Leyendas Urbanas de uruguay.

  • Categoría: Paranormal
  • Publicado hace más de 4 años



LA CAMINANTE ESPECTRAL



Una noche fría y ventosa, cerca del cementerio del Buceo (algunas versiones mencionan otros lugares) un hombre vio mientras conducía en su auto a una muchacha joven y bonita al costado del camino.
La chica hacía dedo, y aunque el hombre no tenía por costumbre levantar gente en la ciudad, parecía tan agradable y desamparada que decidió subirla al auto. Iniciaron una charla amena y descubrieron al instante una sintonía inmediata.
Pasaron buena parte de la noche juntos y al terminar la velada el hombre la llevó a la casa donde la muchacha indicó que vivía. Al día siguiente, el protagonista de nuestra historia descubrió que la joven había olvidado su bufanda en el auto. Se dirigió hacia allí y golpeó la puerta de la casa que la joven había señalado.
Una pareja mayor abrió la puerta, y cuando el hombre intentó explicar el motivo de su visita, preguntando por la chica, el matrimonio reaccionó violentamente. ¿Cómo se atrevía un desconocido a burlarse de la desgracia ajena? ¿Cómo podía hacerles afrontar el dolor de la pérdida?
El hombre, que no entendía nada, intentó explicarse mejor y les mostró como prueba de su historia la bufanda. La pareja quedó helada, resolvió entonces hacerlo entrar a la casa y lo condujo a un cuarto. Allí, sobre una mesa, estaba el retrato de la joven que había levantado la velada anterior, abrigada por la misma bufanda que el hombre aferraba en sus manos. Sus padres le explicaron que la chica estaba muerta desde hace años y yacía enterrada en el cementerio cercano.

EL CONTAGIO SINIESTRO

Un hombre sale a bailar una noche y descubre que en la barra hay una mujer hermosa, que lo mira fijamente. El protagonista de la historia no puede creer su suerte y se lanza a la conquista.
Lo hace con tal éxito que ambos se van juntos del lugar y deciden pasar la noche en un motel. Bastante borrachos y obnubilados por la pasión, tienen sexo en forma repetida, sin protegerse.

A la mañana siguiente, ya tarde, el hombre se despierta exhausto. No hay nadie en la cama y descubre que la mujer del pub se fue, vaya uno a saber hace cuanto. Al dirigirse hacia el baño, nota que su acompañante le dejó un mensaje escrito con lápiz de labios en el espejo: "Bienvenido al club más grande del mundo, el club de los que tienen SIDA".


EL MOTEL INDISCRETO ? historia 1

Una pareja, ya se trate de novios jóvenes o esposos, decide reservar la habitación de un motel para pasar la noche. Todo sucede de acuerdo a lo previsto y la pareja se permite disfrutar de la cantidad de espejos que posee la habitación.

Se retiran luego, pasan varios meses y ambos olvidan el tema. Una noche, deciden alquilar una película para adultos en un sitio especializado, que cuenta con una oferta de videos de ?aficionados?. Su sorpresa es mayúscula cuando al poner el film elegido en el videograbador descubren que los espléndidos actores de esta cinta -digna de una producción triple XXX- son ellos mismos, pescados in fraganti por dos cámaras colocadas en espejos de doble cara, en su incursión hotelera de meses atrás.



UN SUSTO DE MUERTE

Cuenta la historia, ambientada a principios de siglo, que varios paisanos se hallaban tomando unas copas en un bar frente al Cementerio del Cerro. Bien entrada la noche, el alcohol ya había calentado los cuerpos y soltado las lenguas de unos cuantos, que envalentonados por la bebida espirituosa comenzaron a comparar su coraje y bravura. A uno de ellos, un poco más sobrio que los demás, se le ocurre lanzar a viva voz un desafío espeluznante, asegurando que ninguno se atreverá a realizarlo. La prueba consiste en pasar el resto de la noche sentado encima de una de las lápidas de cementerio, dejando como prueba su facón clavado allí.

Uno de los paisanos, más valiente o más borracho que los demás, acepta el desafío y trepa ?ayudado por los demás- las rejas del cementerio. Sus compinches acuerdan ir a esperarlo a la madrugada a las puertas del lugar.

