una nube de hielo y vapor detrás de ellos. Con la mirada fija en el camino ellos, con la nuestra fija en nuestro prófugo, corrimos a través de las heladas planicies de Davias. 

El mago esquivaba a las bestias y a los salteadores que inundaban la tierra del norte. Homerds y Asesinos salían repentinamente a bloquearnos el paso. Pero Charonte los mataba con solo tocarlos, tal la velocidad de sus golpes aún montado. Algunos Yetis se nos abalanzaban, y algunos nos arrojaban piedras, pero eran muy lentos para nosotros y para el mago también, que seguía en su loca carrera. 

Cuando cruzó el paso del norte, nos dimos cuenta de que había mucho que ocultar, ya que nadie, sólo muy pocos se atreven a pasarlo. Estas son las tierras donde vaga el alma perdida de la hija de Kundum, un alma sin paz, que ríe constantemente sin sentido. Ostenta una corona de hielo, y quien se atreve a pararse enfrente de ella, se le congela el corazón y muere. Entonces dicen las leyendas, que habitan eternamente estas congeladas estepas, como Homerds y Asesinos. Jamás regresando a su casa, jamás volviendo a su ciudad. Miré a Charonte, curioso, ya que si alguna de todas las cosas que se dicen, es cierta, él es el padre de esta mujer demente. Pero Charonte no mostraba ninguna vacilación, tenia la vista fija en el mago que se dirigía hacia el abismo, una grieta que se abre en la montaña y a la que, nadie que sepamos, había entrado. Charonte se dio cuenta de esto, detuvo al unilia y parándose en los estribos le arrojó un rayo azul, enorme que como una pared de agua y volteó al mago de la montura. 

El unilia, ya sin su jinete siguió solo unos pocos metros más y se detuvo. El mago que estaba atontado y muy posiblemente herido, yacía desparramado cerca de una roca. Lo alcanzamos en un instante y nos bajamos rápidamente. Fuimos corriendo hacia él, lo revisamos y solo tenía una herida en el hombro, pero estaba bastante shockeado. 

Cuando estaba volviendo en sí y lo íbamos a empezar a interrogar, una explosión de luz nos hizo volar por el aire. Unas bolas de fuego, nos dieron cerca y de repente el mundo estalló. Escuchamos unos gritos raros, el mundo se había vuelto oscuro. El mago gritaba alucinado que íbamos a morir, Charonte estaba inconsciente. Y cuando me levanté me encontré con la brillante y dorada figura de un dragón, que me había visto y se dirigía hacia mi, con un odio, seco, visceral y antiguo.

Vi una luz, escuché los gritos del mago y me desmayé. 

Me fui despertando de a poco. La cabeza me daba vueltas y sentía un calor agradable... ¿un calor agradable? Intenté levantarme, pero un dolor en el fondo de mis ojos me mantuvo en el suelo. Pude tocar una superficie suave, como pasto, pero suave, agradable al tacto. Mis manos se hundían en este esponjoso piso. De a poco la luz se fue enfocando, y pude ver un cielo celeste, sin nubes. Ya podía sentarme. Cuando lo hice me apoyé en una roca blanca que estaba al lado mío, la roca me recibió como si me apoyara en el más mullido de los almohadones. 

Era un cielo celeste sin nubes?porque las nubes estaban en el horizonte y debajo mío. Todo era nubes, blancas, gruesas, oscuras, relampagueantes, lluviosas? 

- Icarus ? dije para mi 
- Icarus ? me contestó una voz de mujer ? Así es, estos es Icarus ? 
Me di vueLta rápido, pero una aguja de dolor en mi nuca, me hizo quedar quieto. Todavía sentía las consecuencias del ataque del dragón dorado. 
- No debes moverte hasta dentro de un rato ? me dijo la voz que era tan dulce, tan calmada que en si misma era una cura al aturdimiento que sentía. 
- ¿Quién eres? ¿Cómo te llamas? ? pregunté tratando de que mi propia voz no me aturda. 
- Soy Lala ? dijo la voz 

- ¿Cómo?- quería darme vuelta, a pesar del dolor. Como podía ser Lala si yo mismo la he visto muerta. Vi cuando las elfas recogieron su cadáver y lo llevaron al cementerio. Vi la horrible herida en su cuerpo. ? ¡Tu estas muerta! ? le dije como si pudiera poner orden en estas cosas de vivos y muertos. 

Se rió, y fue como si todos los pájaros del mundo cantaran a la vez, fueron los sonidos del universo, la fuerza de la vida, el sonido del sol cuando amanece. Extendió su mano hasta mi hombro, y sentí las sensaciones olvidadas. El dolor desapareció y una catarata de recuerdos e imágenes se precipitaron en mi mente. Todos los momentos felices, todas las veces que he amado, todas las veces que me amaron, y cada una de las imágenes de ello. 

