Los Astronautas De Tassili

Los Astronautas De Tassili

En el 1938 se descubrieron unas pinturas rupestres muy antiguas y extrañas en la región de Tassili, Argelia, las pinturas tendrían una antiguedad de aproximadamente 9.000 años, y en algunas de ellas se puede apreciar el retrato de un ser con rasgos no muy humanos y que parece llevar un traje muy parecido al de un astronauta moderno. Pero un astronauta hace 9.000 años?, el ser en cuestión era identificado por los antiguos habitantes del lugar como "Jabbaren" (El gran dios marciano).




A continuación un artículo de un prestigioso investigador español, Juan José Benitez (J.J. Benitez), que habla acerca del tema.

Una historia alterada, los grandes olvidados


Viernes, 4 de mayo.
Pésima noche, a pesar del agotamiento.
El hotel es de espanto. Imposible comunicar con Blanca. No sabe si estamos vivos o muertos. Los mosquitos gobiernan. No hay aire acondicionado. El termómetro señala treinta grados a las 3 horas de la madrugada. Termino con la última naranja que me queda. Ducha cada media hora. Para colmo, un equipo de fútbol comparte el pasillo en esta planta. Sueño con algo frío...

Amanece a las 6 horas. Mientras los tuaregs se ocupan de la infraestructura para la inminente ascensión al Tassili N'Ajjer, prevista para mañana, Lago nos conduce a la región de Dider y Tikobaouina.

Quiero examinar algunos grabados en piedra y otras tumbas circulares. Djanet - la puerta del Tassili- es una ciudad típica del desierto: casas de adobe, calles estrechas y sucias y gente curiosa y afable. Mercado al aire libre. Vehículos todoterreno y ardientes dunas abrazando el puñado de casas. Por aquí pasan todas las expediciones que     pretenden visitar la meseta. Aquí están los guías autorizados y los almacenes donde contratar víveres, material y caballerías. Es la población más próxima al Tassili: veinte kilómetros. En lo alto del Ajjer no hay 4x4; sólo burros y camellos. Los desplazamientos -necesariamente- son a pie o en animales.

Presiento que el Tassili es duro; mucho más que el Hoggar. Sin embargo, ardo en deseos de llegar a lo alto e investigar hasta el último rincón. Paciencia.
El viaje hasta Dider -a ciento ochenta kilómetros de Djanet- es un paseo. Carretera asfaltada y viento en calma.






(Djanet, un oasis al pie del Tassili N´Ajjer. Por esta ciudad pasan cuantos desean subir a la meseta.)

A las 11.15 horas dejamos atrás la calzada y nos adentramos en los arenales.
11.40 horas. Primeros grabados en las rocas. Espectaculares. En especial, la llamada «gacela dormida» y los «pies humanos». Contemplamos rinocerontes, jirafas, elefantes, vacas y antílopes. Señal de que el Sahara fue un lugar fértil. Estos grabados pueden tener más de diez mil años. Y junto a los «pies», escritura bereber. Otro de los grabados resulta también intrigante: un hombre (?) con larga cola (idéntico a lo narrado por los dogon, en Mali).
Curiosa coincidencia...
Llama la atención el pulido de los surcos. ¿Cómo lo lograron?
En el almuerzo, Hamed anuncia que no subirá al Tassili. A pesar de su noble planta teme a los «djenoum». Habla en serio.


(Dider: la gacela dormida.)


(Moneda argelina, con la imagen de la gacela de Dider.)


(Surcos impecables trabajados hace más de diez mil años.)


(La oscura pátina revela una gran antigüedad.)

Las nuevas tumbas, en Tikobaouina, son espectaculares. Algunas alcanzan treinta y cincuenta metros de diámetro. Son idénticas a las fotografías del ovni de Barra de Tijuca, en Brasil (1952).

19 horas. Nos sorprende una súbita tormenta de arena. Hamed, frío y sereno, le hace frente. La geografía se difumina. Los caminos desaparecen. Hamed, acosado por la cortina de tierra, se ve obligado a detener el 4x4. Hace semanas, dos tuaregs murieron en este mismo lugar a causa, justamente, de una tormenta. Se bebieron hasta el aceite del coche... Pero Dios es misericordioso -dice el tuareg- y la tormenta pasa. Buen susto.


(Tumba circular en el desierto de Tikobaouina.)