Llega la mañana y el hombre jamás aparece, por lo que los intrigados paisanos entran al cementerio a buscarlo. Lo encuentran muerto sobre una lápida, con el facón clavado sobre la misma junto a una esquina de su poncho. El hombre, al sentarse, había enterrado con su cuchillo sin darse cuenta un trozo de la tela. Cuando se quiso marchar sintió que alguien lo tironeaba de la ropa, y creyendo que un espectro reclamaba su cuerpo cayó al suelo fulminado por un ataque cardíaco, sin percatarse de que se trataba simplemente de su poncho enganchado por el cuchillo.
(gracias a Nury, Juan José, Daniela, Marcelo y Carlos)


LOS FANTASMAS DE MAROÑAS
La historia se desarrolla muchos años atrás en la zona de Maroñas, cuando aún no se soñaba con reformar el lugar y el siglo abandonaba impertérrito sus primeras décadas.

Cuatro amigos vuelven a pie de un cumpleaños, muy tarde en una noche fría, cuando se topan con la parte posterior del complejo de Maroñas. Cansados, deciden acortar camino saltando el muro y atravesando las instalaciones del hipódromo.

Al avanzar en el camino, la noche comenzó a cerrarse lentamente sobre ellos. Aunque la luna brillaba, las sombras de las añejas instalaciones se alargaban y creaban conos de sombra y figuras fantasmales, entremezclándose con una niebla espesa que hacía difícil cualquier tipo de orientación.

Detrás de esa inmensa nada generada por las sombras y la niebla, oyen un ruido amortiguado y lejano. Intermitentemente, el sonido crecía de intensidad, asemejando unos cascos de caballos. Después de cada silencio súbito, reaparecía lo que ahora era un inequívoco galope, cada vez más fuerte.

Los cuatro amigos, asustados, advirtieron en voz alta al presunto jinete, pero cada vez que alzaban la voz el ruido callaba y surgía en otro lado. De improviso, un espantoso relinchar les heló la sangre, proveniente de un lugar indeterminado y cercano entre los jirones de niebla. El susto fue tan grande que treparon el muro más cercano con la facilidad de medallistas olímpicos, huyendo del hipódromo.

En la calma de sus hogares, dos de los amigos, avergonzados por su pánico irracional y atribuyéndolo a la borrachera de la fiesta, deciden investigar a fondo lo sucedido. Tres noches más tarde juntan el valor para volver a cruzar el muro a la misma hora y comprobar con sus sentidos lo que realmente sucede allí.

Al principio, la calma que reina en Maroñas en aquella noche invernal y neblinosa parece darles la razón, pero un tiempo después vuelve a surgir aquel sordo golpeteo de las herraduras. Esta vez, sin embargo, el ruido creció en violencia e intensidad a un ritmo casi demoníaco. Los cascos de caballos se multiplicaban por todas partes y relinchos salvajes lastimaban los oídos, tan cerca que uno creía posible tocar los caballos y sentir el viento provocado por sus cuerpos. Enloquecidos de miedo, los dos compañeros no atinan a otra cosa que correr desesperadamente sin rumbo alguno, perdiéndose en su camino.

En el colmo de su horror, ciegos por el terror y la noche hermética se topan en el camino con una figura enjuta, que resulta ser el anciano vigilante del lugar. Amablemente, el sereno los tranquiliza y les pregunta qué sucede. Al escuchar la historia poca es la sorpresa del viejo, quien confiesa que ha escuchado los sonidos de los animales innumerables veces a lo largo de los años. Ante su estupor, el anciano narra que se trata de las almas de los caballos que eran gravemente lesionados en las carreras y posteriormente sacrificados por los peones, que los ahogaban en una piscina que ya no existe.

En la noches oscuras, las almas de los equinos reiniciaban la interminable carrera en la que sus cuerpos habían hallado finalmente la muerte.
(gracias a Pólux)


Versión 1

Una tarde de otoño, hace muchos años, una joven mujer decide salir a pasear por el Parque Rivera. A pesar de un viento frío y cortante que hacía gemir a los árboles y sumía al parque en la más absoluta soledad, la chica decide salir y llevar consigo a su bebé, que había tenido en condición de soltera.