- ¿Acaso parezco muerta? ? dijo mirándome a los ojos. No recordaba a Lala tan hermosa. Todas las elfas son hermosas, es su característica. Algunas lo son mas, pero realmente no recuerdo que Lala sea tan, pero tan bella. Es casi una alucinación. 

- Tienes que mirar bien, estás en peligro. Detrás de bronce brilloso, se esconde el hierro. El hierro busca el oro, el hierro está condenado, se disfraza de bronce y usa al adamiantum para conseguirlo. ? 

- No entiendo? ¿Que significa esto?.. ¿Qué oculta tus palabras?- trataba de levantarme, pero todavía estaba aturdido, y tenia la sensación de que no podía pensar con claridad por mas esfuerzo que haga. - ¡Debes decírmelo! ? y traté de sujetar la mano de la elfa. 

En ese momento Lala estaba como a unos veinte o treinta pasos de mi. No recordaba o no había visto cuando se alejaba. Algo raro pasaba. Lala seguía hablando a medida de que se perdía entre las nubes ? Cuídate, cuídate ? repetía y las nubes la empezaban a cubrir hasta que desapareció. Las nubes, antes cálidas se fueron tornando mas frías, el cielo empezó a cambiar y sentí un murmullo que crecía. 

- ¡Es él!- sentí un grito - ¡Ese es el que mató a Charonte!- era la voz del mago que perseguíamos. ¡Mátenlo, mató a Charonte!- era la voz de varias personas. 
De golpe, todo volvió a la realidad. Estaba tirado en la nieve, con un Kris en la mano manchado de sangre. Cuando giré la cabeza, vi el cuerpo de Charonte, con la misma herida que había visto en Lala. Me incorporé torpemente, y busqué al unilia. La voz de la turba liderado por el mago se escuchaba cerca. Encontré a mi montura pastando debajo de un árbol. Como pude me subí y agité las riendas para que empezara a correr. En ese momento el mago, desde arriba de un dinorant apareció detrás de un codo del camino. Estaba encima de mí. Dirigí en desesperada carrera el unilia hacia la grieta, al abismo. Trataba de recopilar todo lo último para poder tener idea mínimamente de lo que sucedía, pero el dolor en la vista, el aturdimiento en mi cerebro, no me dejaban. Como todo ser rastrero, el mago, se envalentonaba creyendo que estaba a punto de tener una victoria fácil. ¡Que equivocado estaba! Cuando su dinorant mas veloz que mi unilia se puso a la par, y ya apuntaba su báculo hacia mi, le arroje una bola de nieve a la cabeza que lo volteó de su silla. Tomé su báculo, lo partí y viendo que la muchedumbre se acercaba me di vuelta y me metí en la grieta. Lo último que escuche desde Davias fueron los gritos de la multitud y los insultos del mago. Dentro de la grieta solo había oscuridad y amenazantes columnas de fuego que brotaban en medio de la nada. Oscuras criaturas brillaban y me miraban con sus malignos ojos rojos. 

Estaba en la Torre Perdida? 

Mis ojos se acostumbraron a la oscuridad en un instante. Después del niveo y resplandeciente paisaje de Davias, el oscuro ambiente de la Torre Perdida era el opuesto. En la única parte iluminada, que era el camino, estaba atravesado por unos monstruos peludos que despedián electricidad y se arrastraban por el piso. Mi unilia los miraba con fiereza, con lo cual me alegré, ya que es una contrariedad si fuera una montura temerosa. Me quedé esperando, detras de ese negro velo que era el paso hacia Davias, que entrara el mago o tal vez la turba buscando ajusticiarme. Aprovecharia el impacto del cambio de luz para atacar al mago, y hacer vacilar a la muchedumbre. Solo escuchaba la turba que se negaba a entrar en la grieta... 

- ¡No somos guardias para arriesgar nuestras vidas! - gritaba alguno 
- ¡Si tú lo quieres, entra tú! - una voz ronca ordenó al mago, que al parecer no estaba muy decidido a continuar. 
- ¡Por supuesto que entraré! - dijo el mago y sentí los pasos del dinorant acercándose a la puerta. 
Cuando pasó la puerta, le di la bienvenida con un caluroso golpe. El mago cayó de su silla y dió contra unas de las columnas que bordean la puerta, antes de que pudiera reaccionar le puse el pie encima de su hombro herido y le pregunté: 
- ¿Quien mató a Charonte? ¿Porque quieren que me lleve la culpa de este crimen? - le dije presionando levemente el pie en su hombro. El mago gritó y empezó a hablar. 