22 horas. Tras la cena me refugio en la habitación y repaso los detalles de la próxima subida al Tassili N'Ajjer. He logrado hablar con Blanca; está preocupada. Le quito hierro al asunto. Me centro en las pinturas rupestres. Ése es mi gran objetivo. Y escribo: la mayor parte de los estudiosos del Tassili cometemos un grave error cuando hacemos referencia al descubrimiento de sus pinturas. Todos consideramos que fue Henri Lhote, el francés, quien las  encontró y las dio a conocer. En realidad fue el militar y explorador Fernand Foureau quien, entre 1892 y 1893, recibió las primeras informaciones sobre las pinturas y los grabados existentes en la gran meseta y sus alrededores. Foureau, que intentaba atravesar la región de Ajjer para alcanzar la zona de Nr, oye de uno de los guías tuareg el relato de una increíble colección de grabados existente en el wadi Djerat, al norte de Djanet. Pero los tuaregs le prohibieron el acceso a dicho cauce seco y Foureau, en 1894, se limitó a dejar constancia: «Me dicen -escribió- que en el Alto Tassili, cerca de Mihero, existen grandes esculturas en roca, muy curiosas, y que no han sido señaladas todavía por ningún europeo.»


(Extraños círculos, grabados a cientos en el desierto. ¿Qué vieron los antiguos habitantes del Sahara?)


(Ovni fotografiado en Brasil, idéntico a la forma de las tumbas saharianas. ¿Casualidad?)


(Europa no supo del Tassili N´Ajjer y de su gran secreto hasta el siglo XX.)

El descubridor En honor a la verdad, fue el capitán Cortier quien descubrió la primera pintura del Tassili N'Ajjer. Corría el año 1909. El hallazgo tuvo lugar en el wadi Assouf Mellen, muy próximo a Illizi, en el norte. Pero la pintura en cuestión - un buey que Cortier confunde con un bisonte- pasó casi desapercibida. En 1914, otro militar, Gardel, alcanzó a ver las de Ezzan. Y en 1927 y 1928, Killian descubrió las estaciones pictóricas de Tin Ekaham, Amayas e In Debigheno A partir de esas fechas, las diferentes misiones militares francesas en el Sahara van reseñando otros hallazgos que, poco a poco, despiertan el interés de la comunidad científica europea. Y es en 1933 cuando se lleva a cabo uno de los más importantes descubrimientos. El coronel Brenans, destacado en Port Polignac, perteneciente al cuerpo de «meharistas» o camelleros, se refugia del calor en un abrigo rocoso y se lleva el susto de su vida: allí, frente a él, aparece la figura de un rinoceronte, perfectamente grabado en la pared. Son los alrededores de la meseta del Fadnoum, en el Djerat. Brenans queda desconcertado. En ambas orillas del wadi, y a lo largo de treinta kilómetros, el coronel va contemplando miles de grabados en piedra. Toda una representación de la fauna  subtropical: jirafas de hasta ocho metros de altura, elefantes, cocodrilos, rinocerontes e hipopótamos. Algo aparentemente incomprensible en un desierto. Brenans dibuja lo que ve y se lo muestra a Maurice Reygasse, conservador del museo de El Bardo. Todos quedan maravillados. Y a partir de esos momentos, una legión de arqueólogos, geógrafos e historiadores se dirigen al Tassili. En 1935, Reygasse visita el wadi Djerat. Lo acompañan el pintor Rigal y un naturalista, interesado por las migraciones de los saltamontes: Henri Lhote. Y ambos quedan igualmente fascinados. Brenans sigue explorando el Tassili y en 1938 conduce a Lhote hasta lo alto de la meseta. Allí le muestra las formidables pinturas de Jabbaren, entre otras. Es el primer encuentro de Lhote con el llamado «gran dios marciano». Y es justamente Brénans quien, en el transcurso de esa década de los años treinta, elabora un voluminoso informe sobre la «Sixtina de la Edad de Piedra». El estudio llega al Museo del Hombre, en París, y los responsables de dicho museo     recomiendan a Brenans que contacte con el eminente especialista en pinturas rupestres: el abate Breuil.


(¿Rinocerontes y vacas en el desierto? La sorpresa de los franceses, descubridores de los grabados, fue total.)




(Matkhendus, en Libia. Animales que nadie identifica.)


(«Gran dios marciano» (Jabbaren))


Pero la segunda guerra mundial paraliza la publicación de las imágenes saharianas contenidas en el trabajo de Brenans. El gran tesoro del Tassili quedará «congelado» hasta 1952. En ese año, Breuil y Lhote presentan un ambicioso proyecto de exploración e investigación en el Congreso de Prehistoria celebrado en Argelia. Y el mundo científico, al fin, toma cartas en el asunto. El abate, demasiado viejo para escalar la meseta del Ajjer, delega en Henri Lhote.