Estando en vísperas de su boda la joven se aventura en el parque, por entonces más agreste que ahora y mostrando los resultados de recientes lluvias. Se la ve bordear el lago junto a su niño, mientras el viento arrecia con fuerza, desapareciendo de la vista. La futura novia, sin embargo, no regresará por ese sendero.

Al día siguiente encuentran su cuerpo inerte en el lago del parque, sin rastros del paradero del pequeño. Cuenta la historia que desde entonces, en las noches brumosas y tristes del otoño, puede verse a una joven vestida de novia en los alrededores del lago. Camina sola y llora desconsoladamente, mientras clama por un bebé que perdió hace mucho tiempo.
(Gracias a Sofía, que narra que una amiga le aseguraba que su padre había visto a la ?llorona?)

Versión 2

Hace mucho tiempo, en los inicios del mismo Parque Rivera, vivía una pareja en una casa contigua al lugar. Un miércoles 9, mientras marido y mujer se hallaban fuera, unos ladrones irrumpen en la casa. El esposo llega antes que terminen su faena y los sorprende in fraganti: desesperados, los delincuentes le quitan la vida con un cuchillo. Cuando intentan esconder el cuerpo sienten los ruidos provocados por su mujer, que vestida de blanco llega a la casa.

Se esconden detrás de una puerta y observan cómo la joven, aterrada, descubre el cuerpo de su marido. Mientras la mujer llora desconsoladamente sobre él, los ladrones, decididos a todo, llegan por detrás y la ajustician de igual manera. Para ocultar las huellas los delincuentes arrojan los dos cuerpos en la laguna del parque.

Desde entonces, los vecinos de la zona comentan que todos los 9 de cada mes se oyen extraños llantos y quejidos que provienen de la laguna, en el lugar donde los cuerpos de los infortunados amantes fueron arrojados.
(Gracias a Juan)
 


FANTASMAS CASEROS

Las historias situadas en casas viejas y misteriosas o en edificios antiguos, son comunes en todas partes del mundo. Muchas de ellas, con ocupantes extraños que espantan a los inquilinos, obedecen al formato de leyendas urbanas porque son transmitidas oralmente en forma similar en distintas partes del mundo, hundiendo quizá sus raíces en la tradición de la novela gótica del siglo XVIII. Asimismo, generalmente obedecen a una estructura de ?liberación? o ?prenda cumplida? muy común en los mitos de apariciones y en innumerables cuentos y películas que se nutren del folklore urbano.

Ofrecemos un recuento corto con algunos ejemplos locales. Historias más largas y detalladas llegarán en sucesivas ediciones y en nuestro especial de octubre, mes de Halloween, dedicado a fantasmas.


Casas embrujadas de uruguay:







El palacio Salvo


Se ubica en la esquina de la Avenida 18 de Julio y Plaza Independencia, en Montevideo. Está emplazado en donde una vez se levantó la Confitería La Giralda, lugar donde Gerardo Matos Rodríguez presentó el tango uruguayo más famoso y difundido del mundo, La Cumparsita.

Fue edificado al impulso de los hermanos empresarios Ángel, José y Lorenzo Salvo; diseñado por el arquitecto italiano Mario Palanti e inaugurado el 12 de octubre de 1928. Con sus 95 metros y 27 pisos, fue la torre más alta de Sudamérica de 1928 hasta 1935 cuando fue desplazado del primer puesto sudamericano por el Kavanagh de Buenos Aires. Actualmente es el segundo edificio más alto de la ciudad de Montevideo, superado tan solo por la nueva Torre de las Telecomunicaciones de la empresa estatal Antel.

Si bien todos los uruguayos no pueden coincidir en que existan fantasmas en el Salvo, sí se podrían poner de acuerdo en que la estructura representa "la fealdad entrañable de la ciudad". Una opinión parecida tuvo el arquitecto francés Charles Édouard Jeanneret-Gris, conocido como Le Corbusier, cuando al visitar Montevideo en 1929 sugirió demoler el edificio con un cañón.

