Cuento Corto I. Leanlo y dejen su opinion

Hola identos ! bueno quisiera compartirles este cuento corto e invitarlos a que dejen sus comentarios. Se que por ahí tanto texto parece pesado pero en cuando comiencen a leerlo los atrapa.


EL RUISE√ĎOR

En aquel pa√≠s nadie cerraba las puertas de su casa. Uno pod√≠a pasearse solo por los pasajes m√°s rec√≥nditos sin temor a un disgusto, y las parejas de j√≥venes pod√≠an perderse en la noche sabiendo que no iban a tener ning√ļn incidente. Para no cargar con ellas pod√≠an abandonarse a la entrada de los comercios las bolsas de la compra en la seguridad de que nadie las tocar√≠a, y si alguno de los habitantes echaba de menos algo, sab√≠a con certeza que era porque se le hab√≠a perdido y que pronto lo recuperar√≠a.

El respeto por la vida, la apacibilidad y las propiedades de los dem√°s era algo que los m√°s peque√Īos aprend√≠an enseguida, y que a lo largo de sus d√≠as no cuestionaban nunca, ya que las cosas eran as√≠ porque as√≠ eran. Y de esta forma pasaban su vida nuestros queridos seres, con sus l√°grimas y alegr√≠as, con sus rutinas y sorpresas, pero carentes de un problema que en otros lugares si era importante.

Y como el comportamiento en este aspecto de los habitantes de aquel país era verdaderamente sorprendente para los visitantes que provenían de la jungla ciudadana, se llegaron a escribir sabios libros sobre ellos.

Y uno de esos libros llegó a manos del emperador de aquellas tierras. El emperador se sintió halagado porque su país fuera objeto de tal estudio por un sabio tan reputado, lo abrió lleno curiosidad, y empezó su lectura.

"En ese hermoso país reina la seguridad", comenzaba el libro. Y el emperador no leyó más. Cerró el libro con furia y convocó a sus ministros.

- Me he tenido que enterar por un libro - les dijo furioso en cuanto estuvieron en su presencia - que en mi país reina una tal Seguridad sin mi conocimiento ni permiso. Quiero que se me informe inmediatamente de quién es esa reina, cuáles son los territorios que administra y por qué no está incluida entre la lista de reyes vasallos de mi imperio.

Sus ministros corrieron a indagar, puesto que conoc√≠an que sus puestos estaban en peligro. Se consultaron mapas, legajos y viejas actas de sumisi√≥n, se interrog√≥ a embajadores, gobernadores, alcaldes e incluso a peregrinos, pero no hubo ning√ļn resultado.

Y as√≠ a la ma√Īana siguiente los cansados ministros informaron al emperador de que ninguna reina de ese nombre era conocida en todas las tierras del imperio.

- ¬°Lo dice aqu√≠! - grit√≥ el emperador se√Īalando el libro - lo ha escrito un sabio, habla claramente de mis territorios, todo el mundo lo est√° leyendo por ah√≠ fuera, todos los extranjeros parecen saber que esa reina Seguridad domina este imperio, y aqu√≠ no nos enteramos - y rojo de ira concluy√≥ - Yo me pregunto ¬ŅPor qu√© no nos enteramos?, ¬Ņeh?.

- Quizá - dijo apaciguador el primer ministro - se trate sólo de una metáfora del sabio autor del libro.

- ¬ŅQu√© quieres decir con eso? - tron√≥ el emperador.

- Permitidme que os pregunte varias cosas - dijo humildemente el primer ministro - y en vuestras propias respuestas posiblemente encontremos la soluci√≥n. ¬ŅD√≥nde est√° vuestra guardia personal?

- ¬°Qu√© tonter√≠a! - contest√≥ perplejo el emperador - Pues en ning√ļn sitio. Todos sab√©is que no tengo guardia personal. Los guardias est√°n donde tiene que estar: en las fronteras.

- ¬ŅY quien cuida del tesoro del imperio? - continu√≥ con su interrogatorio el primer ministro.

- Pues nadie, puesto que las monedas y joyas no necesitan ni bebida ni comida, ni tienen frío ni calor.

- ¬ŅY no ten√©is miedo a que alguien las robe?

- A nadie se le ocurriría; todos sabemos que eso no se debe hacer.

- ¬ŅCuantos presos hay en las c√°rceles?

- ¬ŅCre√©is que estoy senil? - dijo mosqueado el emperador -, aqu√≠ no hay c√°rceles.

- ¬ŅQue escolta llev√°is cuando sal√≠s del palacio?

- Pues ninguna. En mis territorios reina la seguridad.

Hubo un gran silencio. El emperador se levantó de su trono, miró a sus ministros lentamente y luego, dándose una fuerte palmada en la cabeza exclamó:

- ¡Pero qué bruto soy!. Venga, venga, todo el mundo a su trabajo que voy a continuar con el libro.

Esa historia se extendió por el imperio, y durante unos días fueron conscientes de la seguridad de la que disfrutaban. Luego, simplemente siguieron viviendo.

Al cabo de unos meses nuestro emperador recibió un obsequio de parte de otro emperador de allende de los mares.

Era una caja voluminosa que ven√≠a acompa√Īada de una breve nota. En ella se dec√≠a: "S√© que am√°is la seguridad y aqu√≠ os la env√≠o".

Abrieron la caja y de all√≠ sali√≥ un aut√≥mata mec√°nico del tama√Īo de un hombre. Avanz√≥ unos pasos y se situ√≥ en el medio de la sala.

El emperador imaginaba cual podía ser su funcionamiento, con lo que se dirigió hacia su primer ministro y trató de darle una bofetada, pero apenas iniciado el gesto, el autómata golpeó al emperador y lo tiró al suelo.

