Diez canciones para arruinarte el día




Sirva una anécdota para ilustrar como introducción: casi todos hemos sufrido grandemente por amor en numerosas ocasiones. Entre estas, solo quiero recordar las más lejana pues es la que por el tiempo transcurrido oscila ahí en ese espacio que media entre el dolor y el olvido, que es la máxima cura a la que puede aspirar quien de veras ama como se ha de amar: con la cabeza, con el corazón y con los huevos.

Y ese amor lejano que refiero es el que sentí por una chiquilla que a mí solo me quería para follar. Y la más rápida conclusión parece ?perfecto?. Pues no. Es una gran desgracia, pues los hombres de alma sensible cuando amamos queremos todo, caminar de la mano en pos del ocaso con mariposas rompiendo en nuestro estómago y luego, una vez llegados al ocaso (o a casa) con la amada, eyacular abundantemente en su rostro. Una cosa o la otra, nada más, chungo.

La cosa acabó, como todas las cosas que acaban, mal. Regocijándome en la pena, vagué en busca de un acantilado desde el que observar el mar con gesto como de estar masticando almendras amargas y con el pie apoyado en una roca, rodilla flexionada, en una postura mezcla de poeta romántico y Steve Harris ametrallando con su bajo al público heavy; pero si uno vive en Madrid no dispone de acantilado que echarse a la pose, y me hube de conformar con sentarme en el parque de las siete tetas (Vallecas) a hacer botellón en solitario y ?aquí es donde la tediosa anécdota vierte sentido? escuchar en un walkman una y otra vez las canciones que más me dolían.

Similares momentos de rotura hemos experimentado todos, y en mi experiencia no es la única, ni la más reciente, ni siquiera la peor. Puede uno deprimirse por muchas cosas a nada que eche un vistazo a este valle de lágrimas, pero esencialmente en esta lista de canciones nos concentraremos en los males del amor. Es ese el asunto, en fin, sobre el que todo gira desde el principio de los tiempos, junto con la muerte. O el estado del tiempo si te encuentras en el contexto de una conversación de ascensor, apurando mucho. Ciertas emociones tienden a imponerse por su abundancia. La tristeza ante una ruptura o el pesar de un deseo insatisfecho fluyen de manera similar a unas aguas desbordadas, y en ocasiones la única actitud que podemos asumir frente a tal realidad es la autocompasión, observando con regocijo nuestro dolor. Abriendo una y otra vez los diques a fuerza de identificarlo, por ejemplo, con canciones. Esta escucha inútil, absurda, contraproducente, no busca un remedio, sino que intenta abismarse en el mismo dolor que despierta. Quien así se conduce no pretende curar nada: solo quiere mantener el recuerdo, postrarse ante él, fundirse, si es posible, en un estado de pena insondable. Vivir en definitiva dentro de esas tristes canciones para ? y perdón por el afectado eufemismo? hundirse del todo en la mierda.

Seleccionar una banda sonora para estos entrañables momentos no es tarea fácil. Una lista de canciones es ya de por sí injusta y siempre incompleta, así que las que veremos aquí no son las mejores, ni las más representativas, ni las imprescindibles, ni siquiera las universales. Sin duda algún atento lector podría echar de menos, por ejemplo, Love Will Tear Us Apart, pero tras escuchar esta enorme versión al estilo de El Rey a mí ya solo me causa hilaridad. También se quedará fuera todo el lapso temporal que media, más o menos, entre el año 1968 y el 1976, pues la producción de maravillas de todo tipo que nos regaló el rock con todas sus ramas y raíces en ese tiempo me haría muy difícil elegir. Por otra parte, y con la intención de contentar todas las sensibilidades, intenté incluir algún conjunto músico-vocal de indies modernos con bigote de pelusa, pero tras investigar en ese mundo que tanto agrada al gafapasta tipo me ha sido imposible decidir si estaba escuchando a grupos que hacen música en serio o se trataba de parodias. Si alguien es capaz de mostrar las diferencias entre estas gentes y una broma estoy dispuesto a cambiar de opinión. La lista que sigue, en fin, no pretende sentar ninguna cátedra y se guía por unos criterios personales y subjetivos que el atento lector puede escuchar cómo deposito rotudamente sobre la mesa si agudiza un poco el oído. Las canciones, mejores o peores, que a mí me arruinan el día, vaya.


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Call Me On Your Way Back Home, por Ryan Adams: Ryan Adams llegó a la conclusión de que todo lo que escribe merece ser grabado, y desde esa convicción una tonelada de discos tirando a regular ?por ser amables? le contemplan. A la espera de su muchas veces prometido disco de death metal, artefacto que esperamos entusiasmados, vamos a concentrarnos en su primera (y redonda) obra en solitario. Una colección de canciones depresivas y deprimentes que bien pudiera haberse llamado Heartbroken en lugar de Heartbreaker. Porque es toda una procesión del ?ay pobrecito de mí?, quizá con el punto culmen en este tema. Y en esa armónica del final el título del disco cobra sentido. Devastadora.




Blue Valentines, por Tom Waits: La colección de canciones con las que Waits puede joderte el día si te agarra en un descuido es interminable, pero fijémonos en esta porque su juego narrativo, una vez descubierto, hace que te preguntes cómo pudiste identificarte. ¿Una canción que trata sobre escapar de los recuerdos, del sentimiento de culpa frente a una lejana ruptura, de un intento de compensación? Sí, es posible. Pero también es posible que el narrador sea un sujeto metido en el programa de protección de testigos, que recibe cada día de San Valentín las cartas que le envía la mujer que tuvo que abandonar para seguir vivo. O no.