Dos años demoraron en levantar los 27 pisos, realizar los dos sótanos y construir los 370 apartamentos. En ese entonces, con sus 95 metros de altura, fue el edificio más alto de América Latina. Algunos historiadores, a la hora de explicar los símbolos que se desprenden de cada recoveco de la estructura, manifiestan que los Salvo eran masones.

Ángel no llegó a ver la obra terminada, falleció antes. En tanto, José Salvo murió cinco años después de su inauguración en 1928, asesinado por un sicario contratado por su yerno Ricardo Bonapelch, íntimo amigo de Carlos Gardel. El chofer Artigas Guichón fue el encargado de atropellarlo en Agraciada y Lucas Obes el 29 de abril de 1933, cuando iba rumbo al cine Paso Molino. Los vecinos creen que él es el fantasma.

Todos los vecinos que aseguran haber visto a Don Pedro, el espectro del Palacio Salvo, coinciden en la descripción de su apariencia: es alto, elegante y siempre lleva un paraguas. También concuerdan en que es un fantasma bueno, y no le tienen miedo. Un hombre sostiene que lo salvó de las garras de un ladrón y una niña dice que la ayudó cuando caía de las escaleras.

Vecinos testimonian que lo vieron en las escaleras y en el piso siete. Las puertas suelen abrirse solas. Los inquilinos sostienen que el edificio -y su fantasma-, trae suerte.

Una de las más populares historias sobre el espectro del Palacio Salvo data de 1999. Ismael Rodríguez llegó al edificio a las once de la noche y subió en ascensor a su apartamento del piso siete. El largo pasillo estaba, como siempre, inmerso en la más tenebrosa de las oscuridades. Apenas introdujo la llave en la cerradura algo lo paralizó, sintió el filo de una navaja rozándole la garganta y el susurro del hombre que lo instó a abrir rápido la puerta. El delincuente no improvisaba, sabía lo que quería. "Sé que cada martes viene un hombre con un portafolio lleno de plata", le dijo.

Era cierto. Ismael esperaba semana tras semana a un socio suyo que llegaba, desde el departamento de Canelones, para dejarle una importante suma de dinero. Intentó explicarle, sin faltar a la verdad, que ese día la persona no iría. El ladrón no le creyó y se sentó a esperar que llegara su botín. El silencio y la tensión hacían de cada segundo una eternidad. Pasaron 45 minutos hasta que, por sorpresa, la puerta se abrió. Ambos adjudicaron el hecho a una corriente de aire, pero luego vieron en el pasillo a un hombre alto, elegante, vestido de negro que, pese al buen tiempo, sostenía un largo paraguas, y caminaba de un lado hacia el otro. "¿Quién es él?", preguntó preocupado el delincuente. Ismael le dijo lo único que sabía, lo que comentaban todos sus vecinos: "dicen que es un fantasma". El ladrón entendió de inmediato que una navaja era poca arma como para enfrentarse a las fuerzas del más allá y huyó despavorido.

Todos los relatos coinciden en una cosa: el fantasma del Palacio Salvo es bueno. Algunas historias, como la de Ismael, vienen de boca de sus protagonistas que, aunque con reticencia, se atreven a contarlas; otras se convirtieron en leyendas urbanas a las que el tiempo borró los nombres de sus personajes principales. La apariencia del espectro es la misma en todos los testimonios; aunque algunos le atribuyen un sombrero tipo bombín, como el de Chaplin, y otros no. También concuerdan en cómo se llama: Don Pedro.

¿Mitos?
Los porteros del Salvo sostienen que en varias oportunidades el ascensor va hasta el piso siete y baja vacío. "Es algo que pasa desde hace años y no entendemos porqué. Incluso sucedía antes que pusieran los ascensores nuevos", cuenta Héctor Guerrero, que trabaja en el turno matutino. Pablo Barboza, que hace el horario de la noche, asegura que una vez vio como las puertas del hall se abrían y cerraban solas. Ambos garantizan que no sienten miedo.

Cinco años atrás una inquilina vio a un elegante caballero mientras subía por una de las escaleras del Salvo. Al no reconocerlo se preocupó y luego de pasar a su lado giró la cabeza para observarlo: éste había desaparecido. "No pudo bajar tan rápido", asegura. Otra vez, allí mismo, una niña se tropezó y rodó por algunos escalones hasta caer, alguien la ayudó a levantarse y logró calmarla del susto; cuando la pequeña dijo cómo era quién la había socorrido la descripción coincidía con la del llamado Don Pedro.