- ¡No sabes nada!¡Eres nadie! - dijo con todo el odio que era capaz - ¡no podrás escaparte! 
- ¿Escaparme de quien?- dije, ahora sorprendido. 
- ¡No te lo dire! - y el mago me lanzó una furibunda mirada. 
No soy hombre de ira fácil, me considero una persona que medita y evalúa lo que dice y lo que hace. Pero este mago, me había sacado de las casillas. Así que le apreté la herida con mi pie y le dije: 

- Asi que no me lo dirás... entonces no me sirves. Adiós. - Y levanté mi arma. 
- ¡Alto! - gimió el mago - ¿Que vas a hacer?- y trató de protegerse con las manos. 
- Matarte, sólo quería que me dés una excusa para hacerlo.- le contesté fríamente - Ya te he dicho... Adiós- y empecé a bajar la maza. 
- ¡Espera! ¡Espera! - dijo apurado el mago. - ¡¡Te daré el nombre del responsable de esto, pero no me mates!! - y me miró esperando mi respuesta. 

-¿Quien es? ¿Donde está? - necesitaba saber eso si quería que esta locura termine. 
- Lo encontrarás en el tercer piso de esta torre, me está esperando para que le diga que ya estás muerto.- y trató de apoyarse en la columna pero mi pie se lo impidió. 

- ¿Cual es su nombre? - 
- Se llama Aicos, es un maestro del alma, su magia es muy poderosa. No tendrás oportunidad frente a él ? y mirándose el hombro agregó ? Se ha enfrentado con muchos mas poderosos que tú y no lo han podido vencer.- sonreía lastimosamente. 

- Pero tú... no lo sabrás ? y bajé la maza. 
Atrás habían quedado dos muertos. Uno por mi mano y otro que averiguaría quien lo mato. No sentía remordimiento de haber librado al continente de un sicario. Me costaba cabalgar sin Charonte a mi lado, me había acostumbrado a su seca presencia y a su particular humor. Mientras avanzaba algunas bestias salían a mi paso, mas estorbando que causando un daño. El unilia bajaba su cabeza y los embestía con su cuerno acorazado y sentía el ruido de sus patas haciendo fuerza contra el piso para hundirlo bien. De a poco se fueron apreciando las construcciones, que era evidente en otros tiempos habían sido muy bellas. Ahora solo eran unos oscuros despojos arrojados al azar y servían de madriguera para toda clase de condenados. De tanto en tanto las decoloradas osamentas de dragones servían de bóveda de este lóbrego pasillo. El camino hizo un giro y desembocamos a unas plazas mas grandes, donde estas raras bestias deambulaban arrastrando su peludo cuerpo por el suelo. 

Cuando avanzaba cautelosamente encontré a un joven guerrero luchando contra varias de estas, con tanta euforia que parecía decidido a terminar con todos los que existían. Cuando terminó con la última, se paró con un pie encima de la cabeza del muerto animal y secándose la frente con la mano, giró su cabeza y me vio llegar. Un rostro joven, sonriente y agitado me miró? 

- ¡Bienvenido a la Torre perdida, mi señor! ? dijo haciendo una reverencia. No había burla en él. Era un tono jovial, alegre. El tono de quien se lleva bien con la vida. Envainó su espada y se dirigió a mí. 

- ¿Qué le trae a este lugar? ? preguntó curioso al tiempo que hacia una caravana. 
- Necesito llegar al tercer piso de la torre ? dije como si necesitara ir ahí sólo por hacer una visita social. - ¿sabes como llego hasta ahí? 
- Sin duda vuestros pies os llevaran, milord. ? y añadió -Pero debo decirte que es un piso peligroso?si quieres puedo acompañarte - finalizó con un juvenil entusiasmo. 
Me acordaba de Charonte y no podría cargar con otra muerte por mi culpa o por ayudarme. Debía seguir solo. 
- Te estoy muy agradecido joven guerrero. Pero debo hacer mi camino solo?por cierto ¿Cómo te llamas?- y me baje del unilia que se sacudió alegre de quitarse mi peso de encima. 




Segunda Parte
El Bar de Lorencia(Una Historia del MU)
1 Puntos Score: 1/10
Visitas: 471 Favoritos: 0
Ver los usuarios que votaron...
2 Comentarios El Bar de Lorencia(Una Historia del MU)
Gracias, pero dificilmente alguien lo leera
Cita rayosx: Mostrar
vale la pena. al menos para los fun del MU
Para dejar un comentario Registrate! o.. eres ya usuario? Accede!