If It?s The Beaches, por The Avett Brothers: Esta canción forma parte de un EP, que soltaron así como quien no quiere la cosa. Y a pesar de ello es una de la más populares y sin duda la más desgarradora de la pareja de hermanos. La música consigue que una penosa y humillante declaración de estar dispuesto a lo que sea por recuperar al amor perdido no sea ridícula. Recomendamos no escucharla a quien guarde en el buzón de voz algún mensaje muy triste.




Hurt, por Johnny Cash: Seamos claros: lo que en la interpretación de Trent Reznor no era más que un lamentable canto autocompasivo de adolescente emo, en la versión de Cash se transforma en un artefacto que sangra por los cuatro costados. Una verdadera herida. El magnífico vídeo, que resume en las miradas que se dedica con June el amor de toda una vida completa el efecto. Ella murió poco después. Él no fue capaz de sobrevivir mucho tiempo. Y el mundo se divide entre quienes piensan que cualquier cosa es mejor en la versión de Johnny Cash y quienes carecen de criterio.




The Dishwasher?s Dream, por Marah: Marah es ese curioso tipo de grupos que solo se dan en la secta del rock: sus discos pueden parecer flojos y aburridísimos, pero una vez suben al escenario vierten un sudoroso espectáculo que apabulla incluso al que no tiene idea de quiénes son. Esta canción, inexcusable en su setlist siempre que Serge Bielankoesté presente, es la mayor obra de poesía costumbrista norteamericana de los últimos 20 años. Que quizá no sea decir mucho, pero es de valorar que alguien pueda rimar ?rose? con ?nose? con tanto acierto.

Ventana externa

Twenty Miles, por Deer Tick: El amor puede ser bonito, puede ser triste, puede ser psicopático y las más de las veces puede serlo todo a la vez. El empeño que pone el protagonista de esta canción en perseguir a su amada resulta inquietante, pero el efecto que despierta en las tripas el sonido de ese contrabajo rasgado con un arco consigue que uno se ponga, sin fisuras, de parte del pobre obsesionado.




I Remember You, por Steve Earle: Alguno reconocerá a Steve Earle por interpretar al exadicto Walon en la primera temporada de The Wire. Y perdón por la referencia, pero aquí firmamos una cláusula que nos obliga a mentar la serie a la menor oportunidad. Más allá de eso, puede lucir con orgullo una de la más sólidas carreras que podemos disfrutar dentro de country rock o ese que ahora se ha dado en llamar Americana. En esta canción se acompaña de Emmy Lou Harris, quien ya solo por haber sido compañera, ángel y musa de Gram Parsons merecería ver su rostro esculpido en el monte Rushmore ?como poco? para contar la clásica historia: nos amábamos tanto y ya hemos superado que aquello acabara, pero a veces me sorprendo recordándote y qué asco de vida, de verdad, qué asco.




Here?s Looking At You, Kid, por The Gaslight Anthem: La situación es esta: te enamoras de niño, te enamoras de adolescente, te enamoras de adulto. Unas veces la abandonas, otras os abandonáis, las más te abandonan. Un día aparece una criatura mutante colosal con muchos tentáculos y dientes y una dieta estricta a base de carne humana que arrasa tu ciudad y ya da todo igual. No, esto no creo que pase mucho, no manejo todos los datos. Pero sí sucede que echas la vista atrás, a todos esos fracasos, y no duele. Y duele terriblemente que por lo que tanto sentiste ya no duela más.



Still Be Around, por Uncle Tupelo: Fuera de esta lista quedarán muchos tipos de canciones, pero no las del regocijo del dolor alcohólico. Desastroso fue el día en que Jay Farrar y Jeff Tweedy decidieron separarse, pues por su cuenta ninguno ha logrado condensar en una canción esa pena infinita del que está roto y no puede arreglarse bebiendo. La inflexión de la voz de Farrar en la frase ?walkin? the line upside down? le arroja a uno mismo, de hecho, a la bebida y al recuerdo.




When The Wolf Comes, por The Kill Devil Hills: Nos encontramos haciendo country, rock, y música capaz de sustituir la de Morricone en cualquier western a una panda de asutralianos zarrapastrosos que bien pudieran por su aspecto y actitud regentar una gasolinera en Texas para inquietud del turista que pare allí despistado. Glosar las causas de que Australia vierta al mundo década tras década toneladas de música grandiosa se me antoja un trabajo que solo un titánico artículo de Emilio de Gorgot podría acometer, así que abundaré. El caso de Escandinavia precisaría ya un trabajo conjunto de cuatro redactores a ocho manos. Escuchemos simplemente la canción sin preguntarnos los porqués. ¿Habla del mal que mundo nos guarda? Sí. Y de que el amor podría ayudar, pues es más fuerte que los huesos. Pero que los huesos, en definitiva, tampoco soportan gran cosa.


Bonus Track:





Part of Me, por Chris Cornell: Y nada para arruinarte definitivamente el día que esta obra del Averno. Por qué, por qué, le grita uno a quien quiera escuchar. Ya resultó un trauma ver a Cornell ejecutando ridículas posturitas raperas en aquella gran broma llamada Audioslave, pero esto. ESTO. Un engendro techno-disco-latino perpetrado con la ayuda de Justin Timberlake. Sí, Chris Cornell, el tipo que escribió Jesus Christ Pose. Haciendo esto. Jodiéndonos la vida.


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Ricardo J. G.


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Diez canciones para arruinarte el día
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4 Comentarios Diez canciones para arruinarte el día
Debo ser un masoquista o est?
pensaba que ibas a salir con algo de esto

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