Y hay más
Hace pocos meses un hombre que no quiso ser identificado hizo una investigación sobre la historia del Palacio y sacó cientos de fotos del edificio. En una de ellas aparece la silueta difuminada de una persona, con la apariencia de un dandy de los años treinta, parada en uno de los rincones del hall. Los avances de la tecnología pueden hacer dudar si la imagen es real, pero de todos modos lo que sucede con ella es curioso. El administrador del edificio, Jorge Gil, asegura que la fotografía se borró tres veces de su computadora "sin que apretase nada". Ismael, en tanto, aclara que quien aparece en la foto no es el fantasma que él conoce.

El psicólogo social Néstor Ganduglia, autor de los libros: Historias del Montevideo mágico e Historias mágicas del Uruguay interior, cuenta algunas de estas anécdotas sobre el fantasma del Palacio Salvo con la certeza que son veraces. "Existen muchas coincidencias, sobre todo en la descripción de Don Pedro. De todos modos no da para preocuparse, él sigue los lineamientos de los fantasmas montevideanos, que no son como los de las películas de Hollywood, en las que están siempre furiosos y vienen del otro lado solo para hacer desastres. Las apariciones uruguayas son como la gente de acá, tipos tiernos", relata.

¿Quién es el espectro? "Muchos de los que cuentan historias misteriosas sobre el Palacio relacionan al espectro con Don José Salvo, que puso buena parte de los esfuerzos de su vida en levantar el edificio", señala Ganduglia.

Agradezca antes de irse
Ismael no vive más en el edificio, sin embargo es propietario de varios de los apartamentos que hay en él. "Los uso para alquilar y siempre los tengo todos ocupados. Los que se van vuelven, pues es aquí que vivieron los mejores momentos de sus vidas. El Salvo trae suerte", asegura.

Los vecinos no se cansan de contar historias sobre pésimos estudiantes que mejoran sus calificaciones, empresarios menores que logran cosechar grandes negocios y mujeres que conocen a flamantes "príncipes azules". Todo eso entre las paredes del envejecido monumento nacional. Pero esa ventura puede convertirse en un arma de doble filo. Una vieja leyenda dice que quienes se van del edificio deben agradecer y saludar ante sus puertas, y los que no lo hacen pueden sufrir terribles consecuencias.

Ganduglia sabe infinitas historias sobre este supuesto castigo para los inquilinos ingratos. En una de ellas habla de un señor que montó una empresa de importaciones y exportaciones. Se trataba de un emprendimiento humilde pero que, superando todas las expectativas, prosperó con rapidez. Al poco tiempo este hombre ya era un importante empresario y estaba en condiciones de tomar más empleados y ampliar sus instalaciones. Cuando se mudó olvidó saludar ante las puertas del Palacio. Se fundió en pocas semanas.

Otra aparición
Aunque impresionaba su gigantesca estatura y su blanca palidez, lo que más impactó a Ismael de esta mujer fantasma fueron sus enormes y redondos ojos violetas. "La vi con Don Pedro algunas veces, también en el piso siete. Pero casi siempre el hombre del paraguas estaba solo", asegura.

Él vivió más de 20 años en el edificio y sostiene que incluso mantuvo diálogos con esta aparición femenina. "Mi hermana tenía un tumor en el cerebro y sufría unos fuertes dolores de cabeza. Un día, mientras la estaba cuidando, vi una sombra en otra habitación, me acerqué y era esta persona de los ojos violetas. Me dijo que para calmarle el dolor yo le tenía que tomar las sienes con las manos. Lo empecé a hacer y cuando la agarraba, aunque parezca increíble, ella dejaba de sufrir. Me dijo también que le quedaba un año de vida, cuando los médicos le habían dado pocas semanas", recuerda Ismael. Su hermana murió 12 meses después.