El emperador se levantó del suelo sonriendo. Se dirigió a su primer ministro y le dijo:

- Acomp√°√Īame a la sala del tesoro - y luego dirigi√©ndose al aut√≥mata continu√≥ - y t√ļ tambi√©n.

Los dos le siguieron. Al llegar a la monta√Īa de joyas el emperador orden√≥ a su ministro que se guardase alguna en el bolsillo, pero cuando √©ste trataba de obedecer a su superior el aut√≥mata lo cogi√≥ de las orejas y lo zarande√≥ hasta que arroj√≥ la gema al mont√≥n.

- Y ahora - dijo el emperador a su ministro - vete a tu despacho y haz una trampa en las cuentas del imperio. Y tu - se dirigió al autómata - ve con él.

El primer ministro a√ļn sabiendo que se trataba de una especie de prueba para el aut√≥mata sinti√≥ una profunda nausea ante lo que ten√≠a que fingir hacer. Pero super√≥ el momento y comenz√≥ a elaborar una trama de partidas contables en las que se desviaban fondos p√ļblicos hacia su propio uso privado. En el momento en que comenz√≥ a establecer las partidas sinti√≥ un pescoz√≥n en la nuca. El aut√≥mata no le dejaba hacerlo.

El emperador qued√≥ impresionado por el comportamiento del aut√≥mata y pidi√≥ a su colega de allende de los mares que le enviase m√°s. Llegaron unos cuantos y a uno de ellos le situ√≥ permanentemente junto al tesoro, otro lo coloc√≥ en las oficinas de las cuentas del imperio, otro hizo que le acompa√Īara permanentemente y al √ļltimo lo coloc√≥ a las puertas de palacio.

Al ver el comportamiento del emperador todos desearon tener un aut√≥mata que les proporcionara seguridad, y los importaron por millares. Delante de cada casa que se preciase estaba su aut√≥mata para protegerla, los mejores comercios ten√≠an al aut√≥mata para cuidar las bolsas de sus clientes, los enamorados se perd√≠an en la noche protegidos por un aut√≥mata, y en las escuelas y en las familias comenzaron a ense√Īar a los m√°s peque√Īos que hab√≠a ciertas cosas que no pod√≠an hacerse por miedo al castigo de los aut√≥matas.

Los mayores todavía pensaban que lo que no debía hacerse era porque no debía hacerse, pero los más jóvenes se reían de ellos y mantenían que podía hacerse todo mientras que no te castigasen los autómatas. Pero los autómatas eran simples máquinas que de vez en cuando se estropeaban, y cuando una de ellas lo hacía cundía el crimen alrededor. Los expertos en manejar autómatas pudieron evitar su vigilancia y alguno de ellos comenzó a recibir sobornos para que fallasen en el momento adecuado.

Desde la terraza de su palacio el emperador, junto al autómata que le protegía, podía ir localizando en la noche, por el incendio de los pillajes, los puntos en los que iban estropeándose, como cada día, los autómatas. Y mandó llamar al ejército de las fronteras. Los pocos autómatas que todavía no habían sido reprogramados para la corrupción se lanzaron contra los soldados al verles esgrimir armas, y la batalla duró meses. Destruyeron a todos los autómatas, el emperador se rodeó de una guardia leal, protegieron con fieros y fieles soldados el tesoro, y el ejército cayó como una maldición apocalíptica sobre todo el imperio para restablecer el orden.

El emperador agonizaba. Las nuevas c√°rceles estaban abarrotadas, y corr√≠a la sangre de los cientos de ejecutados cotidianamente, en las escuelas y en las familias se comenzaba a contar a los peque√Īos que las cosas que no se pod√≠an hacer no se pod√≠an hacer por respeto a las leyes. Y deber√≠a pasar mucho tiempo hasta que ese respeto a las leyes fuera un valor primordial. Despu√©s, mucho despu√©s, pero mucho despu√©s, quiz√° podr√≠a volverse a contar que las cosas que no pueden hacerse no pueden hacerse porque no pueden hacerse.

El √ļltimo pensamiento del emperador fue hacia aquel d√≠a en que se indign√≥ cuando ley√≥ en un libro que en su pa√≠s reinaba la seguridad.





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fakiu
Cuento Corto I. Leanlo y dejen su opinion
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13 Comentarios Cuento Corto I. Leanlo y dejen su opinion
Por las dudas para evitar algun que otro conflicto, es evidente que no es de mi autoria ahora busco y paso el autor..

@krnh Gracias por el comentario
Te dejo 2 puntos, y como dijo @krnh Ma?
a ver... para ma?
amigo es bueno tu cuento, solo vi unos detallitos, el primero, donde dice: - Yo me pregunto ?
la verdad te felicito amigo muy buen cuento , una pregunta todos .. sera que la seguriadad iso que los hombres o se al humanidad en si cuando se le coloco limites desde los principios supo que eso era malo y que no tenia que lleguar a hacer lo que las leyes o ordenes imponian en si ? , creo que tu cuento aunque corto demuestra que el hombre cuando se le pone limites se pierde en su ego y reveldia.
muchas gracias por tu cuento buenas noches y que descancen todos.
@Caffenio. @nachusss  Manga de giles: el cuento no es de ?
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Cita Caffenio.: Mostrar
ok pero catch_k creo que eso de manga de giles esta de mas loco aca no es tadinga para que vengas a bardear si no te gusta el post te retiras y listo y no bardias a nadie ya que aca nadie falta el respeto a nadie
primero que nada gracias a todos por los comentarios, el autor es como [email protected]_k  David Anisi, es un peque?
@nachusss No lo tomes a mal, es una costumbre cari?
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