 Pero antes de que el francés emprenda sus famosas expediciones al Tassili, una mujer se adelanta y realiza unas fotografías y unas acuarelas que reproducen decenas de pinturas. Se trata de Yolanda Tschudim, etnóloga suiza que trabaja para el museo de Neuchátel. Corren los años 1950 y 1951. Yolanda explora las regiones de Assakao, Meddak, Tachekelaout, Bendery Mouli, y pinta y fotografía muchas de las célebres pinturas y grabados. Lhote conoce la gran     labor de la suiza, pero la ignora olímpicamente. Así se escribe la historia...

Jebrine, el gran olvidado En 1956 y 1957, financiado por el Museo del Hombre, el Centro Nacional de Investigaciones Científicas de Francia (CNRS), el Instituto de Investigaciones Saharianas (IRS) y con el apoyo del gobernador general de Argelia, Henri Lhote dirige dos expediciones al corazón de la meseta de Ios Ajjer. Su objetivo es claro: sacar copias de las pinturas por el sistema de la aguada.


(Abate Breuil, gran impulsor de la investigación en el Tassili N´Ajjer y protector de H. Lhote. (Cortesía del Museo del Hombre de París.))


(Para alcanzar las diferentes estaciones pictóricas es preciso caminar entre tres y cinco horas diarias. En la imagen inferior, campamento en Sefar.)



En 1956, con la ayuda de pintores y de un fotógrafo, Lhote permanece ocho meses en el Tassili N'Ajjer, calcando cuatrocientos frescos. Al año siguiente, la labor se prolonga durante otros quince meses. En ese desierto, y en esa época, todo un récord de supervivencia...

Las copias son expuestas en primer lugar en Argel (1957) y, posteriormente (principios de 1958), en el Pabellón de Marsan, en París. Se trata de la primera divulgación -a escala internacional- de los frescos de la formidable «capilla Sixtina del Neolitico».


En 1961 vio la luz uno de los libros que hizo célebre a Lhote Hacia los descubrimientos de los frescos del Tassili. Y, una vez más, la gloria se la llevarían Brenans y Lhote, olvidando a los auténticos descubridores de este tesoro: los argelinos. Y entre éstos, uno en especial: Jebrine ag Mohamed, el guía tuareg que llevó de la mano a los exploradores franceses; un hombre injustamente ignorado.


(Jebrine, el auténtico descubridor de los frescos del Tassili N´Ajjer.)


(En mi segundo viaje al Tassili N'Ajjer tendría la fortuna de conocer a Barka Ayoub, nieto o sobrino-nieto (según versiones) de Jebrine, otro tuareg que ha heredado la sabiduría y prudencia del mítico y prestigioso guía. Con él mantuve largas conversaciones y, gracias a él, supe de la importancia de su abuelo. Estas líneas están dedicadas a la memoria de aquel gigante pelirrojo, fallecido en abril de 1981. ¡Ojalá lo hubiera conocido!

Jebrine, nacido en 1890 o 1892, pertenecía a la familia o clan de los Idjeradjeriouène Kel Maddak, tuaregs nómadas que habitaban la gran meseta. Allí vivió toda su vida. Conocía los setecientos kilómetros del Tassili con una exactitud matemática. Sabía de pinturas, fauna, flora y geología. Jebrine fue el guía de las misiones científicas organizadas entre 1949 y 1952 por la Universidad de Argel. Era siempre la primera referencia para militares, científicos, exploradores y turistas. Enfermo de reuma, casi tullido, no perdió jamás el coraje y la prestancia, y resultó vital, sobre todo, en las expediciones de Lhote. Jebrine fue señalando -uno tras otro- todos los frescos     calcados por Lhote. Pero la gloria, como siempre, se la llevaron otros).


(Barka (a la izquierda), guía de J.J. Benítez.)

El gran momento Sábado, 5 de mayo. ¡Aquí no funcionan ni los relojes! Nos despiertan a las 4 de la madrugada (una hora antes de lo establecido). ¡Empezamos bien!
Según los tuaregs, todo está bajo control.
No me fío y reviso el cargamento. Falta la mitad de lo pactado. Era de esperar...  llegamos a la base del Tassili con las primeras luces del alba. ¿Cuál es la palabra exacta? ¿Monumental? ¿Desafiante? Las inmensas rocas se alzan como rascacielos. Son guardianes dormidos, de momento. El amanecer los viste de oro y plata. Y al punto, un sol con prisas pone en marcha a los «gigantes». El Tassili se mueve...


(Base del Tassili N´Ajjer, al amanecer.)