Antiguas profecías
Las palabras fluyen de su boca mientras observa un punto fijo en la nada. El psicólogo social Néstor Ganduglia cuenta cada historia como si la estuviera viendo: "Existe una antiquísima profecía que vaticina una gran catástrofe, según ésta el Norte sucumbirá bajo el fuego y el Sur bajo las aguas. Francisco Piria, amigo de los Salvo, creyó reconocer uno de los lugares que las profecías dicen que se van a salvar. Marcó este sitio con un triángulo, cuyos tres vértices son: un obelisco en Rivera, el Castillo Piria y la fuente que está en la Plaza Matriz".

Por otro lado, los Salvo indicaron el lugar hasta dónde llegaría el agua. Está en el propio casco del Palacio. "Por el momento son leyendas, pero al ver lo que pasa con el clima toman cada vez más sentido", agrega Ganduglia.

Don Pedro en el Solís
Ismael Rodríguez es el testigo que más veces dijo ver al fantasma del Palacio Salvo. "Incluso me lo encontré algunas veces afuera del edificio", asegura.

"Un día veníamos de Neptunia con un grupo de amigos en un auto y en confianza decidí contarles a ellos sobre el fantasma. Cuando se los dije se empezaron a reír, pero todos se callaron cuando miramos para la parte de atrás y nos dimos cuentas que venía con nosotros. `Ese es`, les dije. Se quedaron todos duros. Cuando alguien me dice que no existe, el tipo aparece", cuenta.

Aunque ya hace varios años que no vive en el Palacio, Ismael dice que se encontró con el fantasma también en el Teatro Solís y que a veces lo ve por 18 de Julio. "Recuerdo una vez que una sobrina me estaba tratando de loco y el hombre del paraguas apareció", señala.




el Liceo IPOLL
El IPOLL, es decir, el Instituto Politécnico Osimani & Llerena, es el liceo más antiguo de la ciudad de Salto (Uruguay), de paredes robustas, con una acogedora biblioteca perdida en su decorado en los finales del siglo XIX, y un frío y solitario observatorio astronómico.


Desde su fachada pueden divisarse claramente dos secciones: el ala izquierda de gruesas paredes azules y blancas y el ala derecha, que al igual que el centro posee grandes ventanales de vidrios verdosos y celestes. El edificio consta de tres pisos (más el observatorio ya mencionado que se halla sobre la terraza del tercero). Por encontrarse en un profundo desnivel con respecto a la vereda, la entrada principal se halla en el segundo piso, y conduce a un gran hall donde es posible acceder al salón de actos, bedelía, sala de profesores, escalera hacia la biblioteca o bajar unos escalones hacia la cantina. Toda la sección izquierda es el área administrativa y a la derecha están todos los salones de clases. En el primer piso, se hallan los laboratorios de física, química y biología, junto a más aulas, construidas con gradas al estilo anfiteatro. Y es justamente en uno de los laboratorios donde sucedió lo que se relata de boca en boca, en la ciudad,...


Cuentan que a mediados de los ochenta hubo una serie de supuestos robos o, más bien, travesuras de algunos jovencitos que durante la noche, entraban al liceo. Prueba de ello era la serie de tubos de ensayo y diverso material de laboratorio destrozado, que solía hallarse esparcido por el piso de los laboratorios.


Para mitigar esto, se dispuso una guardia policial. La misma consistía en tres policías que patrullaban los alrededores del edificio. Al poco tiempo ?se suponía-, dejaron de merodear el lugar y cesaron los destrozos. Con el tiempo, se pensó que era exagerado disponer de tres oficiales para una tarea tan obsoleta. Se dispuso que fuesen solo uno el encargado de dicha tarea, con la intención de que con el tiempo el incidente se olvidase y ya no fuera necesario montar guardia toda la noche. Cumplía con sus habituales rondas alrededor del liceo, en solitario todas las noches, pero al comenzar el invierno, pidió hacer las mismas desde dentro del edificio. El pedido le fue concedido.