    Escribo nervioso. Todo está dispuesto. Ha llegado el gran momento. ¿Qué me espera en lo alto de la meseta? El objetivo, supongo, se encuentra ahí arriba, a cosa de mil ochocientos metros, en la calcinada región de Jabbaren. Allí me aguarda la primera exploración. El examen, insitu y directo (!), de unas pinturas que han dado la vuelta al mundo y que son conocidas entre los arqueólogos como «los cabezas redondas». Unas enigmáticas figuras de entre nueve y diez mil años. Quizá más...

6.15 horas. Javier Lago da las órdenes. Iniciamos el ascenso. Iván carga una mochila con cuarenta kilos. Me preocupa.

El relativo frescor del amanecer ayuda, pero es pura ilusión. Al cabo de cinco minutos empezamos a sudar. El termómetro sube como un cohete, tan de prisa como ese sol sin piedad. Respiro a fondo. Soy el más viejo, pero no el más débil. ¡Voy a llegar!

Lago establece una breve parada cada diez minutos. Se agradece. El terreno es pura piedra. No hay sendero. Al mirar hacia arriba me desmorono mentalmente. Pueden ser quinientos o seiscientos metros pero, a mí, se me antojan quinientos kilómetros...

¡Ánimo!, me digo. E intento distraer la mente con las grandes preguntas de esta aventura: ¿qué clase de conexión existe entre los «cabezas redondas» y el suceso de Los Villares, en el sur de España? ¿Por qué los «palos y ceros» del anillo de plata me han conducido hasta este lugar?

¿Fueron los «cabezas redondas» (desde ahora los llamaré «CR») tripulantes de Orión? ¿Son los mismos seres que vio Dionisio Ávila en 1996? ¿Astronautas en la Edad de Piedra? Y si fue así, ¿con qué objetivo?

7.35 horas. Nuevo alto en el camino. Es agotador. Aquí también nos comen las moscas. Iván y yo cruzamos frecuentes miradas. «Todo bien», respondemos. Pase lo que pase, jamás olvidaremos esta aventura...

Hay que avanzar con cuidado. Un mal paso y podemos rodar hasta el fondo del barranco. Trato de beber lo menos posible. Iván y Javier tiran con fuerza. En Iván lo entiendo. No fuma. Javier, en cambio, fuma tanto como yo...

Nuevo descanso. El corazón protesta. Debe golpear a ciento cincuenta o ciento sesenta pulsaciones. Javier Lago se reúne conmigo. Iván nos deja atrás. Me invade un extraño sudor frío. No puedo evitarlo y vomito. ¿Un corte de digestión?


(Medio kilómetro de dura ascensión.)

Proseguimos. Los últimos metros... 8.15 horas. Coronamos el desfiladero y se abre ante nosotros la inmensa planicie, el Tassili de Ios Ajjer, ¡ El gran Tassili!
Allí espera Ahmed Zinne, el joven guarda fijado por el Parque Nacional. Un muchacho gentil y preparado.
La brisa va relajándome. Trato de identificar la región de Jabbaren. El guía sonríe y niega con la cabeza: Jabbaren está a una hora de camino.  
Tomo notas. Tiempo total de ascensión: una hora y treinta minutos (hay que añadir tres paradas de diez minutos cada una). No está mal. Han sido 532 metros de subida. ¡Tengo que dejar el maldito tabaco! Sí, pero ¿cuándo?
La meseta es azul y cobriza, según las horas. Es un infierno de piedra, prácticamente estéril y cuarteado por las oscilaciones térmicas. Ahora (8.30 horas), el termómetro está provisionalmente detenido en 37 grados Celsius.
Dibujo lo que veo. El Tassili es un formidable «portaviones» de casi ochocientos kilómetros de longitud por otros cincuenta o sesenta de ancho. Una región como la mitad de Andalucía y repleta de pinturas rupestres; según los expertos, más de cincuenta mil. Debo hacerme a la idea de que sólo podré ver unas pocas, al menos en este primer viaje. Centraré mis esfuerzos en Jabbaren, de momento. Después le tocará el turno -eso espero- a las regiones de     Tamrit y Sefar, también en el Tassili N'Ajjer. La curiosidad me consume...


(Algunas de las principales estaciones pictóricas del Tassili N´Ajjer, en Argelia.)


(La plataforma del N´Ajjer, a 1.800 metros. No es posible describir tanta desolación.)


Los Astronautas De Tassili
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2 Comentarios Los Astronautas De Tassili
Excelente... muy buen post.
Cita avefenix18: Mostrar
Gracias  .
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