Un día, uno de ellos escuchó ruidos que provenían del primer piso, mientras él se hallaba en el segundo. Bajó hacia el lugar y conforme se acerca al pasillo de los laboratorios, los ruidos se escuchan con más fuerza. Al llegar al de biología, se halla con la puerta abierta. Pregunta en voz alta y autoritaria quién se encuentra allí, sin recibir respuesta. Entró con sigilo desenfundando el arma; apenas cruzó el umbral, escuchó el violento cerrar de la puerta a sus espaldas y atónito vio como comienzan a volar tubos de ensayo, vasos, mecheros, carteles y todo lo que pudiese ser lanzado. Se agachó y buscó refugio bajo una de las mesas. Una vez allí, con los ojos cerrados soportó el ruido ensordecedor hasta que todo cesó. En ese momento, se levantó, corrió hacia la puerta, la abrió y huyó del lugar al tiempo que llamaba a la policía. Esperó en la entrada la respuesta a su llamado. Un patrullero que llegó al lugar encontró al oficial aterrado en un ataque de nervios, por lo que llamaron a otro patrullero para que lo llevaran al hospital.


A la llegada del segundo patrullero uno de los oficiales se decide bajar para constatar lo sucedido. A sabiendas de lo relatado por su compañero, lo hizo con temor; vio la puerta del laboratorio abierta, el destrozo y también algo más,? ?algo?, que lo hizo huir raudamente del lugar y no desear regresar por nada del mundo. Subió y le comentó esto a su compañero de patrulla, quien le creyó. Ambos se negaron a obedecer la orden que venía de la jefatura: bajar y montar guardia en la puerta del laboratorio. Ante la negativa de los mismos, en la jefatura, alguien de cargo más alto sospechó que sucedía algo extraño y decide ir personalmente a poner coto al asunto. Así es que un tercer patrullero parte hacia el viejo edificio.


Cuando el sargento llega al IPOLL, le comentan que uno de los oficiales decidió bajar a ver qué sucedía, con intención de demostrar que no tenía miedo. El sargento se apresuró entonces para alcanzar a su subordinado, pero al pisar el primer piso, ¡vio venir corriendo a su encuentro al oficial valiente, que viene disparando su arma y huyendo de una sombra oscura! El sargento desenfundó su arma y también abrió fuego sobre aquella cosa, que ocupaba todo el amplio pasillo principal. Ambos trepan las escaleras y llegan desesperados a la entrada del liceo, temblorosos, agitados y blandiendo sus armas hacia el interior del edificio. A pesar de todo, nada más ocurrió.


Desde entonces la policía ha negado oficialmente todo lo sucedido, pero lo cierto es que hasta hoy no acceden a poner oficiales para vigilar siquiera el perímetro del liceo. Se cuenta que los funcionarios de limpieza no se atreven a bajar tarde en la noche por aquellos lares. Que a todos los profesores de ciencias se les exige que una vez culminada la clase, guarden todo lo utilizado en los respectivos cajones y armarios con llave y que no dejen absolutamente nada sobre las mesadas, ni siquiera un rígido mechero Bunsen. Se dice que a partir de este incidente, existe la orden de dejar todas las luces de todos los salones, pasillos y escaleras encendidas durante toda la noche, principalmente la del primer piso. Esta historia, que es bastante fiel a la memoria colectiva, tiene detalles que varían. Por ejemplo, en algunas versiones todo le sucede a un solo oficial y al lugar llega únicamente un patrullero. En otras, se dice que la historia es relatada en primera persona por un interno de la sala de psiquiatría del Hospital Regional Salto, y que, al indagar sobre dicho paciente, confirman que, efectivamente, es un ex-policía.


Parte de la historia del liceo está también vinculada con la acalorada polémica existente, acerca del sitio exacto en el que se encontraba el antiguo cementerio de la ciudad, supuesto origen de los fenómenos del liceo; se piensa que fue construido sobre el cementerio, pero también se dice lo mismo acerca del local de la Regional Norte de la Universidad de la República, los de la Plaza Artigas o los descampados aledaños al Liceo del Salto Nuevo. No obstante, las versiones más persistentes afirman que dicho cementerio se encontraba en los terrenos sobre los que fue edificado el Instituto Politécnico Osimani y Llerena, y en el que funciona, desde hace ya varios años, el Liceo Nº 1 I.P.O.LL. Esta es la razón, según se dice, por la cual una vez que comienzan a esfumarse en el horizonte los últimos rayos del sol, este lugar es el escenario de un gran número de eventos misteriosos y paranormales.


De hecho, el repertorio de estos sucesos es amplio y variado, aumentando con el correr del tiempo: se habla de bancos y pupitres que se mueven solos; de pizarrones que amanecen con bizarros dibujos y leyendas en idiomas extrañas; de papeleras misteriosamente desparramadas por manos anónimas en un sitio recién higienizado; de teléfonos que suenan persistentemente en salones que carecen de tal aparato; de puertas cerradas por dentro con postigo que, al abrirse, dan paso a habitaciones vacías; de inexplicables roturas de vidrios y hasta de insólitas desapariciones de expedientes, exámenes y documentos oficiales. Algunas veces, también pueden adivinarse sombras de ahorcados, proyectadas por los corredores, y figuras humanas deambulando que luego se desvanecen, atravesando paredes y muros, como por arte de magia. Naturalmente, entre los testigos más frecuentes de tales prodigios figuran tanto los alumnos, como los profesores, las autoridades y el personal del servicio de limpieza del liceo,...

Más testimonios,?

Un policía anónimo, ha declarado que se manifiestan allí visiones de todos los colores imaginables: cuando no es una canilla que se abre sola en el baño, es una cisterna accionada por el aire; cuando no es una cisterna, se presentan increíbles ventoleras de frío, aún cuando sea en pleno verano y en los alrededores los árboles estén quietos y adormecidos por el agobiante calor; cuando no es una corriente de aire, es una neblina cerrada de color blanco que invade la atmósfera; cuando no es una neblina, se perciben luces y fogonazos en los corredores; y cuando no es ni éste ni ninguno de tales prodigios, en ocasiones puede detectarse un fortísimo olor a azufre emanando de los lugares más insólitos: el laboratorio, el salón de actos, la sala de profesores, el galponcito de gimnasia, la biblioteca. También se ven -aseguró-, rostros inhumanos insinuándose en el fondo de los espejos,...


Verónica y Mónica, dos estudiantes del turno nocturno del liceo, afirmaron que una vez, al salir a la medianoche, sintieron ruidos de cadenas y estallidos en el laboratorio (el lugar del instituto que más leyendas acumula). Al acercarse a mirar, descubrieron que los muebles en donde se guardan los instrumentos estaban abiertos, y una ventana aparecía abierta a pesar de haber sido cerrada por las propias estudiantes minutos antes. A la semana siguiente, las jóvenes volvieron a escuchar los ruidos de cadenas y al acercarse vieron una sombra. Las estudiantes no volvieron más al liceo y aseguran que jamás olvidarán lo sucedido allí.


Una ex funcionaria del IPOLL, que pidió que su identidad no fuera revelada, trabajó allí en el '85. Recuerda los comentarios en torno a los supuestos espíritus y comenta un caso que le impactó: por aquella época quedó un funcionario de sereno, que debió quedarse todo enero mientras el liceo estaba cerrado. Cuando los profesores se reintegraron en febrero, el funcionario comentó los horrores que había pasado: gritos en la noche, lamentos, cosas extrañas. Ese compañero se suicidó a los pocos días de comenzar su licencia, y los restantes profesores recuerdan con pena no haber dado más importancia a sus relatos o contenerlo.


Otra de las tantas historias que nos llegaron proviene de un ex estudiante, que pide especialmente que no se mencione su nombre."Respecto al liceo he escuchado esa historia y también alguna más reciente", nos cuenta. "En los laboratorios de química, hace algunos años, un profesor salió espantado luego que al intentar echar un líquido en un tubo de ensayo, el chorro se dividiera en dos y cayera en los costados, sin que entrara una gota en el tubo". "Cuando yo iba al liceo" ?continúa-, "se hablaba de un fantasma con nombre y apellido. Yo me he quedado en algunas ocasiones de noche en la Universidad -atrás del liceo- y también se oyen pasos y ruidos extraños durante la noche?,...





Leyendas Urbanas de uruguay.
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4 Comentarios Leyendas Urbanas de uruguay.
Buen post. Hay algunas de estas leyendas, que no lo son tanto, como la del palacio salvo
Se agradece arrba Uruguay a fav ahoea toy cansado otro dia las